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El caso holandés
Para muchos, Holanda tiene fama de ser el paraíso de las
drogas, lo cual está lejos de ser realidad.

Sin embargo existen diferencias claras en la legislación holandesa con respecto a la de la mayoría de otros países del mundo, incluyendo, por supuesto, la chilena.

Según consta en el apartado de “Asuntos éticos” de la sección Comunicacion e Informacion del sitio web de la embajada holandesa en nuestro país, una de las principales características de la legislación de esta nación es el concepto de reducción de los daños (‘harm reduction)’ o, lo que es lo mismo, la prevención del consumo de drogas y la reducción de los riesgos y los daños que lleva aparejada la droga, tanto para la persona que consumen drogas como para su entorno.

En la política y legislación holandesas (Ley holandesa de Estupefacientes) se hace una distinción entre drogas duras (o Categoría I), como son las sustancias que conllevan un riesgo inaceptable para la salud, como éxtasis, cocaína, heroína, etc. y drogas blandas (o Categoría II): cannabis (marihuana y hachís).

En virtud de esta distinción, la tenencia de cannabis para consumo propio (hasta 30 gramos) no se considera delito sino falta. El objetivo de la política sobre drogas es, entre otras cosas, lograr una separación de los mercados de las drogas duras y el cannabis (que se vende en coffeeshops sometidos al cumplimiento de condiciones muy estrictas).

Según la ley holandesa, la venta de cannabis en los coffeeshops (máximo 5 gramos por persona al día) constituye legalmente una falta, pero no se persigue si se cumplen condiciones muy estrictas. El objetivo de esta política es evitar que los consumidores de cannabis queden marginados o que entren en contacto con circuitos en los que se consumen otras drogas más peligrosas.

La idea es que un consumidor de cannabis que compra el producto a un traficante ilegal, tiene más posibilidades de entrar en contacto con otras drogas. Al separar el comercio de drogas duras y de cannabis, puede protegerse a los consumidores de cannabis de otras formas de consumo de drogas mucho más dañinas desde el punto de vista sanitario.

La otra cara de la moneda es la persecución estricta de la posesión y la venta de drogas duras.