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El 25 de
noviembre de 1938 Le Corbusier recibe una carta de Roberto
Dávila a título personal en la que le pide
que acepte realizar el plano regulador de Santiago. Un mes
después recibe otra misiva de García Tello,
a nombre del consejo municipal de Santiago, en la que se
le solicita lo mismo.
En ambos casos responde de forma afirmativa, fijando sus
condiciones y honorarios.
Le Corbusier, enterado de los estragos y destrucción
causada por el terremoto de Chillán, el 24 de enero
de 1939, ofreció, sin cargo alguno, trabajar en los
planes de reconstrucción de esta ciudad y de Concepción.
Hernán Marchant dice en una ponencia que "a
pesar de obtener la aprobación de la asamblea general
del Instituto de Urbanismo a la idea de invitar a Le Corbusier,
el presidente del instituto, Rodolfo Oyarzún, consideró
que esto constituía una ataque para el arquitecto
chileno Roberto Humeres, quien estaba desarrollando el plano
de Santiago sobre la base del trabajo de Karl Brunner".
La prensa de la época se encargó además
de inclinar la balanza en contra del franco-suizo.
Desde aquí en adelante los esfuerzos se tornan en
una lucha de intereses y maniobras políticas, lo
que sumado al elevado salario pedido inicialmente por Le
Corbusier (cinco veces más alto que el proyectado
de Brunner) echó al suelo los planes de los más
vanguardistas.
No contento con la serie de negativas provenientes de Santiago,
Le Corbusier propuso igualar sus honorarios con los propuestos
por el arquitecto austriaco, y aunque recibió la
invitación formal del alcalde de Santiago, nunca
tuvo en sus manos el contrato ni menos un adelanto de sus
pagos, condición solicitada antes de viajar a Chile.
Finalmente el embajador de Francia en Santiago dio por cerrado
el caso y le comunicó, en una carta fechada el 1
de julio de 1939, que el municipio no podía pagar
los gastos de su viaje.
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