
Hay que aportar a todos aquellos que ya sea van a trabajar
de manera directa, a las familias, un saber un conocimiento
que resulte, por un lado en términos empíricos,
lo más objetivo posible y por otro lado en términos
teóricos, lo más útil a su cometido siempre
desde la perspectiva de los derechos individuales y de los
intereses sociales y de las necesidades de las personas. Yo
creo que ahí tenemos grandes cambios que hacer y lamentablemente
la ley vigente da cuenta de una suerte de presencia y permanencia
de estas propuestas legislativas desde valoraciones morales.
¿Crees que están dadas las condiciones
en Chile para que se empiecen a producir estos cambios?
Yo creo que el país hoy día necesita determinar
cómo nosotros vamos a acompañar a nuestros jóvenes
en particular en su relación con el alcohol. Lo que
más mata adolescentes en el mundo es el alcohol con
los autos. Hoy día sabemos que todas las leyes prohibicionistas
con todos los cierres de botillerías o lo que tú
quieras, lo único que hacen es generar mucho más
dificultad. Tenemos que entender que eso forma parte de la
sociedad de riesgo que hemos construido. Necesariamente es
una realidad a la que nosotros nos tenemos que acercar para
acompañar a los jóvenes desde esa determinada
realidad, a generar respuestas que sean preventivas y reductoras
de posibles riesgos y daños. Y yo creo que vamos a
avanzar, es inevitable. Fíjate las diferencias en las
estadísticas de lo que ha pasado con la modalidad norteamericana
– yo he tenido la oportunidad de estudiar tanto en Estados
Unidos, en Washington, como en Europa, en Barcelona - y el
modelo europeo, versus el modelo norteamericano, da cuenta
de una manera de enfrentar y de relacionarse con estos temas
que son significativamente distintos. El europeo es mucho
más salubrista y humanista con menos penalización,
menos cárcel, menos criminalidad, menos violencia,
menos trastornos, menos conflictos y el estadounidense tiene
una mirada de la guerra contra las drogas, con esta militancia.
Entonces este debate: represión versus tolerancia,
que es de trascendencia social fundamental, sin duda aún
permanece abierta, y que exige reflexión y exige una
evolución que va a depender de las representaciones
sociales sobre el tema de la droga. Yo creo que los medios
de comunicación en ese sentido tienen una responsabilidad
extraordinaria y estas valoraciones y estas construcciones
sociales deben estar construidas más sobre ciencia
que sobre emoción.
Octavio Paz, por ejemplo, describió lúcidamente
esta situación. Él dijo: “El alcoholismo
es una infracción a las reglas sociales, mientras que
el consumo de drogas es una disidencia”. Yo creo que
tenemos que empezar a mirarlo desde esa perspectiva y cuestionarnos
por qué el consumo de algunas sustancias son infracciones
y en otras definitivamente una disidencia de un proyecto ético
social, cuyas respuestas surgen básicamente del dominio
de lo penal y del castigo.
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