-¿Por qué Chile hizo lo posible para evitar que fueran parlamentarios
a la zona? En cambio, Argentina tenía gente, hacía carreteras,
explotaba la zona turísticamente...
Cierto... Creo que ése puede haber sido un error de mi parte. Pensaba,
tal vez por mi mentalidad jurídica, que esos actos podían ser interpretados
como acciones para presionar al Tribunal. Por mi experiencia como abogado y como árbitro
en muchos casos, siempre he estimado que las presiones a los tribunales son contraproducentes,
que el juez se predispone en contra del que hace este tipo de cosas. Por eso
cuando se planteó al asunto dije que era inconveniente.
-¿Le preocupa que el caso de Laguna del Desierto pueda empañar
la imagen de su gobierno en la historia? Así está pasando ahora
con Barros Arana...
Siempre se ha criticado a Barros Arana, y no faltan los que le echan la culpa
por la Patagonia. Me parece muy injusto y no lo comparto. Creo que se jugó por
lo que en su tiempo se consideraba la mejor línea en la defensa de Chile.
Los tratados firmados con Argentina están hechos en la base del principio
que él sustentó.
Y contestando derechamente su pregunta, tengo mi conciencia tranquila. Creo
que actué como debía. Tuve el coraje de tomar el toro por las astas
y afrontar la situación; habría sido más fácil rehuirla.
Las decisiones hay que tomarlas y sobre todo que la postergación tiene
sus riesgos. Yo creo que en América Latina debe imponerse este criterio
y que los problemas de límites que aún subsisten en distintas partes
del continente tendrán que arreglarse por caminos jurídicos en
que perderán unos, otras veces perderán otros. Pero que en definitiva,
lograr la paz y la estabilidad de la situación es mejor. Si me equivoco
en mi criterio la historia me juzgará y abrigo la esperanza de que me
juzgue bien.
