A fines del siglo XVIII, mientras en el clima de las artes europeas imperaba el frío academicismo, surge la gran figura de Francisco de Goya y Lucientes, una de las más destacadas personalidades del arte universal. Marcado por la obra de Velázquez, habría de influir, a su vez, en Edouard Manet, Pablo Picasso y gran parte de la pintura contemporánea. En su obra, Goya desarrolló una compleja genialidad. En su arte, confluyeron la adhesión a la Ilustración, a la razón, y una viva atención por lo caótico, oscuro, irracional y nocturno.
Nació en marzo de 1976, en el pequeño pueblo zaragozano de Fuendetodos, fue hijo de una modesta familia. Poco se sabe de su niñez. Asistió a las Escuelas Pías de Zaragoza y comenzó su formación artística a los 14 años, edad a la que entró como aprendiz al taller de José Luzán, pintor local competente aunque poco conocido, donde pasó casi cuatro años. En 1763 el joven artista viajó a Madrid con la esperanza de ganar una beca de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, ayuda que no conseguiría ni en esta ocasión ni en 1766, año en que lo intentó de nuevo.
En la capital de España trabó amistad con otro artista aragonés, Francisco Bayeu, pintor de la corte que trabajaba en el estilo académico introducido en España por el pintor alemán Anton Raphael Mengs. Bayeu (con cuya hermana, Josefa, habría de casarse Goya en 1774) tuvo una enorme influencia en la formación tempranera de Goya y a él se debe que participara en un encargo importante, los frescos de la bóveda de la basílica de Nuestra Señora del Pilar de Zaragoza (1772, 1780-1782),y que se instalara más tarde en la corte. Rápidamente asciende su carrera artística. De 1774 son las pinturas al óleo sobre muro de la iglesia de la cartuja de Aula Dei, cerca de Zaragoza, que ya anticipan el estilo que desarrollará en los magníficos frescos de la ermita de San Antonio de la Florida en Madrid, en 1798.
Hacia enero de 1775 Goya se instaló definitivamente en Madrid en casa de su cuñado, Francisco Bayeu, y comenzó a trabajar para la Real Fábrica de Tapices de Santa Bárbara. Los cartones-es decir, bocetos que después se transformarán en tapices- fueron muy apreciados por la visión fresca y amable que ofrecían de la vida cotidiana española. Con ellos revolucionó la industria del tapiz que, hasta ese momento, se había limitado a reproducir fielmente escenas del pintor flamenco del siglo XVII David Teniers. La relación con la Real Fábrica durará 18 años y en ellos realizará sus cartones más preciados: “Merienda a orillas del Manzanares”, “El Quitasol”, “El Cacharrero”, “La Vendimia” o “La Boda”.