Nada en la vida sigue igual después de la muerte y eso el Partido Comunista lo tenía claro con anterioridad a que Gladys Marín los dejara.
Los cambios se comenzaron a experimentar con ella en vida, con la designación de los nuevos dirigentes, quienes –si bien algunos responden a su misma línea dura, como el actual presidente Guillermo Tellier- se adecuaron a los tiempos.
Los efectos de la muerte de Marín, se sabía, serían importantes a nivel mediático, debido a que su figura acaparaba atención por su sí sola, pero los que apostaron a que el PC saldría del mapa político, se equivocaron.
Si bien no tuvo gran presencia en los medios, cosa que es recurrente, el año de elecciones lo ayudó y tanto que consiguió mantener su votación pese a que ya no contaban con su líder y no llevaron un candidato presidencial de sus filas. Del los 320 mil votos que sacaron en la elección de diputados el 2001, o sea un 5,22%, subieron a 335 mil votos en el 2005, lo que equivale a un 5,14%.
Los nuevos tiempos impulsaron también al PC a negociar y abrirse a pactos con otras corrientes. Abandonaron a su precandidato presidencial, Tomás Moulián, para aliarse con otros en el pacto “Juntos Podemos” (obtuvo un 7,38% en las parlamentarias) y alcanzar -con el humanista Tomás Hirsch al frente- un 5,4% en la presidencial, porcentaje muy superior al 3,19% de Gladys Marín en 1999. De paso, la candidatura comunista-humanista logró figuración y consiguió estar parada en dos debates televisivos, un hecho no menos importante para ellos.
El paso de unir fuerza no fue menor, pero demuestra que las estrategias del PC ya no seguirán el camino de la intransigencia y estarán más abiertos a interactuar con otros, cuestión que con Marín ya estaba generando fricciones internas y algunas escinciones.
La primera señal fue que estuvieron dispuestos a entregar su apoyo a Michelle Bachelet en la segunda vuelta tras elevar un petitorio, cuestión que Marín no hizo con Lagos en el 2000. Y hoy mantiene puentes tendidos hacia el oficialismo destinados a obtener objetivos partidarios, entre ellos, modificar el sistema electoral binominal.
A un año de su partida, la figura de Gladys Marín ha pasado a ser un ícono del partido pero que, tal como ocurrió en la campaña donde ella tuvo muy poca presencia, se quedará en el pasado, en la historia del PC.