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También avanzó en el campo de la joyería, dando paso a la bisutería. Sus propias joyas, que recibió de sus amantes, las copió y luego vendió, y comenzó a popularizar largas cadenas, collares de grandes perlas de fantasía y gruesos pendientes.

Además, invadió el campo de las carteras con un diseño acolchado –quilted- al cual le agregó una cadena para terminar así con esos incómodos bolsos que no liberaban nunca las manos de las señoras.

Pese a la simpleza de sus modelos, no abandonó algunas faldas ampliadas que no tenían tal carácter gracias a las telas utilizadas y en los años ´30 retomó algunos diseños con plisados. Pero siempre, se mantuvo alejada del “new look” instaurado por su competidor Christian Dior, quien con sus figurines entallados y ampliadas faldas quiso devolver a la mujer el glamour que, según él, Coco les había quitado.

Aunque una de sus máximas era que “para lograr ser irremplazable, uno siempre debe ser diferente”, su estilo consagró los colores negro, blanco y beige y durante sus años al frente de Casa Chanel no los abandonó e incluso pudo sobrellevar con éxito el Art Decó y convertirse en una de sus iconos.

Aunque nunca estuvo dispuesta a diseñar para las grandes masas y elevaba el precio de sus creaciones –a las que ponía monedas con las dos CC en vez de botones- porque sabía que con eso las haría exclusivas, estuvo dispuesta a democratizar el lujo al crear en 1923 su perfume Chanel No. 5, que popularizó Marilyn Monroe con su indiscreto comentario sobre como dormía.

En los años ´30 creó su primera línea de cosméticos -que a Chile trae Moure- compuesto por un lápiz labial, polvos traslúcidos y colorete con los que consiguió ubicarse en el mercado del maquillaje.

“El carisma es mejor que la belleza. Dura más” dijo en una oportunidad, clara de que el lujo era una necesidad espiritual, pero que en su caso tenía un trasfondo en un pasado de escasez.

El 2005, el Museo de Arte Metropolitano de Nueva York montó una retrospectiva con 63 trajes originales de la diseñadora y quienes asistieron, vistieron los últimos modelos de su sucesor, Karl Lagerfeld.

Su impresionante vida fue llevada a las tablas de Broadway, en 1969, en un musical que interpretó Katherine Hepburn, oportunidad en la que pasó a llamarse simplemente “Coco”.

 

 

 

 

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