
Canabis sativa, marihuana, hierba, bangah, mota, ganjah,
cogollos, o como sea con el nombre que se le conozca
a esta planta y sus derivados, es un subproducto del cáñamo,
planta con la que se confeccionan, entre muchas otras cosas,
la suela de esas alpargatas de lona que alguna vez estuvieron
tan de moda en los
ochenta, pero que ahora no son más que otra prueba
del mal gusto que caracterizó a la moda de esa época.
Sonaría bien decir que la primera noción que
se tiene de la marihuana se pierde en la memoria de los tiempos,
pero la verdad es que no es tan así, porque ya en el
2800 antes de Cristo, el emperador chino Shen Nung (un obseso
por la botánica y el conocimiento), probó y
clasificó la planta y sus frutos junto con otras 360
y tantas hierbas y especias, en lo que constituye el primer
gran compendio de farmacopea china: el Pen-tsao.
En ese documento, Shen Nung (a quien también se le
atribuye el descubrimiento del té, y también
el primer gráfico sobre acupuntura de la historia,
entre muchos aportes a la civilización), recomienda
las infusiones o cataplasmas de cáñamo para
combatir la malaria, los dolores reumáticos y los “desórdenes
femeninos”.
Según
consta en el libro “Las drogas. De los orígenes
a la prohibición” (Editorial Alianza, Madrid,
1994), del filósofo español Antonio Escohotado,
en el tratado de Shen Nung se asevera también que “el
cáñamo tomado en exceso hace ver monstruos,
pero si se usa largo tiempo puede comunicar con los espíritus
y aligerar el cuerpo”.
Si bien el cañamo (o Cannabis) es una planta originaria
de las planicies del Asia central, gracias a su gran adaptabilidad
y en gran medida gracias a la mano del hombre, su uso se extendió
rápidamente y hoy en día se puede encontrar
(ya sea en cultivos al aire libre o en interiores) prácticamente
en cualquier lugar del mundo.
Según el propio Escohotado, es posible encontrar referencias
al uso de cáñamo también en la India,
donde la leyenda del Atharva Veda, dice que la planta de cáñamo
habría brotado tras una lluvia de ambrosía (Manjar
o alimento de los dioses. Cosa deleitosa al espíritu).
Según la tradición brahmánica, el consumo
de cáñamo “agiliza la mente y otorga larga
vida y deseos sexuales potenciados”.
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