Gardel Íntimo
La hípica:
Los caballos de carrera, la pasión de Carlos Gardel
Carlos Gardel es el prototipo humano de la
música popular rioplatense y a la vez, la representación
emblemática, el arquetipo del burrero, del fanático
del turf, según sostiene en su libro "Preparate
pa'l domingo" el escritor y periodista uruguayo Romeo Otero
Bosque.
Según
sus biógrafos, desde la adolescencia Gardel vivió
pendiente del mundo de las carreras y se asegura que buena parte
de su fortuna se esfumó en los distintos hipódromos
del mundo. En una entrevista de 1926 a un diario español,
el mismo Gardel explicaba que había ganado mucho dinero,
pero que también gastaba mucho... "he ganado y gano
mucho, pero todo se me va. Me gusta vivir bien. Me gusta la bohemia
dorada, ser generoso, el cabaret, las mujeres bonitas... ¡Y
las carreras de caballos!".
Cuando Gardel comenzó su carrera artística
sus compañeros de andanzas fueron Francisco Martino y José
Razzano, con quienes compartía la fuerte afición por
las carreras. Martino es el autor de dos joyitas del repertorio
de Gardel, "La catedrática" y "Soy una fiera",
que revelan un sólido conocimiento de las carreras y del
mundillo que lo rodea. Y Las carreras también depararon algo
fundamental a la vida de Carlos: la amistad indestructible con el
jockey uruguayo Irineo Leguisamo, que durante medio siglo gobernó
las pistas del Rio de la Plata.
Gardel fue propietario de dos criaderos de
caballos, Las Guitarras, en sociedad con José Razzano,
y Gardel C. Fue propietario de varios animales: La Pastora,
Amargura, Cancionero, Theresa, Mocoroa, Guitarrista, Explotó
y en especial un alazán tostado al que llamó Lunático.
Y le gustaba decir que había sido "víctima de
los caballos lentos y las mujeres ligeras", una ocurrencia
que festejaba con sus contagiosas carcajadas. Quizás por
ello Gardel cantaba con pasión incomparable aquel tango en
el que recordaba al hipódromo de Buenos Aires, Palermo: "Maldito
seas Palermo, me tenés seco (sin dinero) y enfermo,
mal vestido y sin morfar (comer)", y en el que recordaba
además los "berretines (locuras) que tengo
por los pingos".
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