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La política holandesa está orientada a la prevención del
consumo de drogas y a la reducción de los riesgos
individuales y generales que llevan aparejados las drogas.

En este marco, se ofrece ayuda a los adictos a las drogas en la desintoxicación y en la mejora de su situación física, psíquica y social. Dado que los consumidores de drogas no tienen por qué temer una persecución criminal ni antecedentes penales exclusivamente por el consumo de drogas
(quedando así estigmatizados), les resulta más fácil hacer uso de esta ayuda.

En los tratados internacionales no se menciona el consumo de drogas como un hecho punible. En otros países de la Unión Europea (UE), como por ejemplo Alemania, Italia y Dinamarca, o en países como Canadá y Suiza, tampoco se penaliza el consumo de drogas.

El consumo de drogas en Holanda no suele ser, por lo demás, un fenómeno generalmente aceptado. Es desalentado, entre otras cosas, por la información que se da en las escuelas y mediante campañas acerca de los riesgos de las sustancias que crean dependencia (incluidos el alcohol y la nicotina).

Según consta en este documento oficial de la República holandesa, sólo un pequeño porcentaje de consumidores de cannabis pasa a consumir drogas duras.

Según el prestigioso Instituto de Medicina de los Estados Unidos, no existe ninguna prueba concluyente de que el cannabis, en sí mismo, por sus propiedades farmacéuticas, sirva como escalón para acceder a drogas duras. El número de adictos a opiáceos (como heroína,
morfina y metadona) en Holanda es invariablemente bajo y es muy inferior al número de consumidores de cannabis. Asimismo, Holanda tiene dentro de la Unión Europea un bajo porcentaje de usuarios problemáticos de drogas duras.