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Los discos

 

Ana María Meza

Smile (2004)

Una colección de standards de todos los tiempos, canciones indestructibles. Junto al Moncho Romero Trío, un grupo muy elegante, Ana María Meza se lanza en busca de una historia como cantante de jazz. Antes había hecho canto lírico y pop televisivo.

 

 

 

 

 

David Pérez

Santiago stories (2004)

Mientras tocaba con Los Titulares, Pérez ya iba pensando en su propia música, en su propia banda y en su propio disco. Lo logró con estos cuentos musicales sobre la ciudad, uno de los álbumes con mejor concepto que hayan aparecido.

 

 

 

 

 

Carmen Aguilera

Collage (2004)

La compositora y pianista tenía tantas ideas en mente que cuando hizo este disco, tuvo que hacerlo doble. Una verdadera colección de estilos y estados de ánimo diversos: trío acústico, cuarteto eléctrico, bronces latin jazz, banda jazz-funk, swing a piano y voz. De todo tiene este álbum grabado en los estudios de la Facultad de Artes de la U por una de las tres pianistas operativas en el jazz nacional actualmente.

 

 

 

Claudia Acuña

Luna (2004)

El tercer disco de la cantante radicada en Brooklyn es posiblemente su favorito. Menos standards que sus discos previos con el sello Verve y más canción latinoamericana procesada por mentes brillantes como el pianista Jason Lindner. Su nueva casa discográfica para 2004, Maxjazz, le dio todas las libertades de concepto a la chilena y ella no las desaprovechó.

 

 

 

 

 

Gabriel Puentes

Trío (2004)

Otro de los músicos que viven en el extranjero es el baterista Gabriel Puentes. Ya tiene tres discos editados en el coliderazgo de bandas. Toca en las dos costas de Estados Unidos y en Europa. Pero en Chile sólo lo conocen unos pocos aficionados. Exquisito tratamiento de la música a trío acústico y con sidemen mexicanos.

 

 

 

 

Gonzalo Palma

Los ojos de Claudia (2004)

Desde Valparaíso apareció este pianista, uno de los músicos más comprometidos con el jazz para trío acústico. Grabó con músicos del enclave portuario un set de composiciones originales. Anote dos nombres: Marcelo Córdova en el bajo destrastado y Ariel "Yelo" Aguirre en la batería).

 

 

 

 

Jorge Díaz

Club de Tobi (2004)

Uno de los tres guitarristas eléctricos de los 90 editó su primer disco de lleno en el jazz fusión. La cofradía de sidemen que lo acompaña bien sabe de qué va su música de arreglos y solos preciosistas. Son los miembros de un club muy particular: Hugo Díaz (violín eléctrico), Lautaro Quevedo (piano eléctrico), Hugo Rojas (bajo eléctrico). Todo aquí es eléctrico.

 

 

 

 

Myriam O

Myriam O (2004)

El segundo álbum de esta "lady crooner" está mejor acabado que el primero. Lógico, Myriam O tiene aquí muchas actuaciones encima, participaciones en festivales, una banda completa a su espalda y mayor conocimiento del lenguaje del swing.

 

 

 

 

Navarrete-Baeza

Lugares, personas (2004)

El primer disco del sello independiente Vértice fue todo un acierto. Sólo música improvisada y libre que ayudó a otros jazzistas chilenos a expresarse de formas menos convencionales. Andy Baeza (batería) y Daniel Navarrete (contrabajo) encabezan este cuarteto y con Lugares, personas editan su segundo disco en un mismo año.

 

 

 

 

Chilejazz Quinteto

Perdidos en Londres (2004)

Originalmente ésta iba a ser una nueva versión del quinteto de Cuturrufo, pero dada la categoría de los sidemen se convirtió en una all stars: junto al trompeta coquimbano, van de viaje Ignacio González (saxo alto), Federico Dannemann (guitarra), Rodrigo Galarce (contrabajo) y Carlos Cortés (batería). Extraviaron la brújula en las calles de King’s Cross / St. Pancras. Sólo la recuperaron en los clubes de jazz londinenses.

 

 

 

Agustín Moya

Doble viaje (2005)

Uno de los discos más esperados del año, porque representaba en gran parte a la generación actual del jazz chileno. Detrás del saxo tenor de Agustín Moya, reman a ritmo de galera romana una sección rítmica de categoría y alcurnia entre los nuevos bopers: Nicolás Vera (guitarra), Pablo Menares (contrabajo) y Félix Lecaros (batería). La música se funde entre el bop moderno como combustible, la exploración como rumbo y el esprítitu de la música contemoránea como meta. Y además un ajustado diseño para el arte gráfico.

 

 

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