
Tiene una hermosa pieza llamada "Belén", algo así como su propia "Naima" (de John Coltrane). Como Mendoza, también sigue a Rollins en su operativa al tenor. Con el trompetista Sebastián Jordán fue uno de los responsables de regresar las duplas de estos vientos al protagonismo. Ha tocado con Roberto Lecaros, Pablo Lecaros, Nicolás Vera, Roberto Dañobeitía, Ariel Pino y Sebastián Duplaquet. En 2005 llegó como figura al Festival Providencia Jazz y puso su debutante Doble viaje en las disquerías.

Desde Conchalí al barrio más soleado de Río de Janeiro (Avenida Atlántica). Se inició en la big band de adolescentes con cuartel en Conchalí y terminó tocando en Brasil para el cantante pop carioca Ed Motta. Es un brillante tenorista, aún en formación, pero el contenido de sus solos está a un nivel sorprendente. Así lo afirman los mismos jazzistas mayores.

Alma gemela de Andrés Pérez, Gallardo sopla el saxo alto. Juntos tocaron en la Conchalí Big Band, en el grupo pop Feria, en el grupo post bop Contracuarteto y en los quintetos de Roberto Lecaros y Federico Dannemann. Es una de las "esperanzas” de propagar la especie del saxofón de registro alto, como Patricio Ramírez y Alfredo Espinoza.

Saxofonista docto, es el primer egresado de la Universidad Católica. Pero además de tocar música de cámara practica swing con la Big Band UC y colidera el Quinteto Oriente, una de las nuevas agrupaciones jazzísticas y una suerte versión pequeña del grupo Nexus (dada la mezcla de saxo alto con vibráfono). Fue formado por el maestro cubano Miguel Villafruela. Tiene un sonido muy elegante y gran técnica en la digitación.

Saxofonista alto considerado el gran hallazgo del nuevo jazz libre. A los 21 años ya ponía de cabeza los auditorios con su lenguaje de sonido, ruido y silencio absoluto. Acaba de ganar un Fondart con el grupo La Pichanga Trío, giró en 2004 por Europa con el grupo Akinetón Retard y siempre tocó música de alto voltaje para los grupos Turangalila, LaKut y los ensambles de cámara del pianista inglés Martin Joseph.

Pocas veces se puede estar frente a un talento de esta categoría en el lenguaje de la improvisación libre. Aun más joven que Edén Carrasco, el segundo de los hermanos Manuschevich vuela en cada serie de inspiración espontánea, sin importar si toca el saxo alto, el saxo sopranito, el clarinete bajo o la flauta traversa. Sus composiciones llevan un sello de los freejazzistas de Chicago y sus solos son cortopunzantes: duelen.