Esteban Cabezas
Es periodista. Desde hace unos años se desempeña como columnista estable del suplemento “Wikén” de El Mercurio. Ahí se ha especializado en la crítica culinaria, principalmente de la nueva horneada de restoranes emergentes.

Simultáneamente, se ha especializado en la crítica de vinos y aunque reconoce que no es “un especialista”, sus conocimientos en el tema son absolutamente respetables para hacer de él un entrevistado apropiado para referirse al vino, su relación con la comida y algo de su historia en Chile.

¿En que momento se produce la revolución que marca el antes y el después del vino chileno?
El vino en nuestro país era un producto de consumo popular. La verdadera revolución se produjo a mediados de los ochenta, con la incorporación de nuevos métodos de vinificación. Antes de eso, la tradición enológica era una tradición que privilegiaba mucho el “vino con palo”, que es un vino con barrica.

El antes y el después en el vino chileno en el siglo XX lo marca la llegada de Miguel Torres a medidos de los años ochenta y los nuevos métodos de vinificación. Puede que haya habido cosas más anónimas antes y otras más importantes después, pero ese es el hecho que marca un antes y un después de la manera de hacer vinos en Chile.

Lo que se produjo fue que la gente comenzó a devolver los vinos porque los encontraba achampañados, porque en definitiva les encontraba gusto a fruta que es lo que antes no tenía los vinos. Antes tenían gusto a madera o a oxidación como Las Encinas, que es un clásico ejemplo de cómo era la enología chilena antes, es un vino ajerezado a la fuerza.

¿Cuál era el rol del vino antes del cambio?
El vino antiguamente tenía un rol más bien social. La teoría de José del Pozo, en su libro “Historia del Vino Chileno”, tiene que ver con el hecho de que el vino funcionaba como una carta de presentación de los dueños de tierras, o sea, el vino te vestía. Esa es una de las funciones del vino.


¿Y eso ha cambiado ahora o sigue siendo lo mismo?
Ahora se podría que es plurifuncional. Hay gente que tiene viñas aunque no gana mucha plata, pero este asunto le apasiona. Hay familias que históricamente se han dedicado a este negocio y que vuelven a este negocio. Hay inversiones extranjeras muy importantes porque acá les sale más barato hacer el vino que hacerlo en sus tierras. No hay un solo objetivo globalizador respecto al por qué del vino.

Esto es lo mismo que cuando la gente habla del cine chileno. No existe el cine chileno. Existen películas y existen directores. También existen individualidades dentro del cine que se hace en Chile. Cuando se dice 2 gran éxito para el cine chileno” eso no significa que si le va bien a “Sexo con amor” le va a ir bien a “El nominado”. No existe el concepto de cine chileno.

En el vino pasa lo mismo. Existen grandes asociaciones, esfuerzos mancomunados, pero en definitiva lo que va abarcando la historia son las individualizades; son determinados terruars, determinados esfuerzos de ciertas viñas, las apuestas que hacen algunos enólogos. Solo con la distancia podemos ver que es lo que sobrevive a esto, que es lo que arma la historia, pero estamos demasiado cerca. En este minuto lo que más se ve son los casos particulares.

¿Catalogarías a los chilenos como conocedores del vino?
Eso no te lo puedo responder. El mundo del vino es muy complejo y sólo evoluciona para crecer. Es muy difícil estar al día. La gente que efectivamente sabe puede explicarlo con sencillez. Es muy fácil refugiarse en el lenguaje del vino sin saber. Usualmente la gente que más sabe es la que explica de manera más sencilla. Efectivamente sí hay más interés, sino no habrían más revistas, sino no habrían dos guías de vinos, tampoco habrían cursos de cata y los someliers no tendrían la importancia que tienen. Si la gente sabe más o no, no tengo idea.

¿Crees que el vino es clave a la hora de disfrutar un buen plato?
No hay nada obligado. El vino es una parte, una parte que personalmente considero importante. Pero es parte de una cosa mucho más grande, es parte de la situación, que tiene que ver con la oportunidad, con la compañía, con la comida. Muchas veces un gran vino tú se lo puedes ofrecer a una personal y en definitiva lo que vale es el gesto de descorchar una botella que ha sido guardada durante 15 años, más que el vino que estas tomando. Lo otro es intentar imponer una dictadura del vino y el vino no permite no eso. Todo lo que suena a dogma me parece ignorancia.

¿Qué lugar recomendarías para ir a tomar un vino junto a un buen plato?El “divertimento” tiene buena comida chilena y es un buen lugar.
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