
Charles
Baudelaire: Quizás el más
célebre autor francés de todos los tiempos.
Poeta maldito por antonomasia. Durante su corta vida reconoció
abiertamente su gusto por el hachis y el vino (entre otras
sustancias alucinógenas), al punto de que creó
junto a otros indómitos de la época como Rimbaud,
el “Club del hachis”.
Algunas de sus experiencias con este alucinógeno derivado
de la marihuana, quedaron plasmadas en las páginas
de su libro “Paraísos artificiales”, donde
es posible leer: “(...) La segunda fase se anuncia con
una sensación de frescor en las extremidades, y con
una gran debilidad; uno siente, como se dice vulgarmente,
que tiene las manos de trapo, la cabeza pesada y una estupefacción
general en todo el ser. Los ojos se agrandan, se sienten como
tironeados en todos sentidos por un éxtasis implacable.
La cara se llena de palidez, se vuelve marmórea y verdosa.
Los labios se retraen, se recogen y parecen querer meterse
para adentro. Roncos y profundos suspiros se exhalan del pecho,
como si nuestra, naturaleza anterior no pudiera soportar el
peso de esta nueva naturaleza. Los sentidos adquieren una
finura y una agudeza extraordinarias. Los ojos penetran el
infinito. El oído percibe los sonidos más imperceptibles
en medio de los ruidos más violentos.
Y las alucinaciones comienzan. Los objetos exteriores adquieren
apariencias monstruosas. Se nos revelan bajo formas desconocidas
hasta entonces, luego se deforman, se transforman, y finalmente
entran en nuestro ser o bien nosotros entramos en ellos. Los
equívocos más singulares, las trasposiciones
de ideas más inexplicables, se producen y se desarrollan.
Los sonidos adquieren color, los colores adquieren música.
Las notas musicales son números, y vosotros resolvéis
con espantable rapidez prodigiosos cálculos aritméticos
a medida que la música penetra vuestro oído.
Estas sentado y fumas; pero crees estar sentado en tu pipa
y que es tu pipa la que te fuma; y es tu propio ser el que
se desvanece bajo la forma de nubes azuladas.
Te encuentras allí muy bien, salvo que te preocupa
y te inquieta una cosa: ¿Cómo haces para salir
de la pipa? Esta fantasía dura una eternidad. Un intervalo
de lucidez nos permite con gran esfuerzo mirar el reloj. La
eternidad ha durado un minuto(…)”.
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