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Boza asegura
que este trabajo marca el cambio de la arquitectura cúbica
y alba de Le Corbusier, a una con sesgos regionalistas,
al incorporar techumbres de tejas a dos aguas y materiales
de la zona.
"Es una casa que cobra importancia cuando los historiadores
y los expertos en arquitectura, que analizan los obras y
la trayectoria, se dan cuenta que esta es la primera obra
en que plantea el techo inclinado", asegura.
Además cuenta una especie de infidencia, o si se
prefiere, una anécdota casi para crónica rosa.
"Planimétricamente se produce una discusión
entre los críticos, que se preguntan por qué
esta casa tenía una habitación externa a la
cual se cruzaba por un puente. Y entonces le preguntan a
Le Corbusier antes que muriera y él explica que Matías
Errázuriz, estaba en relaciones bastante complejas
con su mujer, le construye la pieza de ella en el exterior,
lo más lejos posible de su habitación. Y es
por eso que ese cubo que sale del frontis, y que se cruza
por un puente, es la pieza de la señora de Matías
Errázuriz".
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