Una de las cuestiones, ahora, es si realmente su gobierno consultó a todos los sectores. Usted declaró que sí, pero Renovación Nacional y la UDI le respondieron que no fue así.
Dije que efectivamente fueron consultados. Pero no llamé a los partidos políticos. Hicimos sondeos informales, pero no podíamos hacer más antes de firmar el acuerdo, porque estas cosas se filtran. Previamente a la firma del acuerdo de arbitraje, se consultó formalmente al Consejo Asesor de Relaciones Internacionales, el que estuvo de acuerdo. Y ahí están, además, los jefes de los estados mayores de la Defensa. Recuerdo perfectamente una reunión con los jefes de las FF. AA. para conocer su opiniones sobre la materia. Una vez firmado el acuerdo, el ministro Silva Cimma fue a la Cámara de Diputados y al Senado. En la Cámara hubo una votación que lo respaldó y el Senado, ese mismo día, tuvo la aprobación, la que fue unánime. Así es que entendí interpretar al país. Fuera de una o dos voces disidentes, la verdad es que se entendió que se avanzaba en el camino legítimo, adecuado, para remover el obstáculo de estas divergencias fronterizas con Argentina.
-¿Con la reacción actual, lo sigue entendiendo así?
Sigo creyéndolo. Es probable que muchos no entiendan que aceptar un arbitraje
era exponerse a ganar o a perder. Podría decirse que por qué no
lo dejábamos pendiente y seguíamos insistiendo en una negociación
directa, que es el gran argumento de hoy día. Nuestra opinión fue
zanjarlo todo de una vez, y como en esta materia no se veía posibilidad
de entendimiento y eso lo confirma el editorial de "El Mercurio'' lo menos malo
era ir inmediatamente al arbitraje, al cual tenemos que ir conforme al Tratado,
evitando nuevos conflictos, nuevas tensiones. Porque cada vez que existen tensiones
hay movilización de tropas, gastos operacionales, preocupaciones, disminución
del comercio, repercusiones en las relaciones económicas.
-¿Por qué Chile accedió a la invitación argentina? ¿para
evitar que el Tribunal Arbitral propusiera una solución de equidad que
dejara conformes a ambas partes y solamente le diera toda la razón a
uno de los dos países?
Yo no sé cuándo se haya acordado una solución que no contemplara
la equidad... ¡Este es un asunto que no recuerdo que se haya convenido!.
Por el contrario, siempre pensamos que el arbitraje podría terminar en
una solución objetiva.
-Autoridades de su gobierno y de éste explicaron que si Chile no obtenía
todo lo que pedía en Laguna del Desierto, por lo menos iba a lograr
parte. Pero, al parecer, era todo o nada...
Yo nunca entendí que fuera todo o nada y nunca que entre los documentos
que recuerdo haber visto se estableciera que fuera así. Por el contrario,
siempre pensamos que podría haber una solución de equidad. Incluso,
una de las críticas que se ha hecho es por qué se nombró a
jueces latinoamericanos, y es porque personalmente pienso que las soluciones
de equidad son más factibles en ellos que en juristas europeos, más
aficionados a aplicar el marco estricto del Derecho y de la ley.
Parece preocupante que no supiera quien era primera autoridad del país
la no aceptación por Chile de una solución sin equidad. Ya entonces
se presumía que Argentina pudiese tener mayores posibilidades. Porque
Chile, según el Tratado de 1881, y sobre esa base para llegar al laudo
de 1902, sostenía el principio limítrofe divisorio de las aguas,
pero posteriormente se descubrió que esas aguas caían hacia el
Atlántico. Por lo tanto, era presumible que ese factor le pudiese dar
más razón a Argentina. Y si no existía una salida de equidad
era probable pensar que Argentina podía obtener todo...
Sí, lo que me dice me parece razonable. Siempre nosotros pensamos que
este era un arbitraje difícil para Chile por esa razón.
-¿Lo pensaron desde el comienzo?
Yo diría que en todo momento era una situación difícil,
pero que había que darle un corte. Lo peor cuando uno tiene un tumor
es ponerse a esperar que reviente o se propague por todo el cuerpo. Cuesta
decidirse a operarse, pero hay que tener coraje.
