S
-Una de las críticas que usted ha recibido es que no se consultó a
los expertos de todos los sectores, como declaró el profesor Francisco
Orrego...
Leí esa crítica. Me parece injusta. Él dice que la concepción
de política de Estado está bien, pero que su implementación
está mal porque sólo se consultaba a cierta gente. La verdad es
que el principal abogado que designó el Gobierno, Javier Illanes, no es
hombre de la Concertación. Es un funcionario de gran tradición,
en quien tengo plena confianza, pero no lo conocía de antes.
- Argentina convenció a los jueces con su planteamiento, por sobre el
de Chile, que lo que había que juzgar era si Chile podía obtener
más de lo que pretendía en 1902. ¿Por qué entonces
Chile no invocó lo que Argentina decía en esos años, que
no era la divisoria de aguas sino de las altas cumbres?
Chile expuso todos los argumentos, y entre ellos estaban los planteamientos
que los argentinos hicieron en el pasado. Debe haber tenido una influencia
negativa el mapa que publicó el Instituto Geográfico Militar el año
53, que circuló durante tres años, el que era adverso a la tesis
de Chile. Cuando los abogados me dijeron que los argentinos iban a hacer presente
ese mapa, me contaron que también nosotros teníamos algunos mapas
argentinos favorables a la tesis chilena, los cuales también se hicieron
presentes.
-¿Debe estudiarse y revisarse el fallo?
Que deba estudiarse no me cabe duda. Sobre todo cuando se pierde un pleito
hay que ver cuáles debilidades puede tener y qué posibilidades legales
de impugnación puede haber. Y me parece bien que el Gobierno haya pedido
asesoría para estudiar qué posibilidades de impugnación
hay.
-Por lo tanto, aceptar inmediatamente el fallo, ¿no
fue muy apresurado?
No, porque lo peor habría sido crear la incertidumbre que porque Chile
perdía, lo rechazaba, siguiendo el ejemplo de Argentina en el caso del
Beagle. Creo que la buena fe de Chile está comprometida. Pero acepta el
fallo sin perjuicio de las posibilidades legales de impugnarlo, y eso está dentro
de las reglas del juego. A primera vista uno no ve cómo, pero para eso
está el estudio. Se habría creado una situación muy tensa
con Argentina, que habría levantado expectativas y ánimos en la
población, que a lo mejor iban a resultar frustrados si desde el principio
se dice que íbamos a impugnar el fallo.
-¿Por qué latinoamericanos? ¿Sobre qué criterios
se conformó el equipo de árbitros latinoamericanos?
El asunto me fue consultado en su oportunidad por el ministro Silva Cimma y
el subsecretario, Edmundo Vargas. Me dieron las informaciones sobre quiénes
eran, sus currículos y me parecieron personas plenamente confiables,
de gran prestigio y, en consecuencia, yo estuve de acuerdo en sus designaciones.
-¿No hubo otro criterio que primara, como por
ejemplo grados de amistad con Vargas u otros chilenos?
No creo que sean grados de amistad con... El hecho de que Edmundo Vargas,
un hombre de mi plena confianza, profesor de Derecho Internacional, los conociera
y me los recomendara como personas serias y expertas fue un antecedente que
tomé en
consideración, naturalmente. Uno obtiene referencias de personas de su
confianza. Hasta ahora yo no he oído ninguna impugnación respecto
del nombre de esos caballeros. La única crítica que he oído
es que fue un error que hayan sido latinoamericanos. Ese sería el pecado.
-¿Qué puede decir sobre eso?
Que era bueno que en este tipo de cosas fuéramos practicando el sentido
americanista. ¿Por qué tenemos que estar buscando jueces en Europa
o en Estados Unidos cuando en América Latina hay juristas prestigiosos
y de calidad que pueden resolver los asuntos?
-Sin embargo, ¿no fue una proposición
Argentina que fueran latinoamericanos?
Entiendo que sí.
-¿Y no se pensó que, por motivo de la guerra de las Malvinas, Argentina
temía que hubiese jueces europeos no favorables?
No me pareció que ese argumento fuera determinante. Para mí lo
importante era que fueran jueces que nos merecieran confianza, que tuvieran las
cualidades adecuadas, y no teníamos por qué ir a buscar a otro
continente cuando en éste hay. Hay una especie de complejo de inferioridad
de los latinoamericanos, que tienen que ir a buscar los criterios, las modas
y las soluciones en otras partes.
-¿Qué proyección y significación
le da ahora al tema de Campo de Hielos?
No debiera tener ninguna porque nunca ha sido objeto de conflictos. Ha sido
un problema de límites más bien abstracto. Y respecto de eso llegamos
a un acuerdo con Argentina y lo lógico es que sea respetado. Y espero
que los Congresos de Argentina y Chile lo ratifiquen. Creo que es un buen acuerdo
para ambos países.
- ¿Por qué sería buen acuerdo
para Chile?
No soy técnico en la materia, pero por las informaciones que tengo, creo
que es un acuerdo satisfactorio en el sentido de que el límite ahí convenido
resguarda suficientemente los intereses de Chile. El problema que algunos plantean
es en qué medida el límite se acerca a los fiordos, al Pacífico.
Bueno, según ese criterio se tendría que pedir que la frontera
en Puerto Natales se corriera, porque está a 10 kilómetros del
Pacífico. La fórmula del acuerdo fue debidamente estudiada por
gente entendida y las impugnaciones que se me han hecho ver no me parecen contundentes.
-El Presidente Menem insinuó que podría
haber arbitraje en esa zona si no hay acuerdo entre ambos Parlamentos.
Bueno, me parece que el deber del Presidente Menem, que suscribió un acuerdo
conmigo en esa materia, es esforzarse en obtener de su Congreso su aprobación.
-¿No le conviene a Chile el arbitraje por la
experiencia de Laguna del Desierto?.
En materia de arbitrajes, Chile ha perdido éste, pero Argentina ha perdido
otros. La verdad es que no se puede, por un caso, sentar como precedente que
todos los arbitrajes los va a perder Chile. El arbitraje del Beagle lo ganó Chile
y ellos no lo aceptaron, pero en definitiva, en el Tratado de Paz y Amistad terminaron
aceptándolo, porque este tratado prácticamente condujo a las mismas
conclusiones que había llegado el fallo arbitral.
-¿Era conveniente el arbitraje en Laguna del
Desierto estando ocupada la zona? Porque ese fue otro motivo que tuvieron
los jueces para favorecer a Argentina.
Cuando se va a una disputa no se puede exigir que el pleito se solucione por
una medida precautoria. La verdad es que, nos gustara o no, esa zona (Laguna
del Desierto) estaba ocupada desde los años 60 y poner como condición
para ir al arbitraje que se desocupara, era poner una condición imposible;
era mantener la disputa.
