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Reflexiones seleccionadas del libro Orar

Vida y muerte

Hace unos meses (como no dejáis de saber, nosotras trabajamos también por las noches), hicimos un recorrido por Calcuta y recogimos a unas cinco o seis personas que yacían abandonadas en las calles.
Se encontraban en condiciones muy tristes.
Por esa razón las llevamos a la Casa del Moribundo de Kalighat.
Entre las personas que recogimos se encontraba una señora muy menuda que, a consecuencia de sus condiciones extremas, estaba a punto de agonizar.
Yo dije a las Hermanas:

-Ocupaos de los otros. Yo me haré cargo de esta mujer.
Estaba a punto de ponerla en una cama cuando ella tomó mi mano y se dibujó en su rostro una hermosa sonrisa.
No dijo más que esto:
-¡Gracias!
Y expiró.
Os lo aseguro: me dio mucho más de lo que le había dado yo a ella.
Me ofreció su amor agradecido.
Observé su rostro unos instantes, preguntándome : “En su lugar, ¿qué habría hecho yo?”
Y me contesté con toda sinceridad : “Sin duda alguna, habría hecho lo imposible por atrae la atención de los demás. Habría gritado ‘¡Tengo hambre! ¡Me estoy muriendo de sed! ¡Socorro, me muero!’ "

Ella, por el contrario, se mostró tan agradecida, tan generosa…
No me cansaré jamás de repetirlo: ¡Los pobres son maravillosos!