En
el frente su desempeño fue destacado como parte del
servicio de mensajeros. Herido en varias ocasiones, fue condecorado
con la Cruz de Hierro, y nunca aceptó la rendición
alemana que puso fin a la guerra en 1918.
En el escenario de las post guerra, Hitler
aprovechó el profundo descontento interno de los alemanes,
que veían cómo el país sucumbía
ante las asfixiantes condiciones impuestas por los países
vencedores de la “Gran Guerra”.
Francia, por ejemplo, invadió territorios
para asegurarse el pago de la deuda alemana como país
perdedor de la guerra.
En 1919, se unió al Partido Obrero
Alemán, que calzaba profundamente con sus ideas: antisemita
y anticomunista, que le permitió captar el apoyo de
los sectores más conservadores del país.
De esa época data su libro Mi Lucha
(Mein Kampf). Hitler escribió este texto en la cárcel
tras ser condenado por participar en un intento de golpe de
estado. En el libro, delineó cuál era su aspiración
política y su visión del mundo. Para sus detractores,
el libro es una confusa redacción de intenciones racistas
sin argumento. Para los hitlerianos, un texto de culto.
En el texto, profundiza en su desprecio por
comunistas y judíos y plantea su intención de
erradicarlos de la superficie de la tierra.
Después de liberado, su carrera política continuó
en alza. Y aunque en las elecciones de 1933 consiguió
una escasa mayoría, tuvo la habilidad suficiente para
conseguir ser nombrado Canciller en un gobierno de coalición.
De ahí en adelante, ya nada se interpondría
para intentar concretar sus sueños de grandeza.
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