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Vaticano:
Un Papa callado y sufriente beatifica a la Madre Teresa
El Mercurio, lunes 20 de octubre de 2003

Durante la ceremonia, que congregó a 300 mil personas de diferentes religiones, el Pontífice no pudo leer ni una sola palabra de la homilía.

Ante unas 300 mil personas y en muy débil estado de salud, el Papa Juan Pablo II beatificó ayer a la Madre Teresa de Calcuta. Foto:ASSOCIATED PRESS

Sin ocultar su fatiga, con un claro sufrimiento y pronunciando poquísimas palabras, el Papa Juan Pablo II beatificó ayer en el Vaticano a la Madre Teresa de Calcuta. El acto fue multitudinario y congregó a alrededor de 300 mil personas de diferentes religiones y procedencias.

Hasta ahora, lo que más preocupaba del Santo Padre era su dificultad para caminar. Ya no puede desplazarse solo y siempre está sentado en un sillón especial que le permite realizar su ministerio. A lo anterior, hay que unir ahora la pérdida progresiva de su capacidad para hablar, un síntoma, según médicos especialistas, de la evolución de la enfermedad de Parkinson, que lo afecta desde hace años.

Juan Pablo II sacó fuerzas de flaqueza para poder proclamar beata a la monja que tanto admira y que llamó "ícono del Buen Samaritano". Con esfuerzo pronunció en latín la fórmula de beatificación, pero no pudo leer el texto en el que había escrito tantas alabanzas sobre "esa pequeña mujer, decidida, infatigable benefactora y enamorada de Dios", como la denominó.Después de esa lectura, Karol Wojtyla no pudo articular palabra. Renunció por

primera vez en la historia de su papado a leer la homilía, al menos en parte, y confió el texto al arzobispo argentino Leonardo Sandri, sustituto de la Secretaría de Estado, y al arzobispo de Bombay, Ivan Duas.

En otro momento de la ceremonia tuvo que ser sustituido por el cardenal Joseph Ratzinger, decano del colegio cardenalicio, y la mayoría de las veces lo poco que hablaba no se entendía, ya que tenía un hilo de voz y daba la sensación de que le faltaba el aire.

Al final, durante el Angelus, el Papa hizo un nuevo esfuerzo y saludó en italiano, inglés, macedonio y albanés. Pero dos horas y media de ceremonia eran demasiado para su delicada salud.