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La obra
presenta fórmulas muy características, como
el uso del hormigón a la vista y el juego de volúmenes.
El edificio, que posee un estanque oval y llamativos juegos
de agua, destaca por su cálida integración
con el entorno paisajístico.
"Me dio mucho gusto una nota muy simpática e
inteligente que me envío un arquitecto chileno diciéndome
que habían considerado que el edificio de las Naciones
Unidas para América Latina, que en Chile lo llaman
"la Cepal", representaba mejor que ningún
otro la arquitectura nacional en el extranjero", contó
Duhart en alguna ocasión.
Sin embargo, la obra emplazada en Vitacura fue muy mal recibida
porque se presentaba sobria, ruda, ajena a lujos y despliegues
de riqueza. "No quería un monumento a la burocracia",
ha repetido el arquitecto en diversas instancias.
Tal vez una de las obras más “corbusianas”
en Chile es el Cap Ducal de Viña
del Mar, construido por Roberto Dávila en 1936, un
ícono de la arquitectura moderna.
Macarena Cortés, en un articulo publicado el año
2003 en la revista
ARQ, plantea que dicha construcción se destaca
por una planta que "propone claramente una secuencia
espacial horizontal, en la relación entre interior
y exterior, a través de tres tipos de espacio: un
núcleo rígido hacia la calle, espacios de
continuidad desarrollados horizontalmente que se abren hacia
el exterior a través de la transparencia generada
por la utilización de una estructura de pilares y
ventanales, y finalmente, espacios de extensión también
desarrollados horizontalmente a través de losas en
voladizo sobre el mar".
Estas características son las que precisamente proponía
Le Corbusier, amigo de Roberto Dávila, quien trabajó
en el famoso taller de la Rue de Sèvres.
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