MultiWarhol
Como un Da Vinci de la glamorosa sociedad de consumo, Warhol
no se conformó con presentarse sólo como pintor, quiso ser
también cineasta, diseñador, escritor y editor de una revista
de modas. El objetivo era estar en la boca de todos por algo más
de 15 minutos.
Nos legó una Marilyn inmortalizada en serigrafías de alto
contraste. Un Mao Tse Tung revestido como ícono pop. Nos dejó
el deseo de saborear las sopas Campbell y de lavar ropa con detergentes
Brillo, además de una tolerancia hacia los artistas que, sin pudor,
transforman la ambición y el narcisismo en parte de la obra de
arte. Warhol aprendió de Dalí, pero supo prescindir de esa
máscara de locura que envejecía sin prestigio, optando por
el glamour de la contracultura sesentera. Y así nos legó
esa actitud que trasciende al mundo de las artes que compraba sus carpetas
de coloridas serigrafías. Pop, de popular en su acepción
que implica masividad. De hecho, nos heredó una de las expresiones
más masticadas por la sociedad contemporánea: los 15 minutos
de fama. Él tuvo unos cuantos años. Pero trabajó
duro, y en varios frentes, para lograrlo.
Warhol, el diseñador. Cuando todavía era Andrew
Warhola y recién había llegado a Nueva York desde su natal
Pittsburg, Warhol se ganaba la vida como diseñador. Se inició
dibujando gráfica publicitaria y siguió en reputadas publicaciones
como Harper's Bazaar, Vogue y Glamour, llegando hasta las páginas
de la sofisticada New Yorker. Después se dedicó a la pintura
y la serigrafía, pero a principios de los 70, cuando Warhol quiere
ser el artista total que transita de la alta a la baja cultura sin visualizar
fronteras, incursiona en el diseño de las portadas de discos. Dibuja
el plátano de The Velvet Underground y la polémica tapa
de Sticky Fingers de Rollings Stones en la que muestra un pene erecto
bajo un ajustado blue jeans. En los años siguientes hará
otra cubierta para su amigo Mick Jagger y una para Aretha Franklin, pero
sin lograr el mismo nivel de atención.
Warhol, el pintor. Más que óleo y tela lo de Warhol
fue la serigrafía. La reproducción seriada de las imágenes
que desmitifican la pintura y su supuesta originalidad de "obra única".
Se le reconoce como el máximo exponente del pop art, un movimiento
que había surgido en el Londres de los 50 con "¿Qué
es lo que hace a los hogares de hoy tan diferentes, tan llamativos?"
de Richard Hamilton. Warhol toma esa cotidianidad hogareña de Hamilton,
el uso del cómic de Liechtenstein y el neodadaísmo de Jasper
Johns y Robert Rauschenberg y lo lleva hasta el extremo. Según
el teórico del arte norteamericano Arthur Danto, la obra de Warhol
pone fin a la historia del arte. Al menos al arte no religioso que se
desarrolla desde el renacimiento hasta que pinta cajas Brillo tridimensionales.
Una tan interesante como polémica tesis que se basa en la imposibilidad
de pintar, o crear, después de haber calcado la realidad. Danto
ve allí el fin de la historia del arte, un gesto de mayor importancia
al ready made de Duchamp, una valorización que tiene bastante que
ver con la geopolítica y la larga rivalidad entre París
y Nueva York.
Warhol sigue pintando. En sus últimos años prefiere hacer
retratos que vende en 25 mil dólares. Le encargan cerca de 50 al
año, la mayoría de personas famosas o en vías de
serlo, a las que reproduce conjugando su talento de pintor con una actitud
de cirujano plástico en la tradición de los pintores cortesanos.
Posan para él Mick Jagger, Carolina de Mónaco, Michael Jackson,
el sha de Persia, Silvester Stallone y Liza Minelli, entre otros.
Warhol, el cineasta. En 1963 el artista se compra una cámara
de cine y comienza a filmar en 16 milímetros. Sólo puede
rodar películas de cuatro minutos, pero hace cientas. La mayoría
consisten en "fotografías con movimiento" de sus amigos
y colaboradores de la Factory que él y ellos llaman "screen
tests". Andy está feliz experimentando con la cámara
y dice que dejará de pintar, lo que además de subir el valor
de sus obras hizo que se rodeara de actores aficionados pidiéndole
roles en las próximas películas. Warhol estaba interesado
en formar parte del movimiento de cine underground que entonces tenía
un papel destacado en el movimiento contracultural de los 60. En Nueva
York estaban Jonas Mekas, Jack Smith y Stan Brackhage filmando cintas
que intentaban oponerse a cada una de las fórmulas hollywoodenses.
Warhol se les une y aboga por una cámara neutra que registra situaciones
o cosas. Se empecina en que el tiempo del rodaje se homologue al tiempo
real y al de exhibición y llega a hacer una película de
ocho horas en la que registra como duerme un hombre.
"Él toma cosas de otros cineastas underground, pero cierra
el ciclo, es que el que desarrolla las experimentaciones más intensamente.
Le interesa el registro, la máquina que registra, que es un tema
que aparece también en su pintura. A Warhol le interesa esa objetividad,
mostrar ese entorno que se vuelve algo así como la celebración
de la decadencia", afirma el profesor Luis Cecereu.
Warhol, el escritor. En 1967 la editorial Random House editó
Index (Book) y Screen Tests (A Diary) que escribió a dúo
con Gerard Malanga. Años más tarde Warhol llegaría
a las vitrinas de las librerías con Mi Filosofía (de A a
B y de B a A), POPism, Exposures y America. Warhol pasa a ser un filósofo
del mundo contemporáneo que enseña a vivir en el aspiracional
mundo del consumo.
Warhol, el editor. En 1969, después de que fuese baleado
por una de las asistentes a la Factory y a él le diesen miedo sus
propios amigos, Warhol cambia las condiciones de su vida social. De la
Factory a la revista Interview, que crea con la idea
de que sea una publicación dedicada al cine y termina dirigida
hacia la industria de la moda que siempre pareció cautivarle más.
"Me fotografían, luego existo. Éste es el único
objetivo de la revista Interview", afirma el destacado crítico
de arte Robert Hughes. "Debido a que la revista es básicamente
un instrumento de ascenso social para el propietario y el personal, los
chismes que publican son bastante inocuos. No levantan ninguna piedra
debajo de la cual pudiera haber gusanos, pero tampoco dejan ningún
culo sin lamer", escribió en un artículo para The N.
Y. Review of Books.
Warhol, el productor. Warhol produce. A mediados de los 60 cuando
descubre a Lou Reed y sus desconocidos The Velvet Underground, el artista
de pelo gris les ofrece hacer de manager. Les presenta a Nico, una de
las mujeres que pululan por la Factory y los lleva a escenarios en los
que tocan teniendo como escenografía sus estáticas filmaciones.
Entonces Warhol se presenta como productor musical. Dos años después
debuta como productor cinematográfico de las películas de
Paul Morrisey, el realizador que dirige las filmaciones durante los últimos
años de la Factory. "Warhol delega, él comienza a ser
el que da los lineamientos generales, el de las ideas", explica Luis
Cecereu. Estas últimas cintas -entre las que se encuentran Trash,
Flesh, Heat y Women - se presentan todavía como
películas de Warhol, aunque él ni tome la cámara
ni dirija a los actores.
Firma y consumo
Morrisey sigue la línea de la experimentación del artista
pop, pero llevándola hacia un terreno en que la comercialización
es más fácil y que algo tiene que ver con los desnudos frontales
masculinos y las escenas homosexuales. Hoy estás cintas, las últimas
de Warhol, se pueden encontrar en VHS y DVD (a Chile las trae la librería
La Trama ubicada en Portal Lyon).
Pero Warhol es un productor aún cuando no explicite ese rol. Ya
en los 50, cuando era un artista joven y vendía barato, él
trabajaba con un grupo de asistentes. Robert Hughes afirma que en muchas
de sus reproducciones Warhol a duras penas le daba el visto bueno a los
colores utilizados. Más que un artista, él es quien encabeza
la producción industrial de productos que llevan su firma.
Desde las serigrafías, hasta las películas que realiza en
su taller con nombre de industria. Se suponía que su obra era una
forma de subversión ante la sociedad de consumo y la omnipresencia
de la publicidad, pero el artista acabó grabando spots para vender
ron y radios Pionner. Como figura pop.
Por Macarena García G.
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