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Habría sido a partir de Las Cruzadas que el cáñamo comenzó
su migración a occidente. Muchos de los cristianos que
participaron en ellas, volvieron gratamente sorprendidos
ante los buenos resultados que ofrecía la medicina del pueblo palestino, la cual poseía un recetario generoso en drogas psicoactivas en las que, como ya fue mencionado, la cannabis ocupaba un lugar importante.

Con el paso de los siglos el uso del cáñamo y sus derivados (especialmente el hachis), comienza a establecerse en Europa, pero ya no sólo por químicos, farmacéuticos y médicos, entre quienes empieza a decaer su uso. Según Escohotado “el prestigio del fármaco no llega a establecerse en medida remotamente parecida a la de otras drogas. Parece un sustancia tosca, cuyo principio activo sigue sin descubrirse, propia de medicinas primitivas, aunque algunos facultativos recomiendan aún laúdanos de hachis como analgésico, hipnótico y antiespasmódico”.
Otra posición es la que comienza a ocupar el cáñamo entre filósofos, pensadores y escritores, quienes la utilizan con fruición. El propio Nietzsche reconoce su uso y afirma que la hierba le permite “acercarse a la prodigiosa velocidad de los procesos mentales”.

La polémica hierbita y sus diversos usos tampoco deja indiferente a la sociedad de principios del siglo pasado. Esto lo confirman los siete volúmenes que publicó el gobierno inglés en 1894 en un informe titulado “Indian Hemp Drugs Commission”, el cual concluye lo siguiente:

“Considerando el tema de una forma general, cabe añadir que en la India el uso moderado de hachis y marihuana es la regla y que el uso excesivo resulta excepcional. El uso moderado no produce prácticamente ningún efecto nocivo, y el trastorno que produce un uso excesivo se limita casi exclusivamente al mismo consumidor: el daño sobre la sociedad es raras veces apreciable”.

Los albores de la prohibición
Así las cosas, de una u otra manera, la marihuana era aceptada por buena parte de la sociedad. Quizás en algunos sectores podía ser mal visto su consumo, pero hasta esa época su consumo no estaba penalizado por la ley.
La situación empezaría a cambiar radicalmente a partir del primer cuarto del siglo pasado.

Según consta en un artículo del periodista español Jordi Cebrian, publicado en la primera edición de la versión chilena de la revista “Cáñamo” (“Marihuana: Los orígenes de la prohibición”.) el origen de las normas restrictivas contra la cannabis fue impulsada por sectores ultraconservadores estadounidenses, los cuales esgrimieron argumentos económicos y morales, pero no motivos sanitarios o sociales para conseguir la penalización del consumo de marihuana.