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Vicente
Gómez
Es
el dueño y chef del restaurante El Caramaño. Indiscutiblemente
es uno de los opositores de la llamada "nueva cocina chilena".
La oferta culinaria agrega categoría a los habituales platos
de nuestra tradición chilena, destacándose en el ambiente
nacional.
Su
“boliche” como lo llama fue uno de los primeros restaurantes
en reivindicar la cocina chilena, lo que lo transforma en una persona
que tiene autoridad para hablar, la autoridad que entregan los años
y la experiencia.
¿Cómo
considera que ha sido la historia de la comida chilena?
Para hablar de la comida de un pueblo hay que hablar de su
historia. Cuando hablamos de comida típica de un país,
en un continente como América, donde se produjo grandes traslados
de productos, no es fácil. Así, en Chile sólo parece
la ganadería en el momento en que llegan los españoles.
Antes sólo nos alimentábamos de camélidos como
guanacos, llamas o alpacas que cazaban nuestros antepasados. Además
me pregunto, ¿a título de qué, en nuestro muy especial
estilo chileno, le reconocemos mérito a todo lo extranjero y
jamás a lo nuestro?. Todos los países de América
tienen cocina propia, menos nosotros, y nos basamos en el Larousse Gastronomique
que dice que nuestro único plato es el charquicán. Sostener
eso me parece abiertamente una barbaridad.
Ya
que esto le parece una barbaridad, ¿qué otro plato destacaría
como propiamente chileno?
La participación de los jesuitas en la conquista de
América, partió con una concepción muy distinta
a la de los españoles, que consideraban al nativo un hereje o
un ser inferior. Los religiosos sólo querían convertirlo,
para lo que emplearon sus conocimientos. La yerba mate por ejemplo,
la trajeron los jesuitas de Paraguay y no sólo a Chile, sino
que a diversas partes del continente, como Uruguay, Argentina y Brasil.
Yo me crié en el campo y tomé mate toda mi vida. Además
los araucanos atravesaban la cordillera como Pedro por su casa. La quinua
se cocinaba en Chile antes que llegara el arroz. Incluso antes de conocer
el Quaker hacían postres con la quinua. Claro que, al igual que
la yerba mate, se reemplazó, en este caso por el arroz y en el
de la yerba mate por el té. Se fueron perdiendo las costumbres.
¿Pero
qué destacaría como típicamente nuestro?
Típico nuestro es el choclo. Cuando lo transformaban
en maíz lo usaban para hacer chuchoca, que muchas veces acompañaba
las cazuelas y otras preparaciones. Así también nacen
el pastel de choclo y las humitas, que son platos netamente precolombinos,
sólo que antes el pastel de choclo se hacía con carne
de camélido picada y no molida.
¿Usted
se considera una especie de precursor?
Hace
22 años cuando inauguré El Caramaño, la comida
chilena o era comida de rotos o no existía. Hace 22 años
que estoy gritando esto. Si mis pares se ponen en el corazón
tendrán que reconocer que no existía “Les Toques
Blanches” ni otro establecimiento que expendiera comida chilena.
Les
Toques Blanches por ejemplo sostiene que a la cocina chilena le falta
identidad y hay que darle un retoque. Yo sostengo que a la comida chilena
no le falta identidad, los que hemos perdido la identidad somos nosotros.
Nosotros somos los que nos amargamos porque no somos rubios de ojos
azules. Hay una pérdida de identidad nuestra. Somos como esponja
para absorber lo que viene de afuera pero no somos capaces de mantener
con orgullo lo que es nuestro. Les Toques Planches, por ejemplo, esté
en re-crear la cocina chilena y si quieren hacerlo, que lo hagan. Pero
establezcamos que es la nueva cocina chilena y no destruyamos la comida
tradicional nuestra.
¿Entonces
Les Toques Blanches es una nueva etapa en la historia?
Sí, una que empieza hace 8 o 10 años, no más.
Antes ninguno. Nadie puede decir en mi cocina o en la de tal restaurante
cociné plateada.
¿Usted
diría que fue una especie de precursor con su restaurante, para
hacer de la comida algo más elegante que comida para rotos, como
decían antes?
No
existe el producto ordinario ni el producto fino. Existe el cocinero
ordinario y el cocinero fino. Su fineza no está en la parafernalia
que le agrega al plato sino en cómo lo prepara. La lenteja es
un plato finísimo bien preparado.
¿Cuáles
son los elementos característicos de nuestra cocina?
Nuestros sabores de infancia: sal, pimienta, orégano,
ají de color. Para algunas cosas, ajo. Muchos le han restado
a la comida chilena el picante, porque hoy todo es light.
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