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Leonardo
Chacón
Tiene
62 años. A esta edad reconoce que su especialidad es la comida
patagónica a la cual ha dedicado casi toda su vida profesional.
Siempre en ese mismo camino, desde el año pasado se encuentra
a la cabeza del Restaurant Club de Golf Lomas de la Dehesa.
Ahí
vierte toda su creatividad y le entrega un sello personal a cada una
de las preparaciones que ahí se sirven. Cordero al palo, Chupe
de Centollas y Calafates y diversos pescados y mariscos forman parte
de la variada oferta gastronómica de este agradable lugar.
Como
buen miembro de “Les Toques Blanches” se ha preocupado de
rescatar recetas regionales de la cocina chilena, las cuales se incluyen
en la carta de este restaurante, en que aplicará todos los conocimientos
adquiridos en sus antiguos locales como el “El mesón del
Calvo”, “Las Chancherías del Calvo” y “El
Palafito del Calvo”.
¿Cómo
ha sido la historia de la cocina chilena?
Indudablemente la cocina chilena ha tenido influencias bien
marcadas. La llegada de los españoles incorpora el cerdo, las
aves y el caballo. En distintas partes del territorio se reflejan diversas
influencias extranjeras, como españolas, italianas o alemanas,
que están dentro del marco de las colonias típicas de
la región..
La
cocina chilena durante mucho tiempo estuvo estancada. Hubo algunas adopciones
como la cebolla frita, pero siempre son cosas muy puntuales. El chileno
durante mucho tiempo fue un copión de lo foráneo, desde
hace muy poco tiempo está reconociendo lo que tiene. Los chilenos
somos muy extranjerizantes, son tendencias típicas de nuestra
cultura. Las cartas de los restoranes antiguos eran todas escritas en
francés y todo un cuento que no tenía razón de
ser.
El
mar lo hemos tenido siempre. A mi lo que me marcó mucho…
Yo pertenezco a una agrupación de Les Toques Blanches, que estamos
rescatando lo que es la cocina y somos los impulsores de esto. Nos hemos
ido metiendo en distintas áreas y en una reunión con un
historiador le pregunté¿qué comía la gente
antes?
Con
la llegada de los españoles ¿se perdieron las raíces
características de lo que en ese entonces era la comida chilena?
No,
se introdujeron en… el caso típico es el del curanto, el
curanto era de mariscos, llegó el cerdo y se le introdujo el
cerdo, para bien, no para mal. Lo mismo sucedió con las aves.
Hay gente que batalla por la comida tradicional chilena y dice ‘¡no,
el curanto es de mariscos!’ y con la llegada de los españoles
dejó de ser un plato nuestro… yo creo que eso es muy crudo
decirlo, porque las comidas también van evolucionando con los
nuevos productos que van apareciendo. El cancato, que era un plato típico
chilote, que hacían los pescadores dentro de los botes, pero
que gracias a la llegada del queso y la longaniza se fue conformando,
puesto que antes no lo tenía. Nosotros nos hemos demorado mucho
en reconocer eso, ese es el gran problema que tenemos los chilenos.
Esto obedece fundamentalmente a que recién ahora se le está
dando una importancia a la gastronomía.
¿Usted
cree que este nuevo aire que tiene la gastronomía actualmente
obedece también a una cuestión social?
Por una parte yo creo que sí. Antes ser cocinero era
extraño e incluso mal visto. Si tú cuando niño
decías que querías cocinar, eso era de niñitas.
Ahora las cosas han cambiado. Si tu sales con tu chaqueta de cocina
al supermercado la gente ya no mira raro, tenemos un estatus normal,
incluso nos piden recetas. Chile se demoró mucho en tener institutos
gastronómicos, antes había uno o dos, pero ahora está
lleno. Ahora aquí hay un juego importante también por
parte de las comunicaciones. Nosotros antiguamente para tener un condimento
equis teníamos que decirle a los familiares que nos trajeran
algo del extranjero. Lo mismo sucedía con las recetas. En cambio,
ahora tú aprietas un botón y con Internet está
todo a la mano. Entonces cambió el mundo, y la gastronomía
no está ajena a esos cambios. No obstante todavía tenemos
algunas trancas. Por ejemplo, la merluza. Los chilenos no la comen,
pero los españoles se la pelean. En San Sebastián, en
el país vasco, te sirven una Merluza española, pero resulta
que es de Punta Arenas.
La
cocina chilena está evolucionando y va a evolucionar más
todavía, porque ahora se agregan otros tecnicismos.
¿Hacia donde cree que va esta evolución de la
comida nacional?
Yo creo que en definitiva Chile se va a transformar en un país
con una gastronomía muy propia y regionalizada.
La
misión de un cocinero es cocinar rico. Sea el más simple
estofado o el plato más sofisticado de Turbot o Langosta, ¡rico!.
Esa es nuestra misión, cocinar rico. Nosotros tenemos una sensibilidad
que tenemos que entregar en el plato, algo armonioso que a la gente
le guste y que sea rico.
La
cocina chilena tiene mucho que decir, pero a lo mejor no supo aprovechar
las influencias que tuvo. Pero de a poco las comienza a aprovechar.
Además hay más medios. Antes uno tenía que comprar
un ciervo entero y llevárselo al restaurante. Ahora yo compro
el filete, el lomo. Los tecnicismos están cooperando a que la
cocina sea más fácil de manejar.
¿Qué
elementos cree que caracterizan a nuestra comida?
La comida actual tiene la ventaja de poder tener ingredientes
más sofisticados y tener una variedad de especias que son de
fácil acceso y de gran calidad. Eso te permite ir mejorando,
renovando y cambiando la cocina, cosa que el paladar del consumidor
vaya recibiendo permanentemente cosas cada vez más ricas.
En
diversas publicaciones se habla mucho de la nueva cocina chilena ¿cuándo
diría que fue el punto de partida?
Hace 10 o 12 años cuando más. Cuando yo llegué
con mis corderos al hombro desde Punta Arenas no había ningún
restaurante chileno que lo tuviera. Yo empecé con el “Mesón
del Calvo” y con el cuento del cordero y ahora todos los restaurantes
lo tienen. Pasa lo mismo con la comida de la Araucanía, recién
ahora la gente le empezó a dar vueltas a los platos de los araucanos,
pero los araucanos tiene una expresión gastronómica espontánea,
ellos van cocinando lo que tienen. Hoy tienen cerdo y se lo comen con
las cosas que tienen. Generan su accionar gastronómico de acuerdo
a la época.
¿Quiénes son los precursores de la nueva cocina
chilena?
Si tuviéramos que decir nombre categóricos, el
primero sería Guillermo Rodríguez, que ha tenido la posibilidad
de viajar mucho, y él empezó a llevarlo a los festivales
a los que asistía. Yo, por ejemplo, el año 1997 fui invitado
a un festival en Sudáfrica, en Johannesburgo, al hotel Sandton
Hilton. Llevaba la cocina auténtica regional patagónica:
centolla, ostiones, cordero, congrio y llevaba producto silvestres como
el ruibarbo y el calafate y armé una cocina patagónica
que fue un impacto absoluto. Ellos tenían estimado vender a 500
personas y le vendimos durante cuatro días a mil personas. El
resto de las cocinas terminó trabajando conmigo. Yo lo que llevé
fueron platos como tales: costillas de cordero con ostiones rosados
de la Patagonia, caldillo de congrio, chupe de centollas. Además
los postres eran muy característicos y el Pisco Sour que era
un verdadero éxito.
Siguiendo en el camino de los tragos ¿Qué rol
cree que juega el vino dentro de la comida chilena?
Yo creo que tiene un rol especial dentro de la cocina. Antiguamente
se cocinaba con vino y la gente, por falta de conocimiento, usaba el
vino que se le pusiera por delante. Ahora se sabe que las sepas tienen
distintas utilidades y que en la preparación se va el alcohol
y queda el sabor, entonces hay que buscar bien las combinaciones. En
Chile tenemos muy buenas sepas como el Carmenere y el Cabernet Sauvignon
que es bien potente. Naturalmente que los paladares hay que irlos acostumbrando
y poco a poco eso se está dando, en parte también gracias
a las viñas y los enólogos. El vino en la cocina chilena
tiene que decir cualquier cantidad. Hay una buena integración
que se da desde hace cinco años, pero que ha sido muy fructífera.
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