
Precisos temas absorben parte de nuestro interés como Facultad de Derecho. Entre estos, el asunto de los nexos entre la gestión del territorio y la matriz energética, así como la ampliación del crédito más allá de las tradicionales garantías fundadas en el patrimonio existente, buscando identificar y financiar “procesos” con valor. Los proyectos en que participan académicos y alumnos se relacionan con requerimientos del país y con sus rutas al “progreso”. Son cuestiones que el derecho no puede soslayar, aunque estén centradas en materias que, en esencia, parecen más bien propias de otras disciplinas, como la economía, el urbanismo o las ingenierías, desde la industrial a la forestal.
Ya no bastan los discursos-memoria, que pierden el contexto y hasta ignoran el objeto material de la regulación de que se trata, ni los artículos de un código nacional, mencionados como claves secretas. Son insuficientes para entender un asunto y “domesticarlo”, como diría el Principito. Se requiere aprender una lógica, obtener un “GPS jurídico” para ser capaz de encontrar la ruta entre las normas y generar el conocimiento tantas veces sea necesario, con reformas legales o enfrentados a antinomias, en nuestro continente o en otros abrazados por los mismos convenios internacionales y negocios.
La colaboración entre disciplinas y los adecuados análisis y planificaciones estratégicas son un factor necesario frente a las realidades complejas del mundo contemporáneo, los acelerados algoritmos sociales en curso y su sentido de marcha. Sin la visualización de objetivos, métodos, rutas y plazos, el avance en todo frente se hace aleatorio y torpe, con obstáculos imprevistos (previsibles). En el caso de la administración de los estados, sin adecuadas planificaciones estratégicas de distinto orden, se dilatan trámites y se restan certezas, creándose barreras innecesarias a la inversión y el desarrollo.
En ese marco tenemos el propósito de preparar a nuestros alumnos para el mundo en el que egresarán.
Es también, en el apego al caminar social, que abriremos en marzo otra carrera de Derecho, en distinto horario, pero de la misma escuela. Es la Escuela de las Tardes, para los que tienen otras horas disponibles, pero las mismas ambiciones y capacidades. No ignoramos que son un número creciente los que desean integrar el estudio del Derecho con otras actividades, de trabajo o familiares, en distintas etapas de la vida, conciliando distintos intereses. Queremos encontrarnos con la mujer llena de responsabilidades impostergables, que sólo ahora puede estudiar Derecho, con el empresario, el trabajador, el padre de familia, el ingeniero, el personaje inquieto que descubrió tardíamente su vocación jurídica, y con el que ahora necesita conocer el derecho para orientar su rumbo.
Quizá cuántos son los que sólo en éstos —su hora y su tiempo— pueden estudiar Derecho. Y no creemos que abogados con ética, responsabilidad social y buen criterio sobren en nuestro país. Tendríamos otro nivel cívico.
POR CLARA SZCZARANSKI, DECANA DE LA FACULTAD DE DERECHO, UNIVERSIDAD MAYOR
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