Santidad
La santidad no consiste en llevar a cabo cosas extraordinarias.
Consiste en aceptar con una sonrisa lo que Jesús nos envía.
Consiste en aceptar y seguir la voluntad de Dios.
Sentir
disgusto algunas veces es algo muy natural.
La virtud, que a veces adquiere dimensiones de heroicidad, consiste
en ser capaces de sobreponerse al disgusto por amor de Jesús.
Éste es el secreto que descubrimos en la vida de algunos santos:
su capacidad de ir más allá de lo meramente natural.
Esto es lo que ocurrió a san Francisco de Asís.
Una vez, que tropezó con un leproso totalmente desfigurado, retrocedió
de manera instintiva.
Al instante se sobrepuso a su disgusto y basó aquel rostro totalmente
desfigurado.
¿Cuál fue el resultado?
Francisco se sintió inundado de un inmenso gozo.
Se sintió dueño por completo de sí mismo.
Y el leproso prosiguió su camino dando gloria a Dios.
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