Nombres del siguiente recambio: Ángel Parra, Cristián Cuturrufo, Pancho Molina, Felipe Chacón. Todos músicos estelares que aparecieron con el fin del régimen militar, pusieron la mirada en el histórico lenguaje acústico del jazz y reforzaron una escena que venía desde más atrás con nombres como los del trompetista Daniel Lencina, los bateristas Alejandro Espinosa y Moncho Pérez, el guitarrista Fernando Otárola, los pianistas Mario Lecaros, Moncho Romero y Marlon Romero, el contrabajista Sammy Domínguez, el saxofonista Marcos Aldana y el histórico grupo Nexus (fundado en 1986 por el saxofonista Patricio Ramírez y el vibrafonista Carlos Vera como un conjunto-escuela).
La guitarra eléctrica dejó de sonar como la de Hendrix o la de McLaughlin y regresaron nombres y sonoridades de antaño: Wes Montgomery, Jim Hall, Barney Kessel. Pero no sólo la guitarra dejó de sonar rockera, sino que al finalizar los 90 comenzó a desplazarse de una posición protagónica a la de una plaza en la sección rítmica, dando paso así a nuevos solistas que tomaron el saxofón y la trompeta como armas predilectas del jazz de los 2000.
Marcos Aldana puso a sus alumnos en la cresta de la ola: Ignacio González, Claudio Werner, Claudio Rubio, Max Alarcón fueron algunos ejemplares de los saxos tenor y alto. Más tarde se incluirían a la lista otros jóvenes nombres (ver capítulo "Los saxofones"). Entre las trompetas de Santiago Cerda, Gustavo Bosch, Patricio Pailamilla o José "Pepe" Vergara (casi siempre incluidas en filas de big bands y grupos pop), hubo una que iba a convertirse en la gran estrella del jazz de fin de siglo: Cristián Cuturrufo.

Figura:
Cristián Cuturrufo (1972)
El desbandado
"Como tocan son" es el título de una composición del bajista eléctrico Pablo Lecaros. Cristián Cuturrufo toca como es: enorme, divertido, gritón, gozador. Su figura pasó las fronteras del pequeño circuito jazzístico y hoy, como ocurrió en los años 70 con Daniel Lencina (su predecesor en la trompeta), se le conoce en ámbitos que uno ni siquiera pensaría que existen. Cuturrufo es un apellido "musical": suena a algo muy fuerte.
Se inició como trompetista docto en el Ensamble Gabrieli en 1991. Música demasiado estática para él. En 1994 figuraba en La Habana haciendo latin jazz y escuchando muchos discos de Dizzy Gillespie y Arturo Sandoval (dicen que su trompeta perteneció a Art Farmer y que llegó a sus manos después de infinitos traspasos). Al regresar a Chile su estilo ya era arrollador, como el bebop. Se integró a los grupos Motuto (de Ignacio González), Vernáculo (de Rodrigo Cuturrufo) y Los Titulares (de Pancho Molina). A su paso siempre fueron incendiándose los clubes y hoy en día llena cualquier espacio donde se presente: El Perseguidor, El Cachafaz o el Teatro Municipal de Ñuñoa. Una vez, una enorme llama le quemó la cabellera en pleno escenario. Fue la descripción precisa de sí mismo. Tiene cuatro discos editados ( Puro jazz de 2000, Latin jazz de 2002, Recién salido del horno de 2003, y Jazz de salón de 2004). Va por un quinto en 2005, también junto al pianista Valentín Trujillo.
El jazz "libre" es transversal a todos los tiempos. Pero tuvo dos épocas muy fuertes en nuestro país. Mientras el Nahuel Jazz Quartet se acercaba al inesperado fin de su historia con la muerte de su líder, un nuevo pianista aparecía en la reducida escena jazzística de 1965. Manuel Villarroel buscaba respuestas más allá de las estructuras comunes. Poco después llegó otro pianista, muy joven y con aguda mirada: Matías Pizarro. Ambos dejaron el país para estudiar música en escuelas de avanzada al iniciarse los años 70. Entonces, con Villarroel en París, Pizarro en Boston y Pinochet en Santiago de Chile las horas de la experimentación fuera de las normas estaban contadas.
Las inspiraciones en esta línea regresarían al comenzar los años 2000, de la mano del pianista británico Martin Joseph, quien lideró la primera de las comunidades del jazz experimental. Como compositor y hombre ligado al mundo de la música docta, convocó músicos en sus talleres de improvisación libre desde la academia: El guitarrista Ramiro Molina, el saxofonista Edén Carrasco o el baterista Andy Baeza lo siguieron en sus propósitos improvisacionales vinculados a la música europea. Otros, como el pianista Carlos Silva, iniciaron su propia aventura en el jazz libre y la música contemporánea. Una segunda línea de acción la encabezaron los jóvenes hermanos Diego Manuschevich (saxofón) y Hugo Manuschevich (batería), quienes llegaron desde Nueva York en 2003 con la clara idea de reunir nuevos freejazzistas. Lo lograron a través del colectivo Núcleo de Resistencia Estética, que tuvo mil caras distintas y se presentó en subterráneos con la música cuya mayor referencia estaba en la escuela de Chicago de los años 60.

Figura:
Manuel Villarroel (1944)
La mirada afilada
Poco se sabe de Manuel Villarroel. Su gran historia musical se escribió en Francia, país al que llegó para estudiar en 1970 y donde vive actualmente. Sus inicios lo encuentran en 1963 a la cabeza del Minton’s Trío, ensamble acústico de características similares al Nahuel Jazz Trío (de Omar Nahuel, 1959) o al Village Trío (de Sergio Meli, 1964). Sobre la marcha de este conjunto, Villarroel comenzaría a poner su mirada distinta en música que tenía que ser distinta. Según el musicólogo Alvaro Menanteau, el aporte de Villarroel "fue importante, ya que corresponde al único jazzista chileno que incursionó de lleno en el free jazz (…) La composición formal de los temas se combinó (con Villarroel) con un lenguaje atonal y un fraseo irregular que negaba el tradicional beat o pulso de los estilos de jazz anteriores".
En la discoteca de Villarroel estuvieron siempre los discos más importantes de Ornette Coleman, Cecil Taylor y todos los exponentes de la escena de Chicago de los años 60. En París, siguió construyendo música de avanzada, con la Machi Oul Big Band (grabaciones en 1971 y 1975) y luego con la estupenda formación chilena del grupo Skuas, que tenía a los grandes nombres del avant-garde: él, su hermano Patricio Villarroel y el pianista Matías Pizarro.