"Todo buen pintor que aspire a crear auténticas obras de arte, antes de nada debe casarse con mi esposa. Cualquier hombre puede tener una esposa, pero solamente es Gala la que cura su espíritu, la que vive continuamente como una esposa... la que hace algo cuando no hace nada."

  Salvador Dalí

Por Francisco Águila

Dalí y Gala visitando las ruinas de un antiguo pueblo descubierto por unos arqueólogos.

Un hombre se puede enamorar muchas veces en su vida de una mujer, pero enloquecer por una hasta hacerla casi su diosa, es poco común. En un tiempo en que la violencia entre los hombres estaba latente, pues en Europa había terminado la primera Guerra Mundial y pronto comenzaría otra aún más terrible, Salvador Dalí la encontró. Una tarde de 1925 apareció Helena Ivanovna Diakonova, más conocida como Gala, en el despacho del pintor. El poeta francés Paul Eluard quien los presentó, era el marido de ella desde hace un tiempo. Hasta que visitaron Cadaqués.

De su niñez poco se sabe. Había nacido el 26 de agosto de 1894 en Kazán, Rusia. A los 16 años enfermó de tuberculosis, por lo cual sus padres la enviaron a un sanatorio en Suiza, lugar en que conoció a Eluard, con quien se casa en 1917 y tienen una hija llamada Cecile.

Con el tiempo el poeta la insertó en el naciente mundo del surrealismo, llegando a ser la musa de muchos artistas la incluyeron en sus obras antes que Dalí, entre ellos el alemán Max Ernst, con quien, se dice, tuvo un romance que provocó que Eluard se alejara de ella en largos viajes. Al cabo de un tiempo Gala encontró a su marido en Saigón. Esa era la magnitud de lo que provocaba su imagen en las personas que la conocían.

Gala fue dueña de una personalidad avasalladora y un temperamento terrible, según cuentan quienes la conocieron. Exuberante, promiscua y a la vez exigente con los hombres que estaban a su lado, ellos debían fascinarla, hacerla soñar, superarse a sí mismos.

Fleur Cowles en su libro "El caso Salvador Dalí" cita a Margaret Case Harriman, quien escribió el 1 de julio de 1939 en el diario New Yorker: "Muchos surrealistas se han enamorado de Gala antes de su matrimonio con Eluard, y era tan fuerte su impresión en ellos que, cuando se hablaba de la pintura, el libro o la escultura de algún colega, decían: "¡Oh, sí, es bueno porque ha estado enamorado de Gala!", lo cual la eleva a la categoría de ícono del surrealismo de mediados del siglo XX.

Mientras Dalí pinta, Gala lee textos en ruso. Su voz lo inspira aunque no entendía nada.
El encuentro con Dalí se produjo gracias a que un grupo de surrealistas, visitaron al pintor en su ciudad natal en España, para conocer su última creación, "Le Jeu Lugubre", encargado por el vizconde de Noailles. Entre ellos estaban Camilla Goemans, que le organizó su primera exposición en París, el pintor René Magritte y el escritor Luis Buñuel. Más tarde llegó Eluard con Gala. Al verla, Dalí se enamoró perdidamente y a pesar de que ella estaba casada con un amigo suyo, se decidió a conquistarla.

El artista cuenta en una de sus entrevistas que veía a su amada en sueños cuando niño. "Ella era una pequeña humanidad tapada completamente de pieles en un trineo, asediada por lobos con ojos fosforescentes". Esa era su imagen más adorada; decía que la fisonomía de Gala era idéntica a la de la niña.

Cuatro años más tarde, en una playa, vestido con traje de baño y flores, Dalí se declaró. Gala lo acogió a pesar de su matrimonio con Eluard, una hija y ser diez años mayor que él. Tal vez sintió que era la persona que ella buscaba, tal vez intuyó que el verdadero amor llegaría con él, ese amor increíble, un amor de locura y pasión, un amor más allá de lo normal, como era lo que sentía el pintor por su musa inspiradora. "Mi pequeño, jamás nos separaremos", le dijo sin vacilar. De ahí en adelante fueron uno solo. Algunos dicen que ella buscaba fama, riqueza e inmortalidad, cosas que Eluard no podría darle. Si era así, lo consiguió, pues Dalí le entregó a manos abiertas riqueza y una posición en el arte mundial como pocas mujeres han tenido en la historia de la humanidad.

Pasado un tiempo desde aquella tarde se mudaron a Port Lligat en la costa española. Dalí considera el lugar perfecto para su trabajo. Se inundó del paisaje y los tonos que éste tomaba durante el día, la noche y el amanecer. Era una soledad ansiada por ambos, lejos del mundanal ruido y el glamour de París, epicentro del arte mundial en ese momento, y en cuyas galerías exponía sus creaciones.

Entre tanto, Eluard le escribe cartas contándole de su soledad y la de su hija, algunas de las cuales el propio Dalí leyó, pero que sin embargo, no logran siquiera su respuesta. En cuanto a la relación entre Eluard y el pintor catalán después del inicio del romance del último con Gala, poco se sabe, pero según algunas cartas del poeta publicadas años más tarde sigue sintiendo afecto hacia él.

Desde 1940 a 1948, Gala y Dalí se van a vivir a EE.UU. El artista expone en Nueva York y amasan una gran fortuna gracias a los negocios que ella hacía con las creaciones de su esposo. Para poder entrar con su musa al país debían estar casados por el civil. Lo hicieron en secreto, supuestamente en 1935, según contó a un amigo en una carta. La boda por la iglesia se celebró el 8 de agosto de 1958 en una capilla privada.

Ella se transformó en el norte de Dalí y en quien ordenaba aquella parte de su vida que él por sí sólo no podría. Muchos dicen que fue el artista genio que fue gracias a su esposa. Gala le dio un camino a esa locura que el artista descargaba en sus pinturas, ordenó su diario vivir, organizaba las exposiciones, hacía los contactos y manejaba a la perfección la economía familiar, le leía mientras él pintaba, aunque no entendía nada, pues ella lo hacía en ruso. Pero la melodía de su voz lo envuelve todo, contaba el pintor.

Retrato de Gala con síntomas rinocerónticos. 1954, Óleo sobre tela.
La inmensa pasión que sintió por ella y que mostraba al mundo cada vez que podía, lo hizo retratarla en innumerables ocasiones. Su silueta aparece en muchas de sus obras; su influencia y su personalidad también. Algunas veces hacía contratos a los que el artista se negaba. "Ou tu signes, ou je m’evais a New York", le decía para obligarlo. Él, enojado, se encerraba en su habitación, pero finalmente accedía a sus deseos y firmaba.

A pesar de todo, el pintor seguía conectado en esa onda transgresora que era Gala. Dalí la llamaba de diferentes formas: Abeja, porque descubre y lleva "todas las esencias para la colmena hirviente de mi cerebro". Leoncilla, porque cuando se enoja "ruge como el león de la Metro Goldwyn Mayer". Ardilla, porque a él le parece uno de esos pequeños animales del bosque.

Con el correr de los años, ni todo ese amor que Dalí sentía por su esposa pudo evitar que ésta buscara las aventuras que sólo la juventud le podía dar. Gala tenía fama de promiscua, y lo era. Vivía la vida "con toda intensidad", contaba. Su predilección por los jóvenes altos y rubios la hizo saltar de uno a otro. El más conocido es el protagonista del musical "Jesucristo Súper Estrella", Jeff Fenholt, quien la visitaba en el castillo Púbol, regalo de Dalí, y que Gala utilizaba como nido de amor.

Después de pasar 53 años juntos, esa figura que llenó la existencia de uno de los pintores más excéntricos e importantes del siglo XX se desvanece en el mismo lugar en que pasó media vida. Un paro cardiaco se llevó a la controvertida musa el 1 de junio de 1982 en Port Lligat a los 88 años. Salvador, su gran amor, a quien dedicó la mayor parte de su vida y que la llevó a la fama mundial, al cabo de siete años fue a su encuentro.
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