El arribo a Valparaíso de dos inmigrantes en 1948 tendría consecuencias notables en el curso del jazz chileno. La llegada del polaco Józef Hosiasson y del italiano Giovanni Cultrera fue una coincidencia. El encuentro entre ambos fue una fortuna. Ambos eran pianistas, uno más que otro. Pero uno conocía más jazz que el otro. Se potenciaron mutuamente y se ensamblaron como piezas maestras de un mecanismo, generando en el Valparaíso de la época un nuevo enclave del jazz como 30 años antes lo había hecho Pablo Garrido.
Hosiasson (ahora llamado "Pepe") y Cultrera dieron marcha a una etapa de swing, consolidando a la generación de los años 50. Más allá de las posibilidades como músicos en el escenario, ambos lo hicieron como gestores musicales y difusores del jazz a través de programas radiales y temporadas de conciertos. Así, nuevos clubes con fanáticos fundaron en Valparaíso (1954), Los Ángeles (1957) y Temuco (1961). Concepción tenía el suyo desde 1944. La nueva generación se abrió a otras opciones de música, que venían de la mano de Duke Ellington, Count Basie, los orquestadores maestros, y Art Tatum, Teddy Wilson y Oscar Peterson, los grandes pianistas.

Figura:
Giovanni Cultrera (1931)
El maestro
Si usted lee este texto un día martes o sábado, durante esta misma noche podría ver a Cultrera tocar el piano. El pianista de origen siciliano es miembro de la all stars que más actuaciones tiene en el cuerpo actualmente: junto a Alfredo Espinoza (saxo alto) y Daniel Lencina (trompeta), Cultrera ya superó los 70 shows en sola una temporada. Pero la historia de este músico-bisagra se remonta a los inicios de los años 50. Cultrera fue un pivote del jazz en el eje Valparaíso-Viña del Mar, no sólo liderando iniciáticas sesiones de audición, sino además gestando algunas de las primeras bandas dixie no capitalinas y cimentando el que llegó a ser el primer Club de Jazz de Valparaíso.
En 1953 alineó en el histórico quinteto de respaldo del tenorista Bud Freeman (figura mundial del swing, quien curiosamente vivió una temporada en Chile). Tenía 21 años cuando actuó con el saxofonista durante 60 días ininterrumpidos en el Hotel Carrera, alternando el escenario con la tropicalísima big band del cubano Isidro Benítez. Articuló a la generación de músicos porteños como Roque Oliva (clarinete), Alvaro Vicencio (saxofón), Hugo Valdebenito (batería) y los trompetistas Sergio Acevedo y Eugenio "Yuyo" Rengifo. Hasta el día de hoy frecuenta el Club de Jazz, para conocer a los nuevos nombres o para tocar con los antiguos estandartes.
¿Es posible que los músicos afines al jazz tradicional se hayan trenzado a trompadas con los músicos militantes del jazz moderno? La respuesta es no. Pero los relatos de los protagonistas de la época sí hablan de un enfrentamiento real entre ambas escuelas. Algunos músicos más antiguos no consideraban a "eso" (el jazz moderno) como jazz. Era más bien "ruidismo" puro y la excusa perfecta para demostrar cuánto podían dar los instrumentos y cuántos aplausos podían recibir los solistas. Pero lo cierto es que para 1959 toda una generación de recambio se estaba instalando en las dependencias del Club de Jazz. Estaban liderados por el pianista rancagüino Omar Nahuel, su máximo responsable.
Toda la década de apertura hacia las nuevas variantes del jazz (a partir del bebop neoyorquino o el cool jazz californiano) van de la mano de Nahuel. Los héroes estaban a la vuelta de la esquina: John Coltrane y Stan Getz, Lennie Tristano y Bill Evans, Art Blakey y Joe Morello. La comunidad estaba formada ahora por los saxofonistas Sandro Salvati, Mario Escobar Jr. y Patricio Ramírez, los pianistas Mariano Casanova o Roberto Lecaros, los contrabajistas Boris Castillo o Alfonso Barrios y los bateristas Sergio Meli o Waldo Cáceres. La consolidación de un jazz "modernista" coincidió con el nacimiento, fulgor y muerte del Nahuel Jazz Quartet, la banda que inspiró a estos jóvenes músicos, que grabó el primer long-play realizado por una banda estable y que probó al medio que sí era posible vivir de un jazz impecablemente propuesto e interpretado.

Figura:
Omar Nahuel (1936-1969)
Una mente distinta
Según narran las páginas de "Historia del Jazz en Chile" (2003, Ocho Libros), escrito por el musicólogo Alvaro Menanteau, "nadie de los que lo conocieron en Santiago sabe a ciencia cierta cómo Nahuel llego de Rancagua tocando como ningún otro pianista del medio local (…) Nahuel poseía una técnica y un lenguaje musical que se traducía en un toque moderno y elegante a la vez".
Pero más que las habilidades frente a las 88 teclas, Nahuel hizo historia con su punto de vista. Convocó a los mejores músicos nuevos, organizó un club alternativo, tocó en el extranjero, ejecutó un jazz distinto, grabó los primeros discos por una banda consolidada Nahuel Jazz Quartet en 1963 y Villavicencio 361 en 1965), vistió de traje y corbata, fumó muchísimo y murió joven, como toda una leyenda del arte. Un accidente automovilístico en las afueras de Valparaíso en 1969 terminó con el esplendor de Nahuel. Tenía 33 años. Lo que Pablo Garrido al "jazz melódico" y Luis "Huaso" Aránguiz al "hot jazz", es Omar Nahuel al jazz moderno en Chile.
En 1960, Miles Davis vestía trajes italianos y tocaba música modal en quintetos bop. Pero en 1969 ya lucía cabellera afro, camisas psicodélicas y tocaba música funk ácida con banda eléctrica. Una tendencia que se desperdigó en el jazz norteamericano y llegó hasta incluso hasta el último confín de América Latina: Chile.
El bajista peruano Enrique Luna (que había parchado como contrabajista en el Nahuel Jazz Quartet) traía novedades de sus reiterados viajes a Nueva York y en 1972 fundó un grupo de características enchufables: Fusión. Pianos eléctricos, bajo pasivo y guitarras de cuerpo macizo mezclaban la improvisación a niveles sonoros de amplificación, con la potencia del rock y otras fuentes musicales. El grupo grabó Top soul (1975). Luego vino el grupo Aquila, comandado por el vibrafonista Guillermo Rifo, que grabó Aquila (1974). La estética de la mezcla de estilos y formas, y de la gran preparación instrumental de los músicos tuvo una larga vida y gran cantidad de cultores, sobre todo hasta 1989, cuando el grupo Cometa dejó de existir. En este período se incluyen fuertemente elementos de la música chilena de raíz.
Bandas: Koalición (del guitarrista Miguel Zabaleta), Quilín (del guitarrista Alejandro Escobar), Cometa (del baterista Pedro Greene), Kameréctrica (del violinista Roberto Lecaros), Alsur (del guitarrista Edgardo Riquelme), Ensamble (del guitarrista Eduardo Orestes), Trifusión (del guitarrista Emilio García), La Red (del guitarrista Vladimir Groppas). La más importante agrupación de la nueva era fue La Marraqueta (con Greene, Andrés Pollack y Pablo Lecaros), fundada en 1992 y la única que aún graba discos y actúa en vivo (junto con Quilín, que toca de cuando en cuando en el underground).

Pablo Lecaros (1957)
El hombre de la fusión
El jazz fusión chileno tiene a muchos nombres de la generación 70 y 80, pero ninguno es tan representativo como el de Pablo Lecaros. Un bajista eléctrico vinculado a la tradición de Jaco Pastorius (y luego a la de Steve Swallow, Jeff Berlin, Marcus Miller y John Patitucci), que supo mezclar muy bien fuentes de inspiración tan distintas como el rock de Jimi Hendrix, el jazz de Miles Davis y la música de raíz de Violeta Parra.
Fue bajista del grupo Cometa desde 1983 y tras su disolución en 1989 formó Macondo (1990) y La Marraqueta (1992), con quienes está a punto de sacar su tercer álbum. Como solista tiene a Quinto-primero (2003) como su único disco.