Las bandas más longevas son las cultoras del jazz clásico: las escuelas de Nueva Orleáns y Chicago. Formadas originalmente por músicos aficionados, tras 40 años de actividad sus perfiles están cambiando. Deben renovarse antes de que el tiempo las sepulte.
Los Rhythm Serenades, los Swing Kings, los Dixieland Five, los Royal Swingers, los Dixielanders, los Chicagoans, los Mapocho Stompers, la Santiago Jazz Band, la Goodway Jazz Band, la South Pacific Jazz Band, los Bío-Bío Stompers, la Mapocho Washboard Band, los New Hampton Six. Ninguno de estos conjuntos existe hoy en día. Existieron, es un hecho, pero no sobrevivieron al paso de los tiempos. Por eso la trayectoria de dos agrupaciones vigentes que se iniciaron cuando el jazz era aún en blanco y negro, tiene tanta trascendencia dentro de la música chilena. Son la Retaguardia Jazz Band y los Santiago Stompers. Decano y vicedecano del hot jazz, los preservadores de la especie

Después de que la Santiago Jazz Band bajara la cortina, el taller que el tubista Domingo Santa Cruz lideraba con jóvenes aficionados tomó forma tal que se convirtió en un grupo. Era 1958 y lo encabezaban el clarinetista Roberto Millar y el pianista Antonio Campusano, actual director de la Retaguardia Jazz Band. Mucho más experimentado y si banda donde tocar, Santa Cruz se convirtió entonces en el motor de la agrupación naciente y se consolidó como el más acérrimo defensor del jazz de la escuela de Nueva Orleáns.
Además de Millar, Campusano y Santa Cruz, la primera formación de la Retaguardia tuvo a Agustín Cardemil (trombón), Carlos Subiabre (trompeta), Luis Herrera (contrabajo) y Alberto Quiroga (batería). Tocaban de manera insuficiente pero disfrutaban mucho: todos eran aficionados.
La banda se llamó de esta manera pues iba por la música de la "retaguardia cronológica", es decir, de los años 1920 y 1930. No más allá. Tuvo 42 músicos desde 1958 y su discografía llega a ocho discos editados. Hoy se han renovado con músicos profesionales (el genial saxofonista Alfredo Espinoza) y otros jóvenes que le dan aire y renovación (el clarinetista Boris Ortiz, el tubista Cristián Alvarez y el baterista Nelson Oliva).

También desde 1958, otro grupo de estudiantes realizaba audiciones del jazz, dirigidos por el clarinetista Juan Sillano. Fue él mismo quien formó una banda a partir de este taller, la Goodway Jazz Band. Pero cuando decidió terminar con el proyecto, los muchachos quedaron sin líder, sin clarinetista y sin nombre. Se reorganizaron a punta de ganas de tocar. El trombonista Jorge Espíndola y el banjoísta Víctor Roa tomaron las riendas. Luego llegó Sergio Miquel a tocar el clarinete y en 1964 el grupo pasó a llamarse Santiago Stompers.
Este nuevo conjunto hot también gustaba de la música de Nueva Orleáns. Según cuentan los protagonistas de ambas agrupaciones, los Stompers tocaban mejor que la Retaguardia pues tuvieron entre sus filas a muchos de los miembros del cuadro de honor. A saber: Luis "Huaso" Aránguiz (trompeta), Hernán Prado (piano), René Eyheralde (clarinete) y Lucho Córdova (batería).
Fue con "Huaso" Aránguiz y toda su categoría e impacto que los Stompers cambiaron de rumbo hacia el dixieland de Chicago. La banda presenta en su ficha 39 músicos y ha editado sólo dos álbumes, en 1974 y 1992.
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