SU VIDA
Gardel y el tango
Gardel cantó a las cosas cotidianas,
al alma del pueblo, a los barrios de callecitas estrechas, a los
amores -femeninos o del terruño- y a los caballos de carrera
y las desventuras de los aficionados.
En diciembre de 1913, como parte del dúo
Gardel-Razzano, con el que se inició un año antes
cantando gratis o por monedas, debutó en el cabaret Armenonville
de Buenos Aires, su patria artística y por adopción,
pues se naturalizó argentino en 1920. Su carrera que lo llevaría
a Uruguay, Brasil, Estados Unidos, España, Francia, Puerto
Rico, Venezuela, Colombia, Chile, y a filmar en París y Nueva
York.
El tango se bailaba en París al comenzar
el siglo XX, pero sólo Carlos Gardel, que debutó en
la capital francesa cantando en un teatro de los Campos Elíseos
el 30 de septiembre de 1928, lo haría reinar "en todo
el mundo", con el poder de su voz y la novela sentimental de
su vida.
Esa noche, en el teatro Femina, fue presentado
como "la célebre vedette sudamericana, el creador
de todos los tangos de moda". Los historiadores señalan
que en París, desde 1907, ya había todo un fervor
por esas melodías arrabaleras, embriagadoras, traídas
en los buques desde los puertos del cono sur de América,
buenas para bailar enlazado a la mujer sin remilgos. "El tango
conquista Europa a comienzos del siglo XX y aunque había
sido domesticado, simplificado, digerido por el estilo 'musette',
se vuelve muy popular entre las dos guerras", escribe Christophe
Apprill, investigador francés de tango.
Lo habían traído los propios
músicos que llegaban a Europa a grabar sus discos. El compositor
Enrique Cadícamo, amigo de Gardel y autor de la letra "Anclao
en París", haría en esa canción un homenaje
a los muchachos porteños que vivían en la capital
francesa. "Gardel grabó 'Anclao en París' y tuvo
mucho éxito. Yo copié del natural sobre los muchachos
que no habían tenido suerte, que estaban dando vueltas por
París, que habían ido con el sueño de ser bailarines
y no habían sido nada. Esa derrota me inspiró. Estaban
sin plata, sin fe, con ganas de volver a Buenos Aires", cuenta
Cadícamo en sus memorias.
Cuando Gardel llega a París encuentra
no sólo a esos "fracasaos", sino también
a dos personas que le ayudarán mucho: el bandoneonista Manuel
Pizarro, "organizador de tango en París", y el
poeta Alfredo Le Pera, joven escritor brasileño naturalizado
argentino que trabajaba en la sincronización al español
de las películas francesas. Con él escribiría
canciones inmortales: "Melodía de arrabal", "Volver",
"Arrabal amargo", "Cuesta abajo", "El día
que me quieras", "Mi Buenos Aires querido".
De cantor criollo, Gardel pasó a convertirse
en una estrella mundial, filmando a partir de 1931 para la Paramount
tres películas en los estudios de Joinville, en las afueras
de París, entre ellas "Melodía de arrabal".
Ahora el ex "Morocho del Abasto" era casi millonario y
gastaba a manos llenas, sobre todo en los hipódromos, rodando
en autos de lujo, comprando relojes de oro por lotes de siete para
ir regalándolos en los viajes, a sus familiares y amigos.
Después de triunfar en Buenos Aires,
Madrid, París, Niza y Cannes, Gardel, asociado por su apariencia
con el bailarín Rodolfo Valentino, estaba listo a comienzos
de los años 30 para conquistar Nueva York y luego a toda
América. Sin embargo sólo le quedaban cinco años
para recibir cariño y aplausos, gloria y dinero. Su voz,
sus gestos, su ternura varonil, su "tropicalismo", como
diría una periodista del diario Le Figaro, lo convirtieron
en un mito al morir en Medellín en 1935.
Musicalmente, el canto de Gardel era de una
inflexión intransferible, debido a su cálido y diferenciado
timbre vocal de barítono. Ostentaba una impostación
natural impecable y todas sus notas eran llenas y parejas: la música
y la palabra eran en su canto una unidad indestructible.
Compuso la música de unos treinta temas,
entre ellos "El día que me quieras", "Arrabal
amargo" y "Por una cabeza" y grabó, con repeticiones
de diferentes temas, unas mil 500 placas, registradas mediante el
sistema acústico y con los primeros micrófonos. Su
voz se repite a cada momento en millones de discos, que de la pasta
original y las 78 revoluciones por minuto pasaron al vinilo, la
cinta y el audio digital.
"Fue una persona con una enorme inteligencia,
que trabajó, exploró, supo aprovechar su talento,
fue solidario y visionario", dice el músico y periodista
Julián Barsky, autor de "Gardel: la biografía".
La imborrable sonrisa del cantante fue, según Barsky, una
muestra de que "Gardel era muy de avanzada en saber venderse
y no dudó en armar estéticamente lo que hiciera falta
para componer el personaje. Un estudioso que consultamos nos dijo
que Gardel mejoró su sonrisa con cirugía dental. El
propio cantante reconoció que se operó el tabique
nasal, pero además hizo un esfuerzo enorme para adelgazar,
ya que en los años '20 pesaba 120 kilos y en sus últimas
películas no llegaba a los 70".
Gardel fue creador y vanguardista; manejó
el fenómeno comunicacional como pocos pudieron, pese a la
precariedad técnica de los años '20, y supo llevar
el lenguaje procaz y limitado del argot de Buenos Aires a la pureza
romántica que interpretaba, sin excepciones, por todo el
mundo hispanohablante.
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