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LAGUNA DEL DESIERTO
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ENTREVISTAS:
Ex Presidente Patricio Aylwin

Ex ministro de Relaciones Exteriores, Enrique Silva Cimma

Senador Antonio Horvath

Los mapas

-Una de las críticas que usted ha recibido es que no se consultó a los expertos de todos los sectores, como declaró el profesor Francisco Orrego...
Leí esa crítica. Me parece injusta. Él dice que la concepción de política de Estado está bien, pero que su implementación está mal porque sólo se consultaba a cierta gente. La verdad es que el principal abogado que designó el Gobierno, Javier Illanes, no es hombre de la Concertación. Es un funcionario de gran tradición, en quien tengo plena confianza, pero no lo conocía de antes.


- Argentina convenció a los jueces con su planteamiento, por sobre el de Chile, que lo que había que juzgar era si Chile podía obtener más de lo que pretendía en 1902. ¿Por qué entonces Chile no invocó lo que Argentina decía en esos años, que no era la divisoria de aguas sino de las altas cumbres?
Chile expuso todos los argumentos, y entre ellos estaban los planteamientos que los argentinos hicieron en el pasado. Debe haber tenido una influencia negativa el mapa que publicó el Instituto Geográfico Militar el año 53, que circuló durante tres años, el que era adverso a la tesis de Chile. Cuando los abogados me dijeron que los argentinos iban a hacer presente ese mapa, me contaron que también nosotros teníamos algunos mapas argentinos favorables a la tesis chilena, los cuales también se hicieron presentes.


-¿Debe estudiarse y revisarse el fallo?
Que deba estudiarse no me cabe duda. Sobre todo cuando se pierde un pleito hay que ver cuáles debilidades puede tener y qué posibilidades legales de impugnación puede haber. Y me parece bien que el Gobierno haya pedido asesoría para estudiar qué posibilidades de impugnación hay.


-Por lo tanto, aceptar inmediatamente el fallo, ¿no fue muy apresurado?
No, porque lo peor habría sido crear la incertidumbre que porque Chile perdía, lo rechazaba, siguiendo el ejemplo de Argentina en el caso del Beagle. Creo que la buena fe de Chile está comprometida. Pero acepta el fallo sin perjuicio de las posibilidades legales de impugnarlo, y eso está dentro de las reglas del juego. A primera vista uno no ve cómo, pero para eso está el estudio. Se habría creado una situación muy tensa con Argentina, que habría levantado expectativas y ánimos en la población, que a lo mejor iban a resultar frustrados si desde el principio se dice que íbamos a impugnar el fallo.


-¿Por qué latinoamericanos? ¿Sobre qué criterios se conformó el equipo de árbitros latinoamericanos?
El asunto me fue consultado en su oportunidad por el ministro Silva Cimma y el subsecretario, Edmundo Vargas. Me dieron las informaciones sobre quiénes eran, sus currículos y me parecieron personas plenamente confiables, de gran prestigio y, en consecuencia, yo estuve de acuerdo en sus designaciones.

-¿No hubo otro criterio que primara, como por ejemplo grados de amistad con Vargas u otros chilenos?
No creo que sean grados de amistad con... El hecho de que Edmundo Vargas, un hombre de mi plena confianza, profesor de Derecho Internacional, los conociera y me los recomendara como personas serias y expertas fue un antecedente que tomé en consideración, naturalmente. Uno obtiene referencias de personas de su confianza. Hasta ahora yo no he oído ninguna impugnación respecto del nombre de esos caballeros. La única crítica que he oído es que fue un error que hayan sido latinoamericanos. Ese sería el pecado.


-¿Qué puede decir sobre eso?
Que era bueno que en este tipo de cosas fuéramos practicando el sentido americanista. ¿Por qué tenemos que estar buscando jueces en Europa o en Estados Unidos cuando en América Latina hay juristas prestigiosos y de calidad que pueden resolver los asuntos?


-Sin embargo, ¿no fue una proposición Argentina que fueran latinoamericanos?
Entiendo que sí.


-¿Y no se pensó que, por motivo de la guerra de las Malvinas, Argentina temía que hubiese jueces europeos no favorables?
Presidente AylwinNo me pareció que ese argumento fuera determinante. Para mí lo importante era que fueran jueces que nos merecieran confianza, que tuvieran las cualidades adecuadas, y no teníamos por qué ir a buscar a otro continente cuando en éste hay. Hay una especie de complejo de inferioridad de los latinoamericanos, que tienen que ir a buscar los criterios, las modas y las soluciones en otras partes.


-¿Qué proyección y significación le da ahora al tema de Campo de Hielos?
No debiera tener ninguna porque nunca ha sido objeto de conflictos. Ha sido un problema de límites más bien abstracto. Y respecto de eso llegamos a un acuerdo con Argentina y lo lógico es que sea respetado. Y espero que los Congresos de Argentina y Chile lo ratifiquen. Creo que es un buen acuerdo para ambos países.


- ¿Por qué sería buen acuerdo para Chile?
No soy técnico en la materia, pero por las informaciones que tengo, creo que es un acuerdo satisfactorio en el sentido de que el límite ahí convenido resguarda suficientemente los intereses de Chile. El problema que algunos plantean es en qué medida el límite se acerca a los fiordos, al Pacífico.
Bueno, según ese criterio se tendría que pedir que la frontera en Puerto Natales se corriera, porque está a 10 kilómetros del Pacífico. La fórmula del acuerdo fue debidamente estudiada por gente entendida y las impugnaciones que se me han hecho ver no me parecen contundentes.


-El Presidente Menem insinuó que podría haber arbitraje en esa zona si no hay acuerdo entre ambos Parlamentos.
Bueno, me parece que el deber del Presidente Menem, que suscribió un acuerdo conmigo en esa materia, es esforzarse en obtener de su Congreso su aprobación.


-¿No le conviene a Chile el arbitraje por la experiencia de Laguna del Desierto?.
En materia de arbitrajes, Chile ha perdido éste, pero Argentina ha perdido otros. La verdad es que no se puede, por un caso, sentar como precedente que todos los arbitrajes los va a perder Chile. El arbitraje del Beagle lo ganó Chile y ellos no lo aceptaron, pero en definitiva, en el Tratado de Paz y Amistad terminaron aceptándolo, porque este tratado prácticamente condujo a las mismas conclusiones que había llegado el fallo arbitral.


-¿Era conveniente el arbitraje en Laguna del Desierto estando ocupada la zona? Porque ese fue otro motivo que tuvieron los jueces para favorecer a Argentina.
Cuando se va a una disputa no se puede exigir que el pleito se solucione por una medida precautoria. La verdad es que, nos gustara o no, esa zona (Laguna del Desierto) estaba ocupada desde los años 60 y poner como condición para ir al arbitraje que se desocupara, era poner una condición imposible; era mantener la disputa.

 

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