JAMES DEAN
El símbolo que nació con la muerte
Cuando Winton Dean y Mildred Winslow gestaron a su único hijo, no sabían lo que estaban haciendo. El doctor que atendió el parto el 8 de febrero de 1931 también ignoraba que ese niño no sería un simple ser humano. No era una persona común; James Byron Dean sería un símbolo.
Dean se encuentra hoy al nivel de ídolo. Sus ojos achinados y el cigarrillo colgando desdeñosamente en la comisura de su boca son el emblema de la juventud rebelde y desencantada. Pero el principio de su historia no permitía sospechar en lo que se convertiría este joven aficionado al piano y el violín.
Los primeros dos años de su vida los pasó en el nada glamoroso pueblo de Marion, Indiana. La situación económica del país tampoco era muy brillante tras la crisis desatada en 1929 con la caída de la bolsa de Nueva York. Así, las cosas no eran fáciles para la familia Dean que debía subsistir con los pocos ingresos que el padre obtenía como asistente dental.
En busca de mejores perspectivas económicas, la familia se mudó en 1933 a Fairmont en el estado de Indiana. Tres años después, James abandonó la ciudad, pero no definitivamente. La nueva parada en la ruta de los Dean fue la ciudad de Santa Mónica en California, donde el padre ingresó a trabajar al Hospital de Veteranos. Las cosas iban bien, hasta que en 1940 Mildred murió de cáncer. James tenía sólo nueve años y la pérdida de su madre resultó un duro golpe.
Su madre amaba las artes e incluso había bautizado a su hijo como James Byron en honor a su poeta favorito, Lord Byron. Además de leer, Mildred se preocupaba por entero a su único hijo. Por esto, el pequeño James vivió la muerte de su madre como un abandono. Su padre no ayudó mucho a que el niño no se sintiera tan sólo y lo envió de regreso a Fairmont. En el viaje en tren, James llevó de equipaje el ataúd de su madre.
En Fairmont le esperaba otra vida. Sus tíos, Marcus y Ortense, lo recibieron en su granja. James aprendió a cazar, a cuidar el ganado y a conducir tractores. Nada hacía sospechar que el niño que se empolvaba arreando vacas terminaría convertido en icono.
Aunque la muerte de su madre lo había vuelto un niño retraído y con problemas para hacer amigos, James se las ingenió para integrarse. En el colegio practicó deportes y se destacó en baseball y basketball a pesar de su miopía y de medir sólo 1.73 metros.
Chico y con lentes, tampoco tuvo miedo de subirse a un escenario. Su cercanía con el teatro comenzó cuando aún estaba en la sala de clases y practicaba su papel de Frankenstein para una obra escolar. Un rol que nada tendría que ver con los papeles que lo elevarían a la categoría de símbolo sexual.
Al terminar el colegio en 1949, James tenía varias opciones de vida. Una de ellas era la carrera militar, pero Dean declaró que era homosexual y por eso no hizo el servicio. Libre de la obligación castrense, su mito quedaría sometido hasta hoy a la especulación sobre la preferencia sexual del actor. Nunca sabremos si entraba a los baños de hombres sólo a satisfacer una necesidad biológica. Tampoco sabremos si alguno de sus amigos fue algo más que eso o si llegó a Broadway gracias a su sumisión en la cama. Lo cierto es que la incertidumbre enriquece el mito.
Tras esquivar el mundo militar, Dean se fue a casa de su padre en Santa Mónica. Pero las cosas ya no eran como antes. El padre se había vuelto a casar y James ya no era un niño que se sometiera a los designios de su progenitor. El primer problema se presentó porque los deseos de ambos eran incompatibles. Winton quería que su hijo fuera abogado, mientras que James soñaba con ser actor. Al principio, el joven no fue capaz de enfrentar a su padre y entró a estudiar ambas carreras en el Santa Monica City College, pero al poco tiempo su vocación fue más fuerte: renunció a la carrera de Derecho y se cambió al departamento de Drama de la UCLA.
El choque con su padre fue inevitable y deterioró las relaciones. Con el conflicto puertas adentro, James buscó trabajo para poder independizarse. Su primer sueldo lo recibió sólo dos meses después de revelarse. Le pagaron 30 dólares por aparecer en un comercial de Pepsi, pero ese dinero no era suficiente así que siguió trabajando hasta que logró dejar la casa paterna.
James entró a los medios, pero nadie vio el potencial de estrella que se ocultaba tras su rostro anguloso. Trabajó en televisión, radio y cine haciendo pequeños papeles. En el celuloide sus primeras apariciones estuvieron al mismo nivel que la participación de Angélica Castro en Rey Escorpión, sólo era un extra con una frase. Esas pequeñas interpretaciones no satisfacían a Dean, él quería más.
En 1951 viajó en bus desde California hasta Nueva York, pero las puertas de la gran ciudad no se le abrirían inmediatamente. Aunque consiguió trabajos mínimos en televisión, no le bastaban para vivir. Así que después de trabajar iba a su bar favorito para que le dieran un poco de comida gratis. Después, regresaba al departamento que compartía con algún amigo y se quejaba de la guerra de Corea, tocaba el bongó o tomaba una taza de café, su bebida favorita.
Decidido a cambiar su suerte, James dio la prueba para ingresar al Actor's Studio y quedó seleccionado para estudiar en la prestigiosa escuela de la que egresaron sus ídolos Marlon Brando y Montgomery Clift. Pero a poco andar, se retiró de los cursos porque no se sintió cómodo con el método de enseñanza basado en el análisis minucioso de la interpretación.
Mientras aún estaba estudiando, la situación económica de Dean mejoró cuando se le abrieron los telones del teatro. En 1952 consiguió su primer papel importante en la obra "See the jaguar" donde interpretaba a un joven adolescente enjaulado por su madre demente. Pero la obra sólo se mostró tres días. Luego volvió a los escenarios con otro fracaso, "The scarecrow", que sólo tuvo un día de puesta en escena.
En 1954 se presentó en "El inmoralista", la obra que lo proyectó al cine. Tras verlo en el montaje, el director Elia Kazan le ofreció el protagónico de "Al este del Edén". A pesar de que no hubo química entre ellos, el director se decidió por Dean debido a la similitud que el actor mostraba con el personaje introvertido y tosco.
Sin nada que perder, el 8 de marzo de 1954 James partió a Hollywood junto a Kazan.
Al día siguiente Dean firmó contrato con la Warner para protagonizar el filme, a cambio recibiría 700 dólares por adelantado. Con el dinero, Dean satisfizo el primer instinto de la pasión que lo llevó a la muerte: se compró un auto deportivo. Pero James no pudo disfrutar la velocidad de su vehículo hasta que terminó el rodaje porque la Warner le prohibió correr mientras filmaba.
La pasión por las carreras tuvo que esperar, pero la afición a las mujeres no. Mientras rodaba "Al este del Edén" conoció a la actriz Pier Angeli; quién, según muchos, fue el gran amor de su vida. Pero la relación no llegó a buen término. Una versión dice que la madre de la joven se negó a que se casaran porque Dean no era católico, otra explicación afirma que la relación se terminó porque James quería estabilizar su carrera antes de dar el gran paso. Lo cierto es que en 1954, el mismo año que conoció a James, Pier Angeli contrajo matrimonio con el actor Vic Damone. La noticia afectó tanto a Dean que se supone que golpeó a la joven cuando se enteró del compromiso. Incluso, se dice que mientras se realizaba la ceremonia religiosa, James aceleraba su moto en la puerta de la iglesia.
Si en lo romántico no le iba muy bien, James tenía donde consolarse. Tras el estreno de "Al este del Edén" la Warner le ofreció a Dean un contrato para filmar seis películas durante los próximos seis años. La primera de ellas fue "Rebelde sin causa".
Nuevamente los productores le pusieron freno y le prohibieron correr mientras filmaba la cinta. Para descargar sus impulsos contenidos, James se compró un equipo fotográfico y se entretuvo apretando el botoncito. De paso, pretendía que sus incursiones en la cámara le sirvieran como entrenamiento para poder ser algún día un gran director.
El rodaje de la película terminó el 25 de mayo de 1955 y con el dinero conseguido se compró un porsche speedster. Con su nuevo vehículo ganó las carreras de Pacific Pallisades y Pasadena y clasificó a las más prestigiosas de Palm Springs. Por si eso fuera poco, consiguió una nueva novia: la actriz Ursula Andress.
Auto nuevo, pareja nueva y película nueva. Aún no entraba a la sala de montaje la cinta de "Rebelde sin causa" cuando James ya estaba interpretando un nuevo personaje en junio de 1955. Esta vez le pagaron 21 mil dólares por protagonizar "Gigante" junto a Elizabeth Taylor. De nuevo, Dean no soportó la tentación del dinero en su bolsillo y corrió a comprarse un porsche spyder plateado. El amor por su vehículo era tan grande que hasta lo bautizó cariñosamente como "The little bastard", pero no pudo probar su velocidad inmediatamente porque le prohibieron correr mientras duraba la filmación.
Cuando terminó el rodaje de "Gigante", James se interpretó a sí mismo en la grabación de un spot que intentaba estimular a los jóvenes a manejar con precaución. Un par de días después, el 30 de septiembre de 1955, Dean pretendía poner a prueba su propia capacidad al volante. La noche anterior le había dejado su gato a Liz Taylor para que ella lo cuidara mientras él corría en Salinas.
Cuando se dirigía a la pista, Dean no atendió a una luz de alerta. En el camino fue multado por exceso de velocidad, pero aún así siguió adelante hasta que en un cruce, otro auto puso fin a su carrera. Su porsche spyder se incrustó en el vehículo que conducía un estudiante que nunca quiso hablar del accidente. James murió en el mismo instante que el mito nacía.
Tras su muerte, se estrenaron sus dos últimas películas: "Rebelde sin causa" y "Gigante". Los jóvenes acudieron a las salas y se sintieron identificados con sus personajes atormentados y en conflicto con las generaciones precedentes.
Dean era el símbolo de un nuevo fenómeno cultural: la juventud. Este grupo nació propiamente como tal después de la Segunda Guerra Mundial, cuando la prosperidad económica permitió que no se preocuparan de su supervivencia y que en su tiempo libre se cuestionaran sobre sus vidas y el mundo que los rodeaba. Esas preguntas y angustias las veían proyectadas en James Dean. Pero cuando salían de las salas sedientos de saber más de su ídolo, descubrían que él ya no existía.
Su historia fue el prólogo de algo que prometía ser grande. El desarrollo de la historia quedó en blanco, tan abierto que cada joven podía escribir lo que quisiera en esas páginas hambrientas. Un actor-símbolo de la juventud desorientada y de lo que cada cuál proyectara en él.
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