Por Pamela Noseda
Investigadora Derecho U. Mayor
Esta película, protagonizada por Julia Roberts, cuenta con un gran elenco que incluye a nombres tan destacados dentro del ámbito artístico como Kirsten Dunst y Julia Stiles, y nos presenta el siguiente argumento.
A una exclusiva y conservadora escuela para señoritas de los años 50 acaba de llegar una nueva profesora. Se trata de Katherine Watson, una mujer inteligente y audaz, que no concuerda con el rígido sistema de valores que se pretende imponer sobre las estudiantes. Pero su prédica en favor de aires más frescos no sólo encontrará resistencia entre sus colegas, sino también entre las mismas alumnas que pretende espabilar. Se dice que está supuestamente inspirada en las experiencias de Hillary Clinton durante su paso por el Wellesley College.
Esta película destaca por la gran cantidad de temas tratados y todos ellos se desarrollan dentro de las aulas. Así, por ejemplo, observaremos cómo el personaje de Julia Stiles postergará ingresar a estudiar Derecho a una importante universidad de EE.UU., porque esta carrera no le permite desarrollar a perfección su futuro rol de madre y esposa. De este modo se aborda también un tema cultural, como es la idea que estas jóvenes tienen del matrimonio y del divorcio, del rol casi predestinado de la mujer a ser esposa y madre, llegando a ser prácticamente su única alternativa.
“La Sonrisa de Mona Lisa” permite analizar los temas señalados con anterioridad, y de manera especial el derecho que tiene toda persona a realizarse tanto en el ámbito personal como profesional. No siendo posible entender que existen “predestinaciones” para cierto tipo de personas, o labores específicas para una determinada clase o —en este caso— un determinado género. Si la Constitución señala que todos somos iguales ante la ley, lo que nunca hemos de olvidar es que ser iguales significa olvidar que el destino está necesariamente trazado a base de nuestra red de contactos o a limitaciones basadas en la condición, raza o sexo.
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