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Un solitario amante del arte

Tener un perfil bajo. Esa era la principal característica del inmigrante croata Pascual Baburizza Soletic que llegó a contar con una de las mayores fortunas de nuestro país en la primera mitad del siglo XX. Hasta después de su muerte siguió rigiendo esta premisa, ya que poco se sabe de este dálmata que vino a Chile a realizar su propio sueño americano.

Baburizza nació lejos de nuestro país. El 28 de abril de 1875 en Kolocep, ubicado actualmente en Croacia, pero que en ese entonces pertenecía al Imperio austro húngaro. Hijo de una familia humilde que vivía del cultivo y de la pesca, decidió emigrar a los 17 años para escapar de la opresión de los territorios eslavos.

Llegó a Chile en 1892, junto a su hermano Vicko, sin hablar español, con pocos contactos, y comenzó su nueva vida en la cuidad de Iquique que lo sedujo por dos razones: el gran número de inmigrantes dálmatas y el boom del salitre.

Antes de comenzar a cultivar una gran fortuna con el salitre, Baburizza probó suerte indirectamente con el oro blanco. Vendía carne y pescado a los habitantes de la pampa salitrera. Más por intuición que por conocimiento económico se transformó con los años en un gran empresario, posicionándose en los rubros de la minería y agricultura, además de compañías y sociedades.