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En estos años, además escribió algunos libros, como "El enriquecimiento de las personas en Chile", "Miguel Kast: pasión de vivir", "Revolución silenciosa", y "Chile: sociedad emergente".

Su camino en la política propiamente tal se inició en 1988, cuando ingresó, tras el plebiscito, a la Unión Demócrata Independiente, UDI, de la que llegó a ser vicepresidente.

Joaquin Lavin

Paralelamente, Lavín asumió como decano de la Facultad de Economía de la Universidad del Desarrollo, en Concepción, institución privada que fundó junto a otros empresarios y que luego abriría una sede en Santiago.

Camino a la presidencia

Su primer intento eleccionario fue en las parlamentarias de 1989, donde postuló a diputado por el distrito que une Las Condes, Vitacura y Lo Barnechea, con la recordada campaña del "gallito de pelea". Comenzó con el pie izquierdo, sin embargo, ya que fue derrotado por la RN Evelyn Matthei.

Tres años después concretó su primera elección, como concejal de Las Condes. Pasaría poco antes de que, con un 33,4 por ciento de los votos, Lavín asumiera la alcaldía de esa comuna. Su estilo marcó de ahí en adelante una figura y trayectoria atípicos para la política chilena.

La reelección en 1996 con el 77,7 por ciento de los votos, confirmó el éxito de la efectiva política que estaba desarrollando el alcalde, quien con recursos a su disposición, centró su preocupación en la seguridad y bienestar de los vecinos.

No sólo eso. Lavín se transformó en un líder de su partido y de la derecha. La candidatura a la presidencia estaba clara. Y así fue como llegó en 1999, con ese estilo innovador y llamando a un cambio. Un cambio que por 200 mil votos quedó en el resumidero.

Ahora o nunca

Ferviente católico asiste diariamente a misa. Supernumerario del Opus Dei y conservador en sus posiciones, Joaquín Lavín es un hombre de círculos cerrados. Desde que asumió su primera alcaldía eligió como su mano derecha a Patricio Cordero, quien muchas veces logra expresar con mayor claridad una idea original de su jefe y es además la persona que le guarda las espaldas, al igual que su fiel secretaria Lorena.

Hombre de costumbres y rutinas, toma sólo Coca Light y a media mañana necesita un café expresso; por eso, sus grandes decisiones las ha tomado en el servicentro más cercano a su hogar, donde se reúne con sus asesores antes de partir la jornada.

Con su particular estilo, supo llegar a todos los estratos sociales, ganando adherentes incluso entre aquellos tradicionalmente opositores a la derecha.

Pese a eso, se le acusó de populista, especialmente por algunas de sus medidas adoptadas durante su período edilicio en la comuna de Santiago, cargo al cual llegó al año siguiente de perder la candidatura presidencial. La playa, la nieve, el botón de pánico, las casetas de vigilancia, fueron algunas de las ideas concretadas por el alcalde que, sin embargo, le valieron la crítica por su efecto mediático.

Cómo no recordar también cuando puso su firma en las piernas de unas señoritas del Barón Rojo, o cuando saludó de besos a los travestis de su comuna, cuando intentó hacer llover en Santiago para luchar contra la contaminación. Todos hechos que aprovecharon sus detractores para disparar contra su candidatura.

Era parte del camino que debía transitar si quería mantener su figura como la de mayor liderazgo al interior de su partido y su coalición, si quería ser el principal candidato opositor, especialmente con miras a la elección de este año.

Con el impulso de esa figura que ya se había forjado, no tuvo mayor inconveniente en sortear un intento de opción presidencial que esgrimió Pablo Longueira. No fue complicado. Al interior de la UDI es sabido que la candidatura era de Lavín. Pero si se falla nuevamente, entonces sí otro líder emergerá con seguridad.

Pero hubo una fuerza inesperada que Lavín no pudo traspasar. Una que provocó un cambio. Una que tiene a la derecha dividida en dos. La candidatura de Sebastián Piñera, y la fractura de la Alianza, fue un duro golpe para el ex alcalde, que ya venía azotado por los números de las encuestas y el arrollador apoyo que recibe Michelle Bachelet.

La presente elección no se ve nada de fácil. Lavín sabe que su lucha está en obligar a una segunda vuelta. Y ahí las condiciones no serán más favorables que cuando se enfrentó a Lagos.

Pero el candidato opositor se tiene una fe que traspasa el entendimiento. "Seré Presidente de Chile", repite constantemente. Motivado por esas ansias de "aportar con un cambio en este país", eligió el camino de la dureza, del ataque frontal para enfrentar los que a su juicio son los problemas a resolver. Una vía que quizás no le ha dado tanto beneficio como creía, pero que no le saca de la cabeza la idea de triunfo. Al parecer no hay espacio a dudas. Al parecer.

"Estoy convencido de ganar, pero si no resulta, para la casa. Así es la democracia", reconoce, sin perder las esperanzas.

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