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Reflexiones seleccionadas del libro Orar

María

Cuando la congregación de las Misioneras de la Caridad acababa de ser fundada, tuvimos necesidad urgente de un edificio para la casa matriz.
Para conseguirlo, yo prometí rezar a la Viren 85.000 veces el Acordaos.
Es decir, la siguiente oración:

Acordaos, oh piadosísima Virgen María,
que jamás se ha oído decir
que ninguno de cuantos han invocado vuestra protección,
implorando vuestro auxilio
o suplicado vuestra intercesión,
haya sido desamparado.
Animado por esta misma confianza recurro a Vos,
oh Virgen de las vírgenes y Madre mía amantísima.
A Vos acudo, ante Vos me postro,
triste y pecador.
Oh, Madre del Verbo Encarnado,
no despreciéis mis peticiones,
sino que, por vuestra bondad,
dignaos escucharme y socorrerme.
Amén.

Por entonces éramos todavía muy pocas Hermanas.
¿Cómo podríamos hacer frente a nuestra deuda de oraciones?
Se me ocurrió una solución: reunir a todos los niños y a los enfermos que teníamos a nuestro cuidado en Normal Hriday y en Shishu Bhavan.
Les enseñé la oración y todos hicimos promesa de decirla.
El edificio no tardó en ser nuestro.

Oigamos a María para que nos enseñe, como hizo con su Hijo Jesús, a ser mansos y humildes de corazón, y de esta manera poder dar gloria a nuestro Padre que está en los cielos.