PABLO SOTO GONZÁLEZ
En Buenos Aires, el gobierno del Presidente Carlos Menem celebraba, y la prensa local titulaba a toda página: "¡¡¡Grande, referi!!!" En Chile, reuniones de urgencia se sucedían en la cancillería, y caras nerviosas y descompuestas de altos funcionarios daban cuenta de una muy, muy mala noticia.
Ambas escenas corrían en paralelo, el 21 de octubre de 1994, a poco de conocerse el fallo del tribunal arbitral que favoreció completamente las aspiraciones argentinas sobre Laguna del Desierto -o Lago del Desierto, como lo llaman los argentinos- y dejó a Chile con la pesada carga de sufrir una inmensa pérdida territorial.
En términos gráficos, representa más de 5 veces la comuna de Las Condes (99,4 kms 2), y más de 18 veces la comuna de Vitacura (28,9 kms 2).
De inmediato, la oposición se lanzó en picada contra el gobierno de Patricio Aylwin, a quien acusaban de haber aceptado una negociación cuyo resultado desfavorable parecía previsible, en circunstancias que no habían apuros evidentes para recurrir a un arbitraje que podía terminar en un todo o nada, como finalmente ocurrió.
Aylwin viajaba junto a su canciller Enrique Silva Cimma en un yate por las islas Galápagos cuando se enteró del fallo adverso por Laguna del Desierto.
Poco después, señaló en una entrevista que "la historia" lo juzgaría, y que abrigaba la esperanza de que lo juzgara bien. Aylwin no pudo ser contactado para este reportaje, según se dijo, debido a problemas de agenda.
El senador por Aysén, Antonio Horvath, quien había sido un fuerte crítico de la gestión de la cancillería, acusó al gobierno de "entreguista" -crítica que mantiene hasta hoy día -, mientras el Ejecutivo anunciaba su intención de acatar el fallo en el marco la política exterior chilena que cumplía con los compromisos contraídos.
La génesis de este resultado adverso para los intereses de Chile venía de mucho antes, cuando el 31 de octubre de 1991 los presidentes Aylwin y Menem habían resuelto acudir a un arbitraje internacional, medida estipulada en el Tratado de Paz y Amistad de 1984 para aquellos casos en los que las posiciones de ambos países se tornaran irreconciliables.
Chile y Argentina venían de solucionar momentos especialmente complejos de sus relaciones bilaterales, que estuvieron a punto de enfrentar a ambos países en una guerra a fines de 1978, luego de que Buenos Aires desconociera un fallo adverso que confirmaba la soberanía chilena en las islas Picton, Nueva y Lenox.
Así lo recuerda Silva Cimma: "El problema
de Laguna del Desierto hay que mirarlo dentro de un contexto más amplio
y que deplorablemente no ha sido mirado. Laguna del Desierto se insertaba dentro
de un contexto amplio de la necesidad de, de una vez por todas, mejorar a fondo
las relaciones con Argentina en el sentido de poner término a todas
las cuestiones que estaban pendientes".
El ex canciller no acepta críticas a la gestión chilena que derivó en la pérdida de Laguna del Desierto, y por el contrario, define la política exterior del gobierno de Patricio Aylwin como "una gestión extraordinariamente exitosa".
