|
|
 |
 |
 |
 |
 |
|
|
| |
Las cicatrices estaban en su cuerpo
y en su cabeza. Cada pequeño dolor lo hacía
correr a la clínica para someterse a exámenes.
Cada malestar lo levantaba de su silla donde tomaba margaritas
o lo obligaba a dejar algún campo de golf donde pasaba
la mayor parte del tiempo.
Con 26 años, Armstrong no lograba acercarse a la bicicleta.
Ni siquiera pensar en volver a la alta competencia. Pero un
día la tomó, salió a dar un paseo y no
pudo con la velocidad de un joven y su madre que pedaleaban
por un camino estrecho.
A las semanas, ya con la confirmación que el cáncer
era cosa del pasado, le pidió a su entrenador personal
Chris Carmichael que ahora lo “rehabilitara” físicamente.
Ahí empezó la otra historia. |
|
| |
 |
|
|