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La derrota de la Armada Invencible Isabel I llevó a cabo una expansión marítima que fundó las bases de su imperio. Francis Drake y John Hawkins, corsarios de la corona, asaltaban rutas comerciales y colonias españolas. El contrabando le produjo grandes beneficios a Inglaterra.
En 1577 Isabel envía a Martin Frobisher en a una segunda expedición en busca del paso por el noroeste. Ese mismo año, en noviembre, Francis Drake inicia la circunvalación a la Tierra. El viaje demoró tres años. En noviembre de 1577 comandó la expedición. Al no haber ruta a través del Atlántico, volvió por el Pacífico. Durante su viaje enfrentó tormentas que destruyeron uno de los barcos y envió otro de regreso, dejándolo continuar solo hacia el norte. Durante la travesía pasó por Molucas, Celebes, Java y el Cabo de Última Esperanza. Cambió el nombre de su barco a The Golden Hind. Volvió a Inglaterra en 1580 donde fue recibido con gran distinción al ser el primer inglés en circunnavegar el globo. En abril de 1581 la propia Isabel I lo visitó en su nave – la Golden Hind – y lo nombró caballero. Dentro de los ministros que colaboraron con la reina, destaca Lord Burghley que impulsó las actividades marítimas. En 1584 los primeros colonos ingleses se establecieron en las actuales costas de Virginia. Ese mismo año la hostilidad entre España e Inglaterra –causada por motivos políticos, económicos y religiosos- aumentó cuando el embajador español, Bernardino de Mendoza, fue expulsado de Inglaterra, acusado de participar en la conspiración para la liberación de María Estuardo y el derrocamiento de Isabel.
Drake tenía autorización para
saquear buques y puertos españoles y llevarse todo lo que pudiera.
“Así me vengaría gustosamente del rey de España
por los diversos agravios que he En 1586 Drake invadió Florida, entonces colonia de España. Cansado de los constantes ataques de los corsarios ingleses, Felipe II decidió dar a Inglaterra de una vez por todas el castigo que merecía. Pidió los consejos de Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz. El reputado marino consideró que invadir Inglaterra era muy posible y además fácil. Bazán quedaría al mando de la invasión y se prepararon grandes flotas en Cádiz y Sevilla. En 1587, luego de la ejecución de María Estuardo, prima de Isabel I, el monarca volvió a pensar en la empresa de atacar Inglaterra. Sin embargo, Bazán murió durante los preparativos y el duque de Medina Sidonia quedó a cargo de la tarea; no era un marino profesional –primer gran error de España- pero permitió que Farnesio comandara las tropas terrestres. Isabel I ya había pensado en atacar la Armada española. El almirante era Carlos de Effingham Howard, conde de Nottingham, era sobrino de Isabel I y no tan buen navegante como sus subordinados el vicealmirante Sir Francis Drake y John Hawkins. Isabel envió a Francis Drake a asaltar Cádiz, donde destruyó 20 naves españolas.
Sin embargo, las embarcaciones no estaban preparadas para resistir los temporales de los mares europeos. La flota inglesa era más ligera y mejor artillada que la española: en el primer encuentro. Ya en el primer encuentro, el 21 julio, se notó su superioridad en maniobrar. Sumado a esto, el mar perjudicó a la Invencible. Una tormenta cerca del cabo Finisterra dañó sus buques. El 22 de julio salió, por segunda vez, de la Coruña y parecía una fortaleza flotante. El viento era favorable. Si hubiera atacado entonces a la escuadra inglesa, hubiera vencido, pero Medina Sidonia dijo a sus capitanes que el rey le había mandado no dar la batalla hasta que se reuniera con Farnesio. He aquí la segunda equivocación que los hizo fracasar. Al acercarse a La Mancha, los españoles se encontraron con la flota inglesa, en Plymouth, y tras varios días de enfrentamientos España llegó a Calais apenas sin daño. (El 23, en ligero combate, se perdió el buque insignia de Recalde). Farnesio, al mando de las tropas en tierra, se negó a embarcar mientras no salieran los buques holandeses e ingleses que vigilaban la costa del canal. En realidad no hubo un combate decisivo entre ambas flotas, sino un desgaste continuo de la Invencible, aniquilada por las ventajas de los ingleses y por las furias del mar.
El 28, ante la superioridad inglesa y el temor a los brulotes incendiarios que se les lanzaba, así como la incapacidad de la artillería española, la Armada se internó en el mar del Norte. En la noche del 8 al 9 de agosto, los brulotes ingleses confundieron a la Armada, que perdió 15 buques y 5000 hombres. La tormenta empujó a los otros hacia el Norte y Medina Sidonia no se atrevió a regresar por el canal. Navegó alrededor de las islas británicas, dejando los restos de sus navíos en el trayecto. Muchos de los que naufragaron se refugiaron en los arrecifes de las costas de Irlanda, de Escocia o de Inglaterra. Millares de hombres se ahogaron y no hubo piedad para los que conseguían llegar a nado a las playas. Sólo regresaron a España 66 de naves y 10.000 hombres. Felipe II pensó que tenía los medios para reconstruir una flota tan grande como la Invencible. Las pérdidas para España fueron 20.000 hombres, 40 millones de ducados y 100 navíos. Debido a lo disperso del desastre español, Isabel I no se dio cuenta de su victoria de inmediato. Pensaron que los navíos se hubieran refugiado en un puerto seguro. Las pérdidas inglesas también fueron grandes y los afectó también la peste. En abril de 1589, Isabel, dándose cuenta del significado de la ruina de la Invencible, quiso sacar partido de ello y atacar Lisboa, pero la expedición dirigida por lord Norreys fue un fracaso. Consecuencias de la derrota de la Armada Invencible - Porvenir marítimo de las naciones
del norte, mediocres hasta ese momento. En los años siguientes, la piratería
inglesa vivió uno de sus mejores momentos. Ese año, Carlos de Effingham Howard junto con Robert Devereux comandó la expedición que saqueó Cádiz. El monarca español insistió en la idea de una gran Armada, y el desastre se repitió en el otoño de 1597 debido al clima adverso. Al año siguiente Felipe II muerió y, debido a la falta de recursos, su sucesor no pudo insistir en la invasión a Inglaterra. La muerte de Isabel I en 1603 facilitó
una mejoría en las relaciones entre ambos países. |