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Las aves acuáticas migratorias, en particular los patos salvajes, son el reservorio natural de los virus de gripe aviar, y estas son también las más resistentes a la infección. En cambio, las aves de corral domésticas son mucho más vulnerables a esta epidemia fulminante.


Las especies con una mayor susceptibilidad a la infección, y por lo tanto a la aparición de la enfermedad son las gallináceas. Las anátidas (patos) son susceptibles, pero en muchos casos actúan sólo como portadores, expandiendo el virus a través de las migraciones.

 

Los virus de la gripe aviar no suelen infectar a otras especies, sin embargo, en 1997 se detectó en Hong Kong el primer caso conocido de infección del hombre. La cepa H5N1 causó una enfermedad respiratoria grave a 18 personas. Esto coincidió con una epidemia de gripe aviar hiperpatógena en aves, causada por esa misma cepa.

 

El rápido exterminio de toda la población de aves de corral de Hong Kong, estimada en 1,5 millones de animales, redujo las posibilidades de transmisión directa a la especie humana y evitó lo que pudo ser el inicio de una pandemia.

 

El brote actual de la influenza aviar (H5N1) tampoco es muy nuevo. Apareció en diciembre de 2003 en Corea del Sur y los primeros casos de personas afectadas se dieron en Vietnam en la misma fecha.

La expansión del virus, primero por Asia, y luego hacia Europa y África, ha generado atención global y la preocupación de las autoridades mundiales de Salud.


 

 

 

 

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