Su debilidad son las rubias. Así lo demuestra la larga lista de romances de Marcelo Ríos con chicas de pelo dorado, en la que el apellido Larraín se repite dos veces. Fiestero y conocido por sus salidas nocturnas que más de alguna vez le trajeron problemas, el “Chino” es posesivo y celoso, según confesión.


De contextura delgada, estatura mediana, ojos rasgados y su característica melena amarrada, Marcelo Ríos no representaba el prototipo del joven atractivo y con desplante. Al contrario, su personalidad retraída y tímida asentaron en él la imagen del tipo solitario que tenía como única pasión al tenis y quizás, vía de escape.

Lo anterior complotó para que durante su juventud las relaciones con el sexo opuesto no se dieran fluidamente y de ahí que no se le conozcan “pololas” en sus años de estudiante.

De esa época, la adolescente, hay pocas pistas y por eso, nombres como María José Gutiérrez, la periodista deportiva Deborah Bailey y Maritzu Sanz no están registradas como compromisos importantes.

Aún así, y pese a su clara pasión por el tenis, algunas jóvenes lograron deslumbrarlo, como la ex Miss Chile para Miss Mundo, Luz Francisca Valenzuela, hermana del actor Gonzalo Valenzuela. A ella la conoció en un torneo de tenis en el que trabajaba de promotora, la invitó a una fiesta y, aunque anduvieron juntos un tiempo, la relación no prosperó.

Sí era evidente su gusto por divertirse en compañía de sus amigos. Sus agitadas noches de fiesta hasta la amanecida, en lugares como el bar “Entre Negros” de Miguel Piñera, “Las Urracas”, el “Café Vallarta” y otros pubs de Santiago y Reñaca, más de alguna vez fueron objeto de notas en medios de farándula.

Con los años y a medida que se fue haciendo conocido, la imagen sobre su persona cambió. No sólo ya era un hombre atractivo, sino que sus escapadas nocturnas fueron dejando como estela la fama de conquistador con buen gancho entre las mujeres.

Por eso, no llamó la atención que la primera polola oficial “Chino” Ríos fuese Patricia Larraín, una joven que había alcanzado ya las primeras planas de revistas juveniles con su cetro de “Miss 17”.

El primer encuentro se produjo a principios de 1996, en el restaurante “El Club” de El Bosque. Un grupo de amigos se había reunido a comer y ambos quedaron sentados al frente. Las miradas iban y venían y debido a la personalidad y figura de la ex reina de belleza, Marcelo Ríos quedó cautivado; ella, encantada con su caballerosidad.

Tiempo después, se volvieron a ver en un partido de tenis entre Ríos y Nicolás Lapentti. El “Chino” le preguntó si quería salir con él, si ganaba el partido y ella, nerviosa, aceptó. Durante el cotejo se comportó como todo un seductor; la miraba entre punto y punto y como, por supuesto, ganó, salieron.

Desde entonces empezaron a frecuentarse más seguido y tres meses después, se dieron el primer beso e iniciaron un “pololeo formal”, en abril de ese año.

Ella, casi dos años mayor que él, demostró rápidamente una personalidad fuerte y avasalladora; comenzó a acompañarlo a todos sus partidos, incluso los que se efectuaban fuera de Chile, brindándole su incondicional apoyo.

La rubia chica viajó con él por el mundo, desde Praga hasta Miami, sin estar casados, cuestión que generó algunos comentarios. Sin inmutarse, la “Pata” jugó su rol de compañera y antes de cada partido le hacía la señal de la cruz en la frente y le daba un apasionado beso.

Su presencia en la vida del tenista se hizo evidente y su protagonismo y figuración molestó a algunos del círculo cercano. Sin ningún conflicto, Patricia ventiló la relación en diversas revistas, participó de varios programas televisivos donde habló del romance y se declaró un sinnúmero de veces enamorada.

Comentado fue el breve diálogo que sostuvo con la primera señora del tenista André Agassi durante el abierto de Key Biscayne de 1998, en el cual Marcelo Ríos se coronó “top one”. La personalidad de la joven chilena quedó en evidencia cuando se acercó a la actriz Brooke Shields y le comentó “lo simpático” que era que sus parejas se enfrentaran.

Pese a las críticas que se hicieron durante los casi dos años que duró la relación, Marcelo no hizo mayores comentarios públicos. En ese tiempo se deslizó que sus padres sí estaban preocupados por la marcha del pololeo y la probabilidad de que ella quedara embarazada. Lo anterior no tenía como origen un juicio moral y social, si no que un interés porque ningún evento ajeno a la carrera del tenista le pusiera una cortapisa para desarrollarse profesionalmente.

El mutismo practicado por el “Chino” tuvo, después, una clara explicación. Cuando se acercaba el final del pololeo con Patricia Larraín, Ríos ya mantenía una “amistosa” relación oculta con una joven costarricense llamada Giuliana Sotela.

De hecho, el día en que el tenista chileno se encumbró en el número uno del ranking mundial, tanto Patricia como Giuliana se encontraban en las tribunas. Al término del cotejo, la ex Mis 17 celebró la victoria y lo besó efusivamente, enfureciendo a la nueva conquista del “Chino” que suponía esa relación terminada.

El rompimiento oficial se conoció en abril de 1998 y al poco tiempo, se hizo pública su vinculación amorosa con la joven Sotela, una aspirante a tenista que conoció mientras entrenaba en el rancho de Nick Bolletieri, en Miami.

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