Ir al inicio
 

- Paz Ciudadana
- Conace
- Corporación Esperanza
- Instituto para el estudio de las adicciones

- Instituto Nacional sobre el abuso de drogas
- Comisión Interamericana para el control del abuso de drogas
- Instituto Nacional para el abuso de drogas (EE.UU)
- Observatorio de drogas de la comunidad europea
- Comisión Interamericana para el control del abuso de drogas
- Centro para la Investigación en Abuso de Sustancias
- La biblioteca antiprohibicionista
- High Times
- Over Grow
- Revista Cáñamo (edición chilena)
- Amigos del Cannabis
- Cannabis Cultura


Escohotado afirma también
que las principales ramas
del budismo celebraron las
virtudes del cáñamo para la meditación y en tratamientos para la oftalmia, fiebre, insomnio, tos seca y disentería.

De hecho, fue el propio Buda quien en el año 800, habría prohibido el consumo de alcohol entre sus súbditos, pero no así el de la cannabis.

En su libro, Antonio Escohotado explica que la primera referencia mesopotámica al cáñamo se produce en el siglo IX antes de Cristo, en tiempos de los asirios, quienes habrían utilizado la planta como incienso ceremonial (para enfrentar el viaje a la muerte), encerrándose en tiendas que sellaban, para luego arrojar cierta cantidad de la planta (o alguno de sus derivados) sobre piedras al rojo.

Igualmente es posible encontrar mención a esta hierba en la Europa occidental, en el siglo VII antes de Cristo, atribuyendo a los celtas la exportación de la planta a todo el Mediterráneo. Algunas pipas y otros elementos, dejarían constancia de su empleo en esa época.

Los griegos usaron también el cáñamo con fines rituales y lúdicos, en ocasiones como sahumerio y otras como incienso ceremonial. Para los romanos la hierba tampoco les resultó indiferente, al punto de que la Lex Cornelia, único precepto que se ocupaba del tema, y que se mantuvo vigente hasta la decadencia del Imperio, especifica que: “Droga es una palabra indiferente, donde cabe tanto lo que sirve para matar, como lo que sirve para curar, y los filtros de amor, pero esta ley sólo reprueba lo usado para matar a alguien”.

En tiempos de los césares, era frecuente el consumo de flores de cáñamo hembra (más conocidos como cogollos) para “incitar a la hilaridad y el disfrute”.

Igual utilidad le daban los árabes en el siglo XI, quienes la llamaban bangah, aunque de todas formas la recomendaban como medicina para el tratamiento de “casos graves de melancolía y epilepsia”. En determinadas ocasiones la mezclaban con bebidas alcohólicas, las cuales aparecen mencionadas incluso en “Las Mil y Una Noches”, como “vino especial”.

Según Escohotado, al menos hasta mediados del siglo XIII, la posición con que se enfrentaba el tema, según Al-Ukbari (un erudito de la época), era: “Has de saber que la ley islámica no prohíbe el consumo de fármacos cordiales, con efectos como los del haschich. Y puesto que no hay noticia alguna sobre su ilicitud, el pueblo considera que está permitido usarla, y la usa”.