
Se supone que hay una carta donde Matías Errázuriz
le hace observaciones a Le Corbusier del proyecto. Esta
misiva la tiene un arquitecto chileno que vive en París
y que a mí no me las quiso mostrar. Se supone que
existe, yo no la he visto, no sé si será verdad,
pero dice que está.
Era obvio que si le llagaban unos planos incompletos,
que si además la persona que tenía que tomarlo
no lo hacía, la casa iba a tener ciertas dificultades.
Por otra parte, en el contrato que se firmó se comprometía
un pago de 15 mil francos, que como parámetro, para
él no debe haber sido muy atractivo, porque por cada
conferencia cobraba seis mil francos.
¿Qué
pasó con las peticiones que realizó Matías
Errázuriz?
Además está ese asunto, con
las expectativas del proyecto que llegó. Porque Le
Corbusier fue en 1929 a hacer charlas sobre sus teorías
de la arquitectura moderna. La casa no era una representación
de los principios que Le Corbusier planteaba en sus conferencias,
sino que era más vernácula, además
no incorporaba las columnas de mármol que había
en el lugar y que fueron solicitadas por Errázuriz,
a pesar de que Le Corbusier intentó trabajar con
ellas en sus primeros esquemas.
Desde el punto de vista espacial la casa es
absolutamente moderna, tiene un gran salón, un altillo
a doble altura, está muy abierto el horizonte y tiene,
arquitectónicamente, un carácter marcadamente
moderno. Pero el aspecto exterior es de una línea
diferente.
La casa que finalmente Matías Errázuriz
construyó es como una especie de mezcla entre estos
primeros esquemas, que surgen de las conversaciones con
Le Corbusier en el hotel de Buenos Aires y lo que finalmente
mandó desde París. Esta obra la desarrolló
posteriormente Carlos de Landa, que es la casa que está
construida ahora en el terreno de Zapallar.
A raíz de estos antecedentes yo concluyo
que la casa no se construyó antes, porque con la
información que llegó no se podía construir.
Y segundo, que no había nadie que pudiera desarrollar
lo que Le Corbusier mandó.
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