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El homicidio

Faltaban 20 minutos para la una de la madrugada del 30 de septiembre de 1974. El general (r) Carlos Prats, y su esposa Sofía Cuthbert volvían en su Fiat 1600 de una amena comida en la casa de su amigo Ramón Huidobro, embajador de Chile en Argentina durante el Gobierno de Salvador Allende.

Apenas a unos metros de su domicilio en Buenos Aires, ubicado en el número 3359 de calle Malabia, en pleno barrio Palermo, el retirado militar se bajó del vehículo y procedió a abrir el portón del estacionamiento. La iluminación del sector estaba apagada. En no más de un minuto Prats volvió a subir a su auto.

Mariana Callejas y Michael Townley, miembros de la DINA, observaban la escena a casi cien metros de distancia, montados en un Renault. Una vez que Prats se sentó frente al volante, el agente conocido como “el gringo” ordenó a su esposa activar el mecanismo detonador que la mujer tenía sobre sus piernas. Pero el sistema falló, por lo que Townley tomó bruscamente el aparato y procedió él mismo. La segunda vez no hubo error.

Una violenta explosión sacudió esa noche al normalmente tranquilo sector residencial. Los restos del Fiat, y de sus ocupantes quedaron esparcidos a más 50 metros de distancia. Una bomba había acabado con la vida del matrimonio Prats- Cuthbert.

Una triste estadía en Buenos Aires

Prats abandonó Chile con rumbo a la capital trasandina el 15 de septiembre de 1973, “en condiciones azarosas”, como él mismo describiera, luego de ser prevenido de que algunos grupos trataban de liquidarlo. Pocos días después su esposa arribó también a Buenos Aires.

“Para mí es muy triste y doloroso alejarme de los míos y sumirme en la soledad; pero creo que –mientras duren las circunstancias actuales- no tenía otra alternativa”, escribió el general en una carta dirigida a Augusto Pinochet el mismo 15 de septiembre.

Prats había sido ministro del Interior y Vicepresidente de la República en 1972 y ministro de Defensa más tarde, cargos que ejerció en paralelo a su labor como Comandante en Jefe del Ejército. En agosto de 1973 se acogió a retiro, pero la marca de haber jugado un rol de relevancia durante el Gobierno de Salvador Allende generó anticuerpos entre sus pares, situación que no fue borrada luego de la intervención militar.

En Buenos Aires, el general que pasaba sus días como gerente de la empresa FATE, sufría por el rol que asumieron las Fuerzas Armadas en su país desde el 11 de septiembre de 1973. En sus memorias, escritas durante su estadía en Argentina, Prats relata sus discrepancias con la misión que cumplía el Ejército.

“La Junta Militar de Gobierno implantó un régimen totalitario –bajo la vigencia del Estado de Guerra Interno- que desarticuló todos los mecanismos de la representatividad y ha causado miles de muertos, miles de torturados y vejados, miles de cesantes, miles de exiliados, miles de seres que han perdido su dignidad, miles de desesperados que lloran la desaparición de sus seres queridos y miles de desamparados a quienes acosa el hambre, la miseria y la delación. ¿Están cumpliendo las FF.AA. –en tales condiciones- la misión que el Estado les asigna “como fuerzas vigilantes de su seguridad interna y custodia de los más altos valores morales, intelectuales, sociales, políticos y económicos”, como lo afirma el mismo general (Pinochet) en la iniciación de su citado discurso?”, cuestionó.

Pero no sólo la situación de Chile lo agobiaba. Sus días en la capital trasandina no transcurrían en paz, debido a que se sabía vigilado por informantes, que “se habían desplazado desde Chile para encontrar un indicio que pudiera afectar su honra o que les permitiera exhibirlo como el General al servicio del marxismo”, según sus propias palabras.

Al respecto un vecino del matrimonio, Cymric Federico Bridges, contó a la Justicia que en 1974 justo frente a la salida del departamento en que residía en Malabia 3305 piso 6to, hubo por un periodo largo un automóvil Ford Falcon verde estacionado con una o dos personas adentro. Asimismo, precisó que al poco tiempo, entre el domicilio de Prats y la Avenida del Libertador se instaló un kiosco de flores que le llamó la atención, porque la gente que lo atendía no tenía aspecto de florista, sino que, por el contrario, eran parecidos a quienes ocupaban los coches Falcon, ya que vestían pantalón azul y camisa blanca.

Los intentos de vigilancia de sus actividades, llevaron al general (r) y a su esposa a preparar la partida a Europa. Sofía Cuthbert concurrió en febrero de 1974 hasta el Consulado de Chile en Buenos Aires, oportunidad en que solicitó pasaporte para ella y su esposo, argumentando que viajarían a Brasil.

El pasaporte de Cuthbert había sido retenido cuando salió de Chile, mientras que el del general Prats, de carácter oficial, había caducado.

Eugenio Mujica, quien se desempeñó como cónsul adjunto de Chile en Buenos Aires, recordó ante la Justicia aquella visita. En su declaración, el diplomático sostuvo que efectuó el requerimiento al Ministerio de Relaciones Exteriores de Chile con meses de anterioridad al atentado, e incluso afirma que lo reiteró porque se tardaba en demasía, en circunstancias que el documento se entregaba a lo más después de un mes de la solicitud.

El 12 de agosto de 1974 el cónsul general de Chile en Buenos Aires, Álvaro Droguett, escribió al subsecretario de Relaciones Exteriores, capitán de navío Claudio Collados, solicitando autorización para entregar los pasaportes al matrimonio, pero no obtuvo respuesta.

El requerimiento adquirió más urgencia el 2 de septiembre. En la madrugada de ese día, un llamado telefónico perturbó la tranquilidad que invadía el descanso del matrimonio Prats. “Si antes de salir a Brasil usted no hace una declaración pública diciendo que en Buenos Aires no está realizando actividades en contra del gobierno militar de Chile, usted va a morir”, le dijo un individuo que el general identificó como un chileno que imitaba muy mal el acento argentino.

A primera hora de aquel lunes 2 el general (r) llamó a su amigo Ramón Huidobro para comentarle sobre la amenaza y pedirle que hablara con el embajador para que le entregaran a la brevedad los pasaportes, teniendo en cuenta que su vida corría peligro.

Dicha llamada transformó septiembre en una odisea para el general Prats, quien ya no sólo deseaba, sino que necesitaba salir de Argentina. Pese que en la solicitud habían señalado que viajarían a Brasil, su real destino era Madrid, en donde Prats ejercería la docencia en una universidad.

Los últimos días del mes, aprovechando un viaje a Santiago, Eugenio Mujica fue hasta el Ministerio de Relaciones Exteriores con el objeto de averiguar los inconvenientes en la entrega de los pasaportes. En esa oportunidad, el Jefe de Gabinete, Edmundo Herbin Rojas, le informó que los documentos no se iban a otorgar, por orden del Subsecretario Collados. La respuesta oficial llegaría a Argentina el mismo 30 de septiembre: “inconveniente otorgar pasaportes a personas indicadas”. Pero ya era demasiado tarde.

El último día

El domingo 29 de septiembre de 1974, fue un día especial para el general y su esposa. La jornada comenzó con la visita del ex cónsul de Chile en Buenos Aires, Eduardo Ormeño, quien los recogió en su auto para dirigirse hasta la casa del matemático Andrés Stevenin, en donde se realizaría un asado campestre.

En su declaración judicial, el diplomático recordó que en aquel viaje, Prats le dijo que los iban siguiendo y que él le respondió que había olvidado decirle que también habían invitado a Aldo Verdugo a la reunión. Ormeño apuntó además que en aquella ocasión le causó sorpresa que el general sonriera, puesto que en los últimos meses su tristeza se hacía sentir.

En el asado participaron ocho personas, quienes tras almorzar, comenzaron una sesión de Bridge, que concluyó con un acuerdo de juntarse cada miércoles a practicar el pasatiempo.

Cuando la tarde se consolidaba, cerca de las 16:00 horas, Prats y Cuthbert retornaron junto a Ormeño a su departamento. Allí cambiaron sus atuendos, pues irían al cine junto a Ramón Huidobro y su esposa.

Ormeño recordó ante el tribunal que Prats lo invitó a la función de la película “Pan y Chocolate” a la que asistiría, pero asegura que se negó porque se sentía cansado. Esa fue la última ocasión en que vio al general.

A bordo de su Fiat 1600, el matrimonio recogió a Huidobro sin percatarse que Townley y Callejas los seguían de cerca. Dos días antes, al agente de la DINA había logrado entrar al estacionamiento del edificio donde Prats residía. Tras percatarse de que no había nadie, se recostó en el suelo y fijó la bomba con dos cartuchos de C4 y tres detonadores bajo la caja de cambio del auto del general. Su esposa, Mariana Callejas, lo esperaba en el Renault.

Tras ver la película, Carlos y Sofía accedieron a una invitación a comer en la casa del matrimonio amigo. Pasada la medianoche, cuando ya era 30 de septiembre, abordaron su vehículo y partieron hacia el departamento de calle Malabia, al que nunca volvieron a entrar.

Cymric Federico Bridges, uno de los vecinos de la mencionada vía, recordó ante la corte que cuando oyó el estallido de la bomba, salió al balcón y vio hacia la derecha un auto en llamas. Luego se asomó para mirar mejor por el balcón de la esquina, cuando vio que por la calle Seguí venía un auto tipo americano grande como los que usaban las embajadas.

Agregó que, si bien no vio la patente, estimó que era un vehículo consular, del cual se bajaron dos personas a las que pudo ver porque se detuvieron justo bajo la luz del alumbrado público de la esquina de Malabia y Seguí. Bridges detalla que ambos sujetos abrieron la puerta del conductor y del pasajero, y miraron para el lado de las llamas, y que permanecieron así unos cerca de 10 segundos tras los cuales siguieron su camino.

El vecino declaró además que tras el crimen, el puesto de flores desapareció, al igual que el Falcon estacionado enfrente del departamento y sus ocupantes. Precisó también que el lugar de la explosión estaba oscuro, pues si bien el alumbrado público de Malabia y Seguí estaba encendido, el del tramo de calle donde estalló el auto de Prats no.

Fuentes:
- Documentación El Mercurio
- Fallo Tribunal Oral en lo Criminal Federal N° 6 que condenó a cadena perpetua a Enrique Arancibia Clavel
- Fallo de la Corte de Apelaciones de Santiago que rechazó el desafuero de Pinochet en el caso Prats.
- Informe Rettig
- Libro "Memorias de un Soldado", del general (r) Carlos Prats González.

- Extracto de la declaración de Michael Tonwley a la jueza María Servini de Cubría.