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Este hecho no hace sino reafirmar al
americano en su carácter ganador y poco compasivo,
tan diferente del de Miguel Induráin. Sólo desde
esa fuerza mental se pueden entender los durísimos
entrenamientos a los que se somete Armstrong. No hay nadie
en el pelotón internacional que entrene con la intensidad
que lo hace él. Valga el ejemplo de la cronoescalada
a La Chamrousse, en el Tour de 2001. Una ascensión
inédita en el Tour de Francia, larga y dura. A los
corredores les gusta reconocer las etapas antes de hacerlas
en carrera. A veces, las menos, entrenando; a veces, en coche.
Lance Armstrong subió hasta cuatro veces esa carretera
entrenando. Obviamente, al final ganó.
En 2003 el Tour duró 24 días, 198 ciclistas
iniciaron el recorrido de 20 etapas, para completar 3.427
kilómetros a lo largo y ancho de Francia, pasando por
los Alpes y los Pirineos. Este triunfo fue definitivamente
el más difícil, fue el que terminó con
una ventaja más pequeña sobre el segundo lugar,
se cayó en dos ocasiones, estuvo a punto de chocar
en otra teniéndose que salir del camino y mantenerse
sobre su bicicleta, sufrió deshidratación, varios
ciclistas lo estuvieron atacando constantemente en cada etapa
intentando tronarlo, ganó una etapa en plena montaña
(Luz-Ardiden), en donde al ir subiendo un niño intentó
entregarle una bolsa con alimentos y ésta se enganchó
a su manubrio y ocasionó que cayera al piso duramente.
El pelotón líder lo esperó, igual que
en 2001 él esperó a su rival Ullrich, cuando
el alemán había sufrido una caída. |
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