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naciente u oficiales nazis o parientes del zar.

Fue el playboy Etienne Balsan quien la colocó con su tienda de sombreros, pero su vínculo con el amigo de éste, el socialité y jugador de polo inglés Arthur “Boy” Capel, fue el que posibilitó su despegue. La muerte temprana de éste, quizás su amor más importante, hizo que ningún otro llegará a ocupar su lugar por un tiempo prolongado.

Ambos la convirtieron en la gran dama de la moda, una que rechazó una propuesta de matrimonio, pero no las sábanas, del duque de Westminster. “Ha habido muchas duquesas de Westminster, Chanel hay una sola”, fue su explicación.

Se codeó con grandes artistas y escritores contemporáneos como Pablo Picasso, Igor Stravinsky, el ruso Diaghilev, Goerge Bernard Shaw y Jean Cocteau. Todos vieron en ella a una de las pioneras del feminismo, dispuesta a romper fórmulas y esquemas.

Pese a los años de recesión, en 1931, el magnate hollywoodense Samuel Goldwin la contrató por un millón de dólares para que vistiera a sus grandes musas del celuloide como Katherine Hepburn, Grace Nelly, Elizabeth Taylor y Gloria Swanson.

Coco marcó la pauta de la moda durante los locos años ´20, pero ni siquiera su pasado como enfermera durante la Primera Guerra Mundial, pudieron impedir que su reputación cayera por los suelos durante la Segunda, conflicto que la golpeó en todos sus frentes.

La caída de París en manos alemanas, la obligaron a cerrar sus tiendas en 1939, pero el trasfondo estuvo en su supuesto antisemitismo y su amorío con un miembro de la Gestapo (Hans Gunther von Dincklage), quien la llevó a vivir al hotel Ritz y de ahí, un exilio, en Suiza, durante 15 años.

Recién en 1954 y con 71 años, reabrió su casa de moda, pero ya otros diseñadores de renombre se habían instalado en su sitial. Se mantuvo al frente de ella con un extraordinario dinamismo y adaptándose a las diversas tendencias que recorrían el mundo.

Pero su vida terminó en forma tan impredecible como la vivió. El 10 de febrero de 1971, sola en su departamento ubicado en el hotel Ritz, con vista a la Place Vendome, y a los 87 años, la muerte la sorprendió de noche, diseñando.

Aún así siguió siendo una mujer influyente y creativa, dispuesta a mantener con todo su máxima: la libertad de movimiento. Su cuerpo yace en Lausanne, Suiza, resguardo por cinco leones de piedra.

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