| Hay atletas que desde sus inicios muestran
que son excepcionales, nada comunes. Lance Armstrong fue uno
de ellos cuando pasó al ciclismo profesional en 1992.
A pesar de ello, pocos especialistas podían apostar
en 1993 que este triatleta reconvertido a ciclista, más
bien gordito, podría ser el sucesor del español
Miguel Induráin. El americano batió al ciclista
español en el Mundial de Ciclismo de fondo en carretera
celebrado en Oslo.
Buen corredor, capaz de vencer en clásicas, Armstrong
representa el triunfo de la vida sobre una enfermedad tan
grave como el cáncer. Y a eso le sumó el éxito
deportivo, que al principio no le fue tan fácil.
En sus inicios de su carrera profesional compaginó
las carreras de su país con las de Europa. En Estados
Unidos una de las carreras más prestigiosas es el
Tour de Dupont y Lance ganaba etapas en todas las ediciones,
incluso en 1995 ganó la general.
En 1993, además de las carreras ganadas en su país,
ganó una etapa del Tour de Francia y el Campeonato
del Mundo en ruta siendo uno de los más jóvenes
en vestir el maillot arcoiris (21 años): recorrió
los 257,6 kilómetros de la prueba de fondo en 6 horas,
17 minutos y 10 segundos. Es medalla de oro el 29 de agosto,
venciendo a Induráin. Días después
estrenaría su título en Estados Unidos con
una aureola que causó sensación en su país.
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