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14 de febrero día de los enamorados

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Concurso

Más de 200 historias de amor llegaron hasta el correo de puntomujer con el fin de ganar una cena para dos este día de los enamorados. A continuación, lea las dos ganadoras de esta romántica velada y además las menciones honrosas.

Ganadores de la cena
Patricio Urrutia Amor italiano
Richard Greswell "Historia de amor"

Menciones honrosas

Sarita Ahumada "Mi historia de amor"
Jesús Figueroa "Nuestra historia"
Marcela Lewis Desde Cuba con amor
Alexis Riquelme "Nuestra historia de amor"
Pablo Barañao Paseo en limusina
Angélica Dossetti "El acuerdo"
Paulina Lobos "La blanca que amaestro la pantera"
Juan Enrique Sierra "Historia romántica"

Patricio Urrutia Amor italiano

Hace ya muchos años, vivía en el sector de la Plaza Brasil, y recorria diariamente la avenida Brasil cuyo destino final era el colegio SS.CC de Alameda. En la esquina de Agustinas con Brasil, existía un almacén, cuyos propietarios de origen italiano tenían una hija muy hermosa, Andra se llamaba, cada vez que la veía suspiraba y un sudor frío recorría mi frente, juntaba las monedas de mi mesada para comprar algo en el citado negocio, solo mi dinero era para camotillos, pero la veía, cuando ella me preguntaba que deseaba, no me atrevía a decir nada, y salía corriendo, ambos solo teníamos 15 años, al llegar a la calle, me daba vuelta y ella con sus grandes ojos azules me miraba y una sonrisa dibujaban sus labios.

Pasaron los años, y un día al comprar cigarrillos, la vi tras el mostrador sola, nerviosamente la invite a salir, sus ojos azules me miraron, y un silencio sepulcral invadió el ambiente, a ambos no nos salían palabras, pero ella al final me dijo que seria la mujer mas feliz en acompañarme, lo había deseado desde la primera vez que entre al almacén, pero su padre la había obligado a estar de novia con un italiano de la colonia, y que debería casarse con él, tal vez la semana entrante. Vi en sus ojos una amargura y tristeza, los que se juntaron a los míos, abandonando en almacén con una espada que atravesaba mi garganta.

Al terminar mis estudios del colegio, entre a la Universidad a estudiar Medicina, y una vez titulado de medico cirujano, de la Universidad de Concepción, ejerciendo en el Hospital Regional ya como jefe de pabellón, me toca atender a una señora a la que debería intervenir de urgencia debido a una enfermedad terminal., cuando el dr. anestesista me indico que en 5 minutos estaría listo, le vi la cara, y no pude contener las lágrimas, las que corrieron por mi cara ocultándose en mi mascarilla, ella al verme, solo atinó a tenderme la mano, diciéndome “en difícil momento nos encontramos, pero tu sabes que siempre he sido tuya”. Le pedí a otro Dr. que me reemplazara, yo estaría en el quirófano sólo tomado de su mano.

Terminada la operación, y ya en su pieza, me dijo que en toda la intervención, solo sintió mi mano junto a la de ella, yo sabia que prontamente no la vería mas por su estado avanzado de metástasis, y ella adivinando mi pensamiento, me dijo “quiero llevarme ese recuerdo cuando comprabas camotillos y te ponías nervioso, yo también lo estaba, y esperaba tu pasada todos los días” cerro sus ojos y solo un suspiro invadió el ambiente.
Hace algunos días pase por el viejo almacén de Agustinas con Brasil, y entre a comprar camotillos, en el mostrador había una muchacha de solo 15 años con grandes ojos azules y tierna mirada, la que en un castellano chapuseado, me dijo “siñore uste compra shiempre camotillos, mi tata deshia, que había un joven que lo hacia hace años, y solo lo hacia para ver a la Andrea.
Salí del almacén con un nudo en la garganta sin decir quien era, y al llegar a la calle mire hacia el mostrador, y vi a la Andrea con sus ojos azules y sonrisa en sus labios.

Richard Greswell "Historia de amor"
Una historia de amor? De nuestro amor?
Bueno nuestra historia fue una historia breve y fulminante. Volvía yo, aun soltero a Chile el año 77 después de 7 años en Australia. Solo quería una sola cosa. Haraganear en casa de mi familia en Maitencillo hasta aburrirme. Mientras trabajaba en el tubo de escape de un jeep viejo que compré pude darme cuenta de unas piernas bonitas que estaban esperando que terminara y saliera de debajo. Era la linda amiga de una vieja amiga. Se llamaba Loreto y era hermana de las Carmelitas Descalzas con salida especial. Cuento corto, al otro día la encontré sola caminando por Maitencillo sur y la invité a continuar el paseo en mi jeep hacia el sector de las iglesias por la playa. La marea estaba baja y pasamos la primera puntilla de aguas blancas. Allá en las iglesias nos conocimos otro poco y era momento de regresar. Pero la marea había crecido y ya no se podía pasar sin meter el vehículo al agua.

Trate de impresionarla mostrando mis dotes de aguerrido conductor pero el vehículo se trabó en unas rocas y recuerdo como una hola casi nos tapó. Apenas pudimos salir medio gateando y nadando a tierra firme. Ahí quedamos mojados completamente arreglando el mundo pues el jeep se hundió en el mar. En lo que restó del paseo fui a dejar a esta hermosa y simpática hermana que no estaba muy bien entendiendo que diablos hacía hundiéndose con un hombre desconocido en un vehículo en el mar. Ella disfrutó cada momento de la extracción del jeep del océano con un soga de dos pulgadas que me presto el alcalde de la caleta, don Rogelio Cisterna y los dos bueyes de dos mil kilos c/u de don Atilio Basaez... Porque el tractor del fundo no fue capaz de desenterrarlo de la arena levantándosele las dos ruedas de adelante... Una vez nosotros a resguardo ya otro día recuperados un poco del percance...comencé con el completo desarme que hice yo mismo del vehículo hasta la ultima pieza y colocando todas las piezas dentro de la casa para sacarle la arena una a una. Ella estaba fascinada con mi "maestría" (mis dotes) y no podía creer que el jeep volvería a funcionar. Así nos hicimos amigos o más que amigos diría yo....y al irse le pedí que nos volviéramos a ver lo cual me prometió que no podría ser pues ella debía entrar al claustro.

Yo estaba muy triste pero de pronto consintió a la idea. Creo que pensó que si yo podía desarmar y armar un vehículo completamente en un par de semanas estaba entonces tratando con un tipo inteligente....un tipo que valía la pena....como digo creo que esto fue un plus aunque ella dice que cayó por mí en forma instantánea...(desde el primer momento) ¡ Je. je, je!; yo creo que si un tipo sabe hacer algo, entonces ese algo es un ¡Adicional! La cosa es que a los cuatro meses estábamos casados para felicidad nuestra y para el lamentar de la orden de las carmelitas descalzas. Esto hace 29 años . Nota importante.... El jeep efectivamente anduvo algunos kilómetros es cierto pero después murió en forma definitiva, pero ¡que manera de darle uso...! digo yo.

Sarita Ahumada "Mi historia de amor"
En los setenta la vida era distinta. Creíamos en las utopías y en cambiar el mundo, parecía más fácil, más cercano, más real… más posible

Yo estaba en la universidad. Había llegado desde Concepción, había dejado padres, familia y amigos por seguir mi sueño.
En concepción yo era exitosita, triunfadora e importante (si es que se puede ser importante a los 17 años). Pero mi historia de dirigente política (centro de alumnos) de cantante de peñas, de actriz de teatro premiada, de puntaje nacional en la PAA, me hacia sentirlo
Ya en Stgo. descubrí que la vida era distinta, que solo era una más y que en el Campus Oriente de la UC habían muchas y muchos como yo…

En esa estaba…
Viviendo a concho, fascinada con la universidad, con el mundo de las ideas, descubriendo el lenguaje y el pensamiento como herramienta de desarrollo y crecimiento. Soñando con mis post grados en La Sorborne…
Cuando apareció él...
Con unos enormes ojos azules que miraban hasta el fondo… con una historia de creer en si mismo, de luchar y de inventarse, de ir en contra de todo por buscarse… y yo, la “súper”la que podía controlar todo, manejarlo todo analizar todo desde una racionalidad que me hacía estúpidamente superior a los demás…
Me hundí para siempre en el fondo de esos ojos azules….

El traía una historia… de sueños rotos…traía dolores…traía de su mano una niña de 3 años, ganas enormes e empezar de nuevo, de levantarse, de volver a creer de volver a amar… de construir una vida nueva , para él …para su hija…

Y me eligió a mi para intentarlo… y lo elegí a el para intentarlo

Me sumergí en sus ojos, me abandoné a su abrazo… tome a su hija de la mano… y empezamos a caminar juntos…

No fue fácil… Muchas voces agoreras, nos teñían un pronto fin a nuestra historia…
Mi familia quería algo mejor para mi (menos hippie, más “correcto”, sin hijos), Su familia quería algo mejor para el (menos izquierdista, más señorita. mas correcta)…

Y sin embargo lo hicimos…Nos tomamos de la mano y empezamos a caminar…en septiembre del 77, empezamos a inventar esta mixtura de Pink fluid y canto nuevo…

Queríamos casarnos. Pero no podíamos… entonces nos fuimos a vivir juntos, los 3…para escándalo y dolor de nuestras familias, quienes seguían augurando desastres…

Vivimos en una casa hermosa en el barrio Bellavista, en donde crecimos, trabajamos, guitarreamos, protestamos y ayudamos, desde nuestros pequeños espacios a terminar con la dictadura…

En eso estábamos cuando nuestro hijo anuncio su llegada…. Nuestra familia crecía… nuestra hija tenía ya 10 años y así ya podíamos decir que éramos una familia.

Han pasado 29 años desde entonces, desde ese comienzo, nuestros hijos son adultos, con una vida plena y feliz…creciendo y desarrollándose en el arte y siendo buenos, bellos y exitosos.

Han pasado muchos años… y yo sigo sumergiéndome en esos mismos ojos azules que alguna vez me eligieron…
Ha pasado el tiempo…ya no somos tan bellos, tenemos kilos de más, arrugas y surcos, canas y mañas…algunas cicatrices en el alma…Pero hemos construido nuestra historia…para nosotros…para nuestros hijos… Estamos viviendo el futuro que alguna vez soñamos.

Seguimos guitarreando, escuchando a Pink floid, a Serrat, a Silvio, a Sabina… y hemos descubierto los nuevos sonidos de los nuevos años…

Aún me admira ese hombre hermoso… que alguna vez me eligió y a quien me encanta haber elegido…

Jesús Figueroa "Nuestra historia"
Quisiera comenzar aclarando que no soy de esas personas que les gusta hacer pública su vida, de hecho eso de llevar diarios y recientemente el tema de los blogs siempre me ha parecido, en el primero de los casos dejar abierta la posibilidad de que se conozca nuestra intimidad y en el segundo abrir de par en par las puertas de nuestra vida; las cuales desde mi punto de vista son el tesoro preciado que debemos guardar hasta que nuestra descendencia se haga merecedora de esas experiencias vividas.

Pero por lo último que hemos vivido Paula y yo, creo que merece la pena contar esta experiencia de vida.

Conocí a Paula en un bar fantástico de Barcelona, llamado la Fira, era un lugar que a primera vista no le envidiaba nada a las terroríficas casas de la risa que podemos ver en las películas gringas. Ese era el lugar preferido de Cristian Figueroa, un chileno que recién había conocido en la Universidad Politécnica de Cataluña, donde estaba comenzando mi Doctorado y con el que compartía oficina en el centro de investigación donde desarrollamos nuestras tesis doctorales, creo que por poseer el mismo apellido. Allí de repente apareció un par de amigas de Cristian, las cuales habían llegado recientemente a Barcelona y las cuales eran potenciales compañeras de piso.

Debo confesar que no fue amor a primera vista, pero si me llamó la atención una particularidad en la sonrisa de Paula, era diferente a todas las demás, no era forzada, no era fácil, era una sonrisa que de alguna manera le costaba, probablemente por la añoranza de los seres queridos y el terruño.

Tiempo después y no se por qué, pero lo agradeceré eternamente; fui adoptado por el grupo de chilenos como la mascota caribeña proveniente de una exótica isla llamada Margarita. Aprendí que las salidas a rumbear se denominaban “carretes” y de alguna manera esa chica llamada Paula era de las que bailaba salsa y las que se atrevían en las salas de baile latino en las discoteques. Ella estaba haciendo una práctica en una editorial alemana basada en Barcelona y en principio era por 3 meses, pero se había alargado, conocí las penurias de los que piden permiso de trabajo, el pago del seguro, la revisión médica, la cola para los papeles, etc.; todo eso de los cuentos de Paula, porque yo solo había presentado mis papeles de estudiante y el certificado de mi beca y listo.

Para semana santa del 99, Cristian organizó un viaje a Madrid, alquilamos un auto y se sumaron Paula y una amiga recién llegada de Santiago, que también era conocida de Cristian, la Lily. Fue un viaje genial, la pasamos bien, al final tuve que compartir habitación en un hotelucho con Paula y Lily, para ahorrar unas pelas y me impresionaron 2 cosas, que estas chicas mochileras y aperradas (ya había avanzado en los chilenismos) dormían con pijamas cortitos de satén y en segundo lugar el arranque de Paula, a la vuelta de una cena; a un teléfono público para llamar a su casa, volvió llorando de felicidad por haber hablado con su gente, con sus hermanitos, me llamó la atención tanto apego y el fuerte lazo con su familia, lo que no cuadraba con los esfuerzos por quedarse en España.

Finalmente por cosas del destino y las vueltas de la vida, Paula decide volver a Santiago, en 3 meses partía de vuelta y dejaba el piso que había alquilado. Cristian fue quien me dio la idea de quedarme con ese piso, era más luminoso, más céntrico y mas barato que el mío, así que cuadré con Paula y me mudé para ya estar acomodado antes de su partida. Confieso que desordené la casa al llegar y le juré que lo arreglaba antes de amanecer y puedo oír sus palabras: “no te preocupes, non te urjas, ha sido un regalo maravilloso la posibilidad de compartir contigo por lo menos 2 meses y conocerte mejor”.

Fueron 2 meses intensos, ella terminó con su pololo chileno en Barcelona, yo terminé con mi polola catalana, la pasábamos chancho al ir de compras, al ir a lavar en la lavandería juntos, colgando la ropa en la azotea, compartiendo su impresión con los truenos en las noches de lluvia, los paseos a la playa, los asados en la terraza (a riesgo de la llegada de los bomberos por incendio) y viendo tele hasta las tantas de la madrugada, donde terminábamos abrazados y donde comenzó prácticamente todo.

Semanas después Paula encontró pega en una revista de libros y por insistencia mía se matriculó en un master de gestión de microempresas en la Universidad de Barcelona, nos quedamos en Barcelona 2 años más, dos años fantásticos y donde nos descubrimos un día en el convento de San Pedro en Cuenca (reconvertido en hotel y restauran) hablando de nuestra vida juntos y donde por un instante soñamos con proyectarnos en el futuro.
Siempre me costó un mundo que Paula se dejara querer, me costaba que soñara conmigo, que soñara con una familia (aunque ella adoraba las guaguas), que se proyectara en un futuro; no entendía nada hasta que compartió conmigo su pesadilla: había sufrido Leucemia con una recaída al primer año y eso no la dejaba soñar ni proyectarse en la vida, esa era la razón del fuerte lazo con su gente y el por qué de sufrir la lejanía de ellos al estar en Barcelona. De verdad fue un portazo en la cara, pero no dudé al decirle que como ella no había ninguna en el mundo y que no podía entender la vida sin ella.

Teníamos proyectos de quedarnos en Barcelona, nos habíamos enamorado de la ciudad, de nuestra ciudad, de la ciudad que vio nacer todo lo nuestro. Había ofertas de pega en Venezuela, atractivas desde el punto de vista monetario y posibilidades en Chile, pero no muy ciertas. Finalmente después de pasar unas navidades en Santiago y conocer esta maravillosa ciudad y a toda su familia, que nos aventuramos. Aquí en Santiago nos casamos por el civil a los dos meses de haber llegado Yo encontré trabajo en Concepción primero y luego en Santiago y ella volvió a su editorial junto a su padre. Nos mudamos a un departamento en Providencia, gracias al auspicio de su familia. Nos empezó a ir bien y al final estábamos en campaña para buscar guagua, la pasábamos fantástico y no había carrete ni salida mejor que pasar el fin de semana juntos en casa.

Lamentablemente el 25 de noviembre del 2004 Paula recayó de nuevo en la leucemia que la había afectado 8 años antes. Puedo confesar que entiendo la frase “se me movió el piso”, porque sencillamente sentí que me había quedado sin piso alguno, Paula, la razón de todo estaba frente a una prueba muy dura y donde las probabilidades de salir adelante eran escasas.
No agradezco esta oportunidad y si me preguntan, de verdad que hubiera preferido no vivirla, ya que nos hemos enfrentado a todo sin la ayuda de nadie, hemos sufrido el abandono del sistema de salud y al final solo nos han acompañado la familia de Paula, la incondicionalidad de sus viejos y sus hermanos, de los amigos de Paula y un grupo de gente que ha visto a Paulita levantarse de esta enfermedad ya 3 veces, que es el grupo de oncología de la Clínica de la Pontificia Universidad Católica, que no nos han abandonado en esta lucha. Todo esto en más de un año me hace entender ese fuerte lazo con todos y cada uno de ellos.

He visto a la mujer mas maravillosa del mundo vivir la vida temerosa ante su pesadilla personal, la he visto reír y llorar, he aprendido a soñar, me ha enseñado una visión de la vida fantástica, llena de respeto, admiración y unión con todos y cada uno de los que la rodean, la he visto sufrir con el sufrimiento ajeno, me ha enseñado una visión particular de Dios, la he visto enfrentar el sufrimiento y el dolor con la esperanza de salir adelante, la he visto temblar y llorar, pero nuca la he visto perder la fe.
A Paula ahora además de amarla con todo mi cuerpo y alma, la admiro; la admiro por esa fortaleza y entereza en el momento más difícil de la vida, por el riesgo que asumió junto a mí, al atreverse a soñar y a dejarse querer. Eso la hace la mujer mas maravillosa del mundo, la hace incomparable a las demás, la hace la persona más querible del planeta y hace de esta experiencia la mejor de la vida.

Le doy gracias al cielo por haber tomado las decisiones correctas en mi vida, decisiones que finalmente me llevaron a estar junto a ella, para vivir la vida a su lado.

Este ha sido un pequeño repaso de una historia de amor como las demás.

Marcela Lewis Desde Cuba con amor
Mi nombre es Marcela y me considero afortunada.

Todo comenzó como una gracia. Mi contextura física (bastantes kilos demás) no me había permitido mantener una relación seria con un hombre, siempre estaba en busca de alguien pero obviamente la carencia afectiva hacía que me equivocara muchas veces o casi todas.

Un día de Agosto del 2001, decidí publicar en una página web de encuentro de pareja un aviso para encontrar a mi media naranja, aludiendo que ya no quería más aventuras y que a pesar de los kilos de más que yo tenía, era bastante atractiva. Dentro de los "galanes" que me respondieron (no muchos, porque decir en Chile que uno es gorda, automáticamente los hombres se espantan) hubo uno que me llamó la atención. No sólo porque no me trataba de preciosura o "mi reina" sin conocerme, sino porque me escribía desde el extranjero y sólo me ofrecía una amistad muy respetuosa. Sólo 2 líneas bastaron para que mi vida diera un giro de 360°

Me dijo: "Soy cubano, vivo en Buenos Aires y me gustaría ser tu amigo". Eso fue todo. Decidí responderle y contarle más de mí, de lo que yo hacía, de lo que me gustaba, a lo que me dedicaba, de mis amigos, mi familia, de cómo yo era realmente. Así comenzó un intercambio de correos electrónicos que cada día comenzaron a tomar tonos distintos, desde "Querida Amiga" hasta "Mi Amor". Nos hablamos unas cuantas veces por teléfono, pero la distancia que nos separaba ya estorbaba enormemente en nuestra relación.

Nos necesitábamos cada día más, las ganas de mirarnos, de conocernos, de saber cómo sería tocar la piel del otro, de conocer nuestras sonrisas, terminaron por adelantar el encuentro. Decidimos dar un gran paso y probar cómo sería estar juntos.

Llegó un día 2 de Enero del 2002, en un vuelo de Lan Chile a las 14:00 hrs. tan sólo 4 meses ½ después que respondió mi aviso de la web. Yo no estaba nerviosa, más bien ansiosa de que él me abrazara con esos brazos musculosos que yo había visto en las fotografías que me había enviado, quería sentirme rodeada de su cuerpo, de su cariño, de su aroma, de todo lo que él me había escrito.

Nos reconocimos rápidamente, él sabía que era yo porque me había descrito muy bien, y yo sabía que era él porque era el moreno más hermoso que yo había visto en mi vida. Sin hablarnos lo primero que hizo fue abrazarme y así estuvimos unos minutos, los minutos más electrizantes de mi vida.

Nos fuimos a mi departamento, yo le había preparado un opíparo almuerzo y le tenía cerveza de todas las marcas porque yo sabía que como buen cubano él iba a apreciar mucho ese gesto. Conversamos, nos reímos, nos conocimos, hicimos planes, nos miramos, nos mimamos, nos proyectamos.

Venía sólo por 15 días, pero el destino quiso otra cosa, quiso juntarnos. A los 3 meses de estar juntos, partí sola por 2 semanas a su casa en La Habana, a conocer a su familia quienes me recibieron como si me conocieran de toda la vida. A través de ellos pude darme cuenta de la fortaleza de mi amor, de sus orígenes, de porqué es el hombre más luchador que he conocido, me sentí orgullosa de la persona que tengo a mi lado, me sentí afortunada de que él me diera la oportunidad de conocer un mundo que no era el mío, y que a través de ese mundo yo me enriqueciera sentimentalmente. Orgullosa de que el hombre que camina a la par conmigo es un hombre de principios, de valores infranqueables e inquebrantables.

En este tiempo que hemos estado juntos no niego que no todo ha sido color de rosa, porque el amor es de dulce y de agraz. Pero los momentos difíciles han fortalecido la relación. A mi personalmente me ha hecho crecer mucho, me ha ampliado la visión, mirar más allá de mis propios gustos y placeres.

Hoy, cuatro años y un mes después seguimos juntos, conociéndonos más día a día, sabiendo aceptar los cambios, tolerando las diferencias, con muchos de los proyectos cumplidos, con la vista hacia el futuro, en compañía, juntos, con el mismo brillo en los ojos y sintiendo la misma electricidad del primer encuentro cada vez que me abraza.

Alexis Riquelme "Nuestra historia de amor"
Resumir 26 años desde que todo comenzó es un desafió que bien vale la pena, recordar cuando tenía 20 años y una gran cantidad de líos en mi vida que no sabía resolver, la indecisión, mi salud y mi falta de irreverencia hacían estragos en mi, sentía que el último rallito de sol se extinguía en mi vida, cuando un domingo cualquiera en el que le pedía a Dios que me mostrara el camino, que me diera una señal, al canto del coro de la iglesia presté especial atención, era diciembre de 1979, miro hacia él y sólo veo su nariz perfecta, fina (hasta ese día no sabía que era lo primero que me fijaba en una mujer), ella morena de grandes ojos, delgada muy delicada, agraciada, hermosa, pensé... ¡¡será que Dios te pone en mi camino!!, no lo sé, solo sé que intuí que en los planes del creador ella tenía un protagonismo en mi historia y vaya que si ha sido, sentí que la luz comenzó a brillar en mi vida, fue el faro que me iluminó desde ese momento, al que seguí día tras día, crecimos ambos yo a la Universidad, fuera de Santiago, ella muy inteligente entró en Santiago, luché para que me dieran mi traslado a la misma Universidad que ella, lo logré, demoré un año y medio, en el ínter tanto comenzamos a conocernos, ella aquí, yo en la Serena, cada viaje era añorado por ambos, cartas, llamados, el poco tiempo que teníamos era para pasarla juntos, ya en Santiago, seguimos juntos, en nuestra vida había algo en común que nos unía más allá de nuestro amor era nuestra sensibilidad social trabajábamos en la Iglesia, dedicamos años a una causa noble como lo era dar Vacaciones en la Ciudad a los niños de escasos recursos, dirigíamos al grupo juvenil, además yo dirigía (DT) al club deportivo de niños, en todo lo que hacíamos poníamos todos nuestros ideales al servicio de quienes a nuestro juicio lo requerían, eran tiempos difíciles en el país, pero nosotros siempre juntos a todas partes, momentos complicados en mi familia ayudaron a que necesitara más que nunca de su apoyo, ahí esteba ella, con la palabra precisa con su sonrisa perfecta diría Silvio, era mi compañera, éramos Partners.

Fuimos terminando la Universidad, ella primero, yo le seguí, ya éramos profesionales, decidimos emprender la empresa más difícil de la vida casarnos, nueve años después de comenzar a pololear, al año siguiente nació Gonzalo, a los cuatro restantes se sumó Karina; en medio de nuestro caminar aparecieron los fantasmas del amor por ambos lados, sin duda la vida nos ponía a prueba, pero demostramos que las bases eran fuertes, nos perdonamos mutuamente, corregimos lo que nos hizo fallar, fue duro, quedaron cicatrices, hace dos años, atrás comenzamos a dictar un taller para Matrimonios en conflictos “Reencantándome con mi pareja” fue el titulo, asistieron alrededor de 500 matrimonios con los cuales compartimos acerca del fenómeno de la comunicación en la pareja. Salvamos tres matrimonios según nos contaron. Luego de 15 años de casados podíamos hacer eso....

Hace una año a ella le detectaron cáncer de mama, otra vez la vida nos
puso aprueba, la enfermedad y el tratamiento le extirparon su seno y quebraron su emocionalidad y su orgullo de mujer, ella quedó calva, el calvario duro casi un año; hace dos semanas atrás terminó todo su tratamiento, las enfermeras que la trataron la felicitaron y le preguntaron si aún le quedaba marido, (la estadística es terrible, muchos maridos abandonan a sus mujeres), llegó a casa y me preguntó ¿aún me amas?, yo le dije, que mi amor por ella iba más allá de un simple seno, era lo que ella significaba para mi, para nuestra familia, una mujer es más que un par de lindos senos, estamos felices de haberle ganado al cáncer, de haberlo detectado a tiempo y de haber conocido mucha gente que nos apoyó económicamente y nos ayudó como pareja.

Ayer le conté en el almuerzo dominical donde nos juntamos los cuatro que forman nuestra familia que mi regalo para nuestro próximo aniversario era un fin de semana en Buenos Aires, solos, sin los niños, para escaparnos, para celebrar que 17 años después de decir “si acepto” seguimos juntos, más unidos que nunca, Borges decía la vida está hecha de momentos, nuestra experiencia ahora nos dice procuremos la mayor cantidad de instantes hermosos, esos son los que vale la pena recordar, el 31 de marzo próximo con mi partner nos embarcaremos juntos, para celebrar en el barrio de la boca o en otro lugar al otro lado de la cordillera y procurarnos muchos momentos más .......hasta que la vida no diga otra cosa........

Pablo Barañao Paseo en limusina
Vancouver (Canadá), 5 de Septiembre de 2002

Llegó nuestro cuarto aniversario de matrimonio y todo estaba preparado: la limousine en camino, el sol en su ángulo justo y la mesa reservada en el restaurante con mejor vista de la ciudad. Sólo había un problema. ¿Dónde guardar el regalo sin que la Paulina lo descubriera? En los bolsillos se vería demasiado, y cualquier cosa en la mano iba a resultar sospechoso. Tenía que ser una sorpresa total. Finalmente el lugar escogido fue el calcetín. Acertada elección. La limo llegó puntual, con chofer de color y vestido apropiadamente para la ocasión. Le indiqué la ruta al restaurante, la que pasaba por las calles más hermosas de la ciudad, las mismas que habíamos recorrido innumerables veces, pero ahora, desde adentro, todo se veía distinto. Era la primera vez que me subía a una limo, así que los primeros minutos fueron para descubrir las posibilidades del espacio, después una breve conversación, asegurarnos que la ventana hacia el conductor estuviera bien cerrada, y nos entretuvimos comprobando la amplitud de los asientos y la suavidad de su cuero ¿O era nuestro cuero el que recorrimos debajo de nuestra ropa, el que besamos sin acordarnos de dónde estábamos, el que mojamos, el que hasta hoy recordamos? Por momentos temí que sus pies descubrieran lo que escondía bajo mi calcetín, y hasta creo que en un momento sentí que lo pasaba a llevar, pero había otras cosas en las que pensar en ese momento... Primera parada: Prospection Point, en el Stanley Park, con vista al Lions Gate (puente colgante tipo Golden Gate). Había calculado bien la hora, y el sol se estaba poniendo justo en ese momento. Invité a Paulina a bajar por la escalera de piedra hasta un pequeño muro a media altura, para evitar el gesto arrastrado de los canadienses de ponerse de rodillas. Subí a Paulina sobre el muro, para lograr al menos un efecto similar, y saqué la cajita que guardaba escondida. Al comienzo ella no sabía que pensar. O no se quería hacer falsas expectativas, después de esperar el anillo de compromiso durante el pololeo y el noviazgo. Ya habían pasado cuatro años de matrimonio y probablemente asumía su mano con la solitaria argolla de matrimonio. Pero al abrir la caja, su cara se iluminó completamente, al mismo tiempo que de los brillantes salían rayos que iluminaban una sonrisa inolvidable. -¿Te quieres casar conmigo?
- ¡Si! - seguido de un abrazo largo, un buen beso y unas palabras que se llevó el viento. De vuelta a la limo y derecho al restaurante. Estábamos una hora atrasados, pero a esa altura no importaba, La mesa que había reservado estaba en un lugar con vista a la bahía, que a esa hora se comenzaba a iluminar con las luces de los yates y cruceros que pasaban, única iluminación que acompañaba las dos velas que ardían sobre los pétalos rojos de decoraban nuestra mesa. La primera media hora hablamos de los cuatro años que celebrábamos, de lo sorpresivo de todo esto para ella, de nuestros dos hijos, etc. Pero aún faltaba otra gran sorpresa. Paulina jamás se imaginó que al pedirle nuevamente matrimonio eso implicara otra cosa que no fuera sólo una pregunta retórica, hasta que le entregué el parte en que la invitaba a ¡nuestro matrimonio!, el que se celebraría en dos días más. El cura, la iglesia, los amigos, el cóctel, todo estaba arreglado. Definitivamente no lo podía creer. El segundo matrimonio fue muy hermoso, pudimos invitar a todos nuestros amigos que habíamos conocido en Canadá, a nuestros dos hijos (¡!) y de esa manera hacer una renovación de los votos un poco más producida, sin esperar a que pasen 25 años. Una historia real, y que sin saberlo le ha llegado a mucha gente, y de la cual hasta me he enterado por personas que, sin saber que quién soy, me han contado esa hermosa historia de una pareja que para su cuarto aniversario...

Angélica Dossetti "El acuerdo"
El acuerdo fue claro: “nos diremos siempre la verdad; si me preguntas algo, lo que sea, yo te contestaré con la verdad y tu harás lo mismo”. Con esa única condición partimos, nada más. Éramos libres de hacer lo que quisiéramos; yo a él no le pertenecía y él a mí, tampoco. – Lo pasamos bien, nos gusta estar juntos y disfrutamos en la cama, no quiero dramas, lloriqueos ni reproches porque salgo o me acuesto con alguien más – sonó su voz en mi mente y yo me repetía: no soy su dueña, no me pertenece, lo pasamos bien en la cama, nos gusta estar juntos, no puedo lloriquear si se acuesta con alguien más. – Si preguntas algo, tienes que estar dispuesta a escuchar la respuesta –. Si pregunto algo tengo que estar dispuesta a escuchar la respuesta, me repetía insistentemente para no olvidar la única condición y, después de dejar todo claro, cerramos el pacto en un cuartucho de hotel una calurosa tarde de enero en medio de caricias y besos lujuriosos.

El acuerdo era bueno, yo no quería nada con mucho compromiso, ¿Para qué? Si los hombres terminan engañándote de todos modos, lo único que necesitaba era unas manos expertas que me acariciaran con precisión y borrar de mi mente los malos amores que antes opacaron mi vida. Sí, un acuerdo claro era lo mejor, no espero nada de ti y tú no esperas nada de mí. Sí, me gusta.

Y me fui enredando entre las sábanas gastadas de los hoteles y los sentimientos que comenzaron a fluir como fumarolas de volcanes submarinos que se ocultan a la vista del mundo. Por lo menos una vez a la semana nuestros cuerpos se encontraban sin preguntas, sin respuestas, solo sentir, sentir como sus dedos se deslizaban en mi piel, como su aliento resoplaba en mis oídos, como su lengua exploraba mi boca y como yo lo comenzaba a amar. Yo amarlo a él, no podía ser, y menos si en una ocasión de cordura me dijo: – Si en un momento de calentura te digo que te amo, no me creas, es sólo parte de la pasión del momento, no son sentimientos reales – y yo me repetí insistentemente; si en un momento de calentura me dice que me ama no le tengo que creer es sólo parte de la pasión del momento. Y pese a todo le estaba amando, a él, a ese hombre que cuando lo conocí escapaba cada tarde a encontrarse con alguna mujer para perfeccionar aún más sus ya amplias habilidades amatorias.

Pasó un tiempo en que, haciendo uso de la única condición que nuestra relación tenía, comencé a preguntarle por cada uno de los nombres de las mujeres que solía frecuentar y que habían llegado hasta mis oídos como voces lejanas que se filtraban por el auricular – ¿Quién es Laura? – una vocecilla tímida salió de mi garganta mientras sus ojos sorprendidos se clavaron en los míos – Una amiga - Replicó – ¿Pero, te acuestas con ella?, porque he notado en tus ojos el cansancio cada vez que llegas de verle - contesté sin siquiera pensarlo, estaba al borde de romper el único acuerdo –Sí – contestó. Y así, poco a poco, fui conociendo en detalle el nombre de cada una de sus amantes, los días que se encontraban, los hoteles que visitaban y la forma en que se entregaban. En definitiva, estaba en ventaja; el acuerdo decía que si yo preguntaba me contestaría con la verdad y viceversa, y así fue como me filtré en su vida silenciosamente, sin que ni siquiera él lo notara.

Lo mío no es sufrir, y menos por un hombre, era por eso que el acuerdo me resultó tan atrayente en un comienzo, pero con el tiempo sentí miedo, miedo de saber y dejé de preguntar por sus amantes y preferí pensar que mis habilidades habían sido más fuertes y que él ya no se apaciguaba con otras mujeres; después de todo hacia más de un año que nuestros encuentros se repetían religiosamente cada semana. Pero, una tarde de invierno en que la lluvia arreciaba en la ciudad, pregunté tímidamente    – ¿Te has acostado últimamente con otra mujer? - empuñé mis manos y rogué a Dios que de sus labios saliera un no – Sí – contestó; no pude disimular mi angustia, yo ya lo amaba y aún que el acuerda era claro con los sentimientos, es muy difícil luchar -¿Con quién?- pregunté, mientras por mi mente desfilaba un sin fin de nombres    – ¿Estás segura que quieres saber con quién?- un silencio inundó la habitación. – No, no quiero saber.

Leonor era el nombre de una de las tantas amigas que rondaban su vida y, cada vez que pregunté por ella, un mutismo se hacía presa de él hasta que, finalmente, me preguntaba si realmente quería saber la relación que tenía con ella, a lo que yo respondía que no por miedo a escuchar que la amaba.

En ese periodo de angustia contenida en que lo sabía cabalgando a otra mujer, quise hacer lo mismo y me entregué por despecho a uno de los tantos malos amores que colmaron mi vida. Mala decisión de mi parte, un retroceso en mi crecimiento, reflexioné con los años, pero fue fugaz, apenas un destello dentro del universo que duró un segundo y del que me arrepentí eternamente.

Después de mil doscientos cuarenta y dos días de estar segura que lo amaba, le pregunté nuevamente por Leonor, amparándome en el acuerdo sellado tantos años atrás de contestar con la verdad y sintiendo la necesidad de sufrir para medir con lágrimas mis sentimientos hacia él. – Pero, honestamente mi amor, ¿Te acostaste con Leonor o no?- como siempre me miró a los ojos y contestó – ¿Por qué, si me he acostado con mil mujeres, te importa tanto ella?- Cuánta razón tenía en su pregunta: – No lo sé – susurré entre dientes – ¿Realmente quieres saberlo? – Sí, contesté, pero nunca escuché una réplica de sus labios, aunque sí una pregunta: – ¿Y tú, te acostaste en todos estos años con alguien más? – A mi mente viajó la ocasión en que cedí a los celos y me escapé con otro hombre – No – respondí, sin siquiera arrugarme, ya que con su pregunta respondió a lo que tanto temía.

Paulina Lobos "La blanca que amaestro la pantera"
Doce años atrás, en un lugar de bajo meretricio, otro país, trabajaba como
dama de compañía, y ese día decidí no trabajar y salir con amigas del mismo
rubro a ver un show con hombres que hacían lo mismo que nosotras. Mucha
risa, nada era novedad, lo divertido era la inversión de roles, ahora ellos
nos tenían que entretener. Cada uno hacia su show individual, de repente
aparece en el escenario, Pantera, negro, alto, fuerte, lindo, no pude dejar
de mirarlo, hasta las bromas pararon, quedé hipnotizada por su mirada de
diablo-ángel. Pensé con mucho despecho, este hombre va ser mío esta noche.

El travesti que dirigía el show, ya al final, elige gente del público para
bañar a los strippers, y la elegida fui yo, y claramente sabía a quien
bañaría, en el escenario mismo, lo besé en la boca, y me correspondió con
mucha pasión. El show termina. Volver a la realidad.

Con las amigas nos tomamos unas cervezas, cuando una de ellas me dice, mira hacia la derecha, alguien te está buscando. Era Pantera. Conversamos sin parar, amor a primera vista? No creo, Amor al primer beso, Claro que sí.
Empecé a visitarlo en su show, nos empezamos a enamorar cada día más, él
dejo de trabajar en eso para dedicarse a personal training y yo seguí mi
carrera universitaria.

Vivimos juntos, contra todos los prejuicios, el negro, yo blanca, el pobre,
yo clase media, éramos estimados por muchos de los que conocíamos. Quedé embarazada de este hombre, a los 3 meses y media perdí el bebé por una infección. Me fui de su casa, cambié de país, nunca más lo vi, nunca dejé de amarlo.

¿ Su cumpleaños? el 14 de febrero. Su nombre: "Pantera", él me decía: "Mi
blanca"

Un amor que fue eterno mientras duró.....

Juan Enrique Sierra "Historia romántica"
Jamás pensé que a mi edad, cupido aún tuviera un cupón guardado para mí. Es como esas cartas que algunas veces se pierden en el correo, creando un desconcierto entre esos amantes separados por la distancia, y que algún día Mercurio, cumpliendo su promesa de mensajero, y aunque entregando la misiva a destiempo, abre en el alma del destinatario esa tan anhelada paz, emoción y felicidad por tantos años reprimida.

Era un e-mail de remitente desconocido. No acostumbro abrirlos, por temor a esos efectos dañinos que pregonan los expertos. Pero no lo elimine de mi bandeja de entrada y leí una y mil veces el asunto del que se trataba: “En el café de la plaza”. Era intrigante y despertaba en mi un sin fin de expectativas, algunas buenas, otras soñadoras y también de malos presagios. Vikinga era quien lo enviaba. Pasaron dos días y el mensaje seguía ahí, indicado como no abierto, hasta que me decidí a leerlo y asumir el efecto virulento de este tipo de mensajes:

“Me pareció honrada y franca tu proposición de conocernos. Y aunque no exenta de los peligros de una situación así, nuestras soledades se merecen una oportunidad. Te espero el viernes a las siete. Estaré con una amiga, vestida de verde esmeralda. Viky.”

Faltaba solo una hora para la cita. No conocía a nadie con ese nombre, ni con ese seudónimo. No esperaba correo de nadie, y mucho menos de una mujer.  ¿Seria una broma de mis hijos? ¿De algún amigo? ¿Seria el café de la plaza, ese que esta a la salida del metro? Las dudas no se disiparon y el reloj seguía corriendo. ¿Haría el ridículo, asistiendo a una cita, que no solo era ciega, sino que también inesperada y anónima. Pero llego a mi correo, pensaba, y que aunque solo algunos conocen, decidí vivir esta experiencia. Mientras me dirigía al café que yo pensaba, me tranquilizo la idea de que no habría dos mujeres charlando y que todo se debía a un mal entendido. Me tomaría un café con un cigarrillo y volvería a mi mundo aburrido y de siempre. Es una aventura corta me decía, mientras solo faltaban unos pasos para entrar.

Casi sufrí un infarto…   Ahí estaban dos mujeres hermosas y alegremente charlando. Una de ellas usaba una blusa verde esmeralda. Me acerqué lentamente y me sonreía, más de nervioso que de contento. Ella se levanto para saludarme y algo me dijo como que por fin no conocimos, y me presento a su amiga, la que después de un buen rato, se retiró. La conversación fue muy amena, entretenida y llena de vivencias simples pero alegres, y entre medio alguna bromas livianas… parecíamos viejos amigos y congeniamos mucho, incluso sentí las estrellitas que siempre he escuchado a otros decir que existen y sucede.  Fue maravilloso, ninguno quería irse. Como a eso de las 11 de la noche, en un momento de paz, nuestras miradas se enfrentaron en silencio… largamente nos disfrutamos el uno al otro mientras lentamente nuestras manos se entrelazaron, sellando así el comienzo de una felicidad tan esquiva para ambos por tantos años.

El correo no era para mí. Tenía un error de escritura. Su nombre no era Viky, Cecilia es más hermoso. Y así fue como cupido cumplió una vez más.

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