Guillaume Jullian
Hernán Marchant
Cristián Boza
Claudio Vásquez


Ni siquiera me dieron el título en ese momento, se lo dieron a mi hermana que lo fue a buscar a después. Y me fui a París con la idea de trabajar con él.

Pero antes de llegar a París hice mi travesía. Viajé para poder prepararme, porque venía de Valparaíso con un cierto tipo de mentalidad ‘libresca’, todo lo que yo conocía estaba a mi alrededor, pero nada más. Entonces dije ‘voy a viajar durante un año, y después, cuando ya esté más o menos maduro, voy a ir a golpear la puerta de Le Corbusier’.

Partí por el norte, fui a Holanda, Bélgica, a Alemania, de ahí a Italia. Bajé a París cuando sentí que estaba listo y cuando ya se me había acabado la plata.

Cuando terminé mi peregrinaje a través de todas las cosas de Le Corbusier, le mandé una carta contándole por que yo quería trabajar con él y unos dibujos míos que había hecho cuando pasé por Venecia.

La cuestión es que una vez que llegué a su taller, me hizo pasar a su pieza, me dijo que desgraciadamente no me podía dar trabajo, porque tenía la oficina completamente ocupada, pero que iba a pensarlo.

Llegué en un momento en que él había puesto fuera de la oficina a todos los dibujantes que tenía. Me dijo que encontraba que estaban muy viejos, que ya habían hecho la experiencia y que tenían que ir a hacer experiencia afuera. Un poco como que los echaba.

Entonces me dijo que éste era un secreto que no quería que se lo contara a nadie, y me anunció ‘usted va a venir a trabajar conmigo, pero no diga nada’. Cuando volvimos de vacaciones había cambiado las chapas de la oficina y ya nadie de los antiguos podía entrar. Yo me quedé con él solo y estuve cerca de ocho meses como el único dibujante.

Y ahí empezó todo esta historia. Entremedio yo tomé algunos proyectos, uno que estaba terminando en Chandigarh y poco tiempo después me llamó a su oficina y me dijo, mire Jullian voy a hacer el primer edificio en Estados Unidos, y posiblemente el único, y usted se va a encargar. Imagínese, yo venía saliendo de la Católica de Valparaíso, venía sin ninguna experiencia especial, pero me las arreglé y terminé ese proyecto con él, junto con el apoyo de un arquitecto que estaba trabajando desde Harvard, José Luis Sert.